Ignacio Morgado durante la entrevista
Ignacio Morgado durante la entrevista - Oscar del Pozo
Neurociencia

«El mundo es una ilusión creada por el cerebro»

El catedrático de Psicobiología Ignacio Morgado sostiene que ilusiones «prácticas» como el tacto nos ayudan a sobrevivir

Actualizado:

Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona, acaba de publicar su último libro, “La fábrica de las ilusiones”, editado por Ariel. En él asegura que “la manera que tiene el cerebro humano de entender y manejar el mundo consiste en crear ilusiones”, pero unas ilusiones que nos ayudan a sobrevivir. En 275 páginas, Morgado da un repaso a “muchas de las preguntas que la gente corriente se hace sobre el cerebro, la mente y el comportamiento”.

-La primera pregunta ante tanta violencia en estos tiempos que corren es obligada. ¿Estamos programados para la violencia?

-Todos los seres vivos tienen un componente genético de violencia asociado con la supervivencia, la búsqueda de comida, placer, sexo, evitar peligros. Los seres inferiores a nosotros ejercen la agresividad, que no la violencia, con un objetivo determinado. Donde la violencia aparece sin causa justificada ni objetivo es en los seres humanos. Y ahí está la distinción entre agresión y violencia. Aunque no es muy claro el límite, pensamos en agresión cuando hablamos de conductas justificadas en animales inferiores, empleadas para la supervivencia. Pero la violencia se aplica al hablar de primates superiores, y en especial humanos, porque no tiene una justificación. Y nos planteamos cuál es su causa. Normalmente el violento tiene una mente alterada, que funciona de forma diferente, sin empatía y con un gran deseo de agredir. Y eso se debe a que hay fallos cerebrales. La mente depende del funcionamiento del cerebro y cuando la química cerebral falla, pueden alterarse los circuitos establecidos para la agresión y la violencia.

-Si eso es así, esas conductas violentas podrían justificarse en un juicio... ¿Un mal funcionamiento cerebral podría considerarse un eximente?

-Entramos en un terreno peligroso. Los neurocientíficos tenemos que explicar cómo funciona el cerebro. Cómo aplicar las leyes a ese funcionamiento no es competencia exclusiva nuestra. Es la sociedad la que ha de decidir qué hacer en esas situaciones. Sabemos que hay personas con gran propensión a la pederastia, por ejemplo. Pero hasta qué punto podemos exculpar a los pederastas porque su cerebro les induce a ello. Los científicos no podemos dar respuesta a eso. Lo que sí podemos decir es que esas personas, cuando salgan de la cárcel, tienen una probabilidad muy alta de reincidir. ¿Debemos dejarlos en la cárcel toda la vida? La ciencia no va a dar la respuesta a eso, porque es una decisión que tiene que tomar la sociedad.

-¿Y en el cerebro de las personas violentas qué falla?

-Suelen tener alteraciones funcionales, en la mayoría de los casos, o estructurales, como un tumor, en el cerebro, aunque esto último no es lo más frecuente. En las alteraciones funcionales, las neuronas están bien conectadas pero no funcionan adecuadamente. Eso puede ocurrir por falta de algunas sustancias químicas, como la serotonina, un neurotransmisor muy relacionado con la agresividad. La mayoría de las personas que han tenido un comportamiento agresivo reiterado, al hacerles algún análisis de sangre o de orina, aparece que esa sustancia está baja, tienen menos de lo normal. Y las hormonas sexuales masculinas influyen en los niveles de la serotonina. Ya en el embrión la testosterona evita que la serotonina, que nos mantiene pacíficos y relajados, funcione al 100%. Y esa es la razón por la que los machos de todas las especies, incluida la humana, somos más violentos. Aunque en nuestra especie, la educación puede modular esos impulsos violentos inadecuados.

-Y en los celos, que pueden desembocar en violencia, ¿se altera la serotonina?

-Habrá casos en los que sí. Hay una situación contrastada científicamente en la que sí está alterada. En el enamoramiento pasional de los jóvenes, el de te querré toda la vida y no podré pensar en nadie más que en tí. Tiene disminuida la serotonina, y por tanto un desequilibrio en muchas zonas del cerebro, entre ellas la corteza prefrontal, la del sentido común. Y eso ha llevado al dicho popular, “el amor es ciego”. Incluso algún adulto puede tener este tipo de amor. Pero en la etapa adulta el amor suele ser más relajado, más placentero, a diferencia del estado obsesivo de la adolescencia. En los adultos se segregan encefalinas y endorfinas, semejantes a drogas, y por tanto crean adicción y es lo que hace que tras una larga convivencia, la pérdida de la pareja provoque una especie de “mono” de esas sustancias.

-Hay quien sostiene que el 80% de lo que somos está determinado antes de nacer, está en los genes, ¿está de acuerdo?

-Lo cuestionable de esa afirmación es el porcentaje exacto, pero estoy de acuerdo con esa idea, y una prueba de ello es que es mucho más aquello en lo que nos parecemos todos los seres humanos que en lo que nos diferenciamos. Tenemos el mismo tipo de comportamiento, somos seres racionales, emocionales e instintivos. Instinto, emoción y razón están presentes en todos conjugándose de forma bastante armoniosa. No podríamos ser tan iguales si no estuviéramos predeterminados para serlo.

-¿Y en los aspectos cognitivos o intelectuales tampoco hay grandes diferencias?

-Es donde más diferencias existen, por supuesto. Básicamente la mente humana tiene unos principios de funcionamiento generales idénticos en todos nosotros, pero empieza a interactuar con el entorno y el ambiente desde el momento inicial de la fecundación. En el seno materno, ya estamos interactuando con el entorno. Vivir la gestación en periodo de estrés puede afectar mucho al feto y puede manifestarse después en la vida adulta. Y luego se añade la educación recibida. Todo lo que somos es una interacción entre lo genético y lo adquirido.

-Siempre consideramos que los primeros años de vida son fundamentales, ¿pero también influye lo que ocurre antes de nacer?

-Antes de nacer hay una gran predeterminación genética que está empezando a funcionar. A los tres meses de gestación el cerebro humano ya tiene la forma básica. Después se sigue desarrollando incluso hasta el final de la adolescencia. En la adolescencia hay un proceso de transformación impresionante...

-Incluso continúa pasada la adolescencia...

-El cerebro cambia durante toda la vida, incluso en la vejez, en este caso perdiendo conexiones neuronales. Nuestro cerebro nunca es igual de un día para otro. Pero la organización básica tiene lugar en periodos de gestación y en la pubertad, donde se producen una serie de cambios hormonales que transforman cerebro y mente. Después de la adolescencia el cerebro es más estable y se limita a modificarse en función de la experiencia, que cambia las conexiones entre las neuronas que generan memorias o borra otras antiguas. Y eso hace que tengamos nuevas percepciones y sentimientos.

-En la adolescencia surgen patologías como la esquizofrenia, ¿es una época especialmente vulnerable?

-Quizá por una razón, porque la parte prefrontal, la más desarrollada del cerebro humano, no está bien conformada hasta los veinte años o más. Y eso reduce la capacidad del adolescente para predecir el futuro y con ello las consecuencias y peligros de sus actos. Y en ese sentido está más expuesto a posibles daños.

-¿En el cerebro adolescente manda el sistema de recompensa, el que busca gratificaciones inmediatas?

-Sí, está más desarrollado el cerebro emocional y de recompensa que el racional, el de la neocorteza, la parte que es más prominente en el individuo adulto. Desgraciadamente para el adolescente, y sus padres, la última parte del cerebro que madura es esa, la anterior, el polo frontal, la de la previsión del futuro, la planificación, el sentido común.

-Habla de emoción y razón. ¿Las emociones son importantes en la toma de decisiones?

-Somos seres emocionales y racionales. Y solamente si uno tiene una enfermedad cerebral prescinde de una de esas dos facetas. La razón te permite conocer las opciones, y después hay que decidir y entra la emoción. Y te planteas cómo te sentirías si optas por una u otra alternativa. En definitiva anticipas emociones, porque el cerebro humano tiene esa gran cualidad.

-¿Esa es una cualidad únicamente humana?

-No puedo responder a la pregunta de si el cerebro de los animales inferiores también es capaz de adelantar emociones. No hay pruebas científicas de ello, pero puede que sí ocurra en cierta medida en los primates superiores: chimpanchés, bonobos, gorilas, orangutanes, nuestros primos hermanos. No tenemos que imaginar nuestras diferencias en capacidades mentales con otros seres vivos como todo o nada, lo tienen o no. La evolución del cerebro ha sido muy progresiva, es probable que de la misma forma que el lenguaje no apareció de golpe, estas capacidades emocionales tengan unos elementos primarios más simples, que se han perfeccionado con la evolución hasta lo que son en nuestra especie.

-Nos guiamos también por “corazonadas” en muchas ocasiones...

-Lo de las corazonadas es discutible, para empezar no es un término científico y la ciencia no lo define.

-Digamos intuiciones, entonces.

-Eso es otra cosa, está muy relacionado con la corazonada. La intuición es una especie de pensamiento sobrevenido, no buscado ni pretendido. Pero si uno lo piensa, no es tan sobrevenido, sino que viene después de darle vueltas a algo durante varios días. La ciencia de los últimos años muestra que una de las cosas que hace el sueño es precisamente reestructurar la información que recibimos durante el día. Reorganizarla o incluso encontrar reglas ocultas.

-Entonces la creencia popular de consultar con la almohada es correcta...

-Sí. Durante la vigilia, cuando estamos despiertos, no podemos analizar mucha información a la vez, porque nuestra capacidad es limitada. Pero el sueño de forma automática repasa información y recluta los elementos regulares. Una de las maravillas del sueño consiste precisamente en encontrar esas reglas.

-Incluso algunos estudios sugieren que durante el sueño podemos forzar el aprendizaje.

-Sí, pero de forma muy limitada.

-De momento, la ciencia infusa no es posible...

-No, porque el aprendizaje es un ingreso de estímulos para ser asociados. Y durante el sueño llegan muy pocos estímulos, porque hay un cierre al mundo exterior. Sólo se salvan los que entran por algunos sentidos, como el olfato. En esta línea, como explico en el libro, algunos tratamientos para dejar de fumar funcionan durante el sueño pero no durante la vigilia. Estos tratamientos consisten en asociar en la mente del fumador algunos olores desagradables con el tabaco durante el sueño. Y, después, durante el día, fuma menos. Pero esa misma asociación no funciona si se hace durante el día.

-Dice que el sueño está muy relacionado con la creatividad...

-Gran parte de la creatividad e intuición viene del sueño. Como el caso de Mendeleiev y su tabla periódica. El científico llevaba muchos días dando vueltas a cómo ordenar los elementos y lo vio en el sueño. Pero llevaba años con el tema en la cabeza y el cerebro seguía procesándolo mientras dormía. Pero no me gusta que esto dé pie a pensar que es algo mágico. Es pura ciencia, aunque no podamos explicarlo.

-¿Los sueños tienen un significado?

-Ese es otro tema, porque yo estoy hablando de dormir y no de soñar.

-Kekulé soñó con la estructura del benceno, la vio durante el sueño, ¿no es parecido a lo que comentaba?

-El tema de los sueños, salvo Freud que lo trató de forma extracientífica, cuesta mucho explicarlo. Ocurren porque el cerebro está funcionando con la corteza prefrontal, el director de orquesta del cerebro, desactivada. Y es como si la orquesta tocara sin director ni partitura.

-¿Hacia dónde evolucionará nuestro cerebro, tendremos capacidades nuevas?

-Hasta hace poco el destino del hombre estaba fuera de sus propias manos, dependía mucho del entorno. Pero con el conocimiento científico actual, nuestro destino está más en nuestras manos. Y lo que seamos en el futuro dependerá mucho más de lo que nos propongamos. Y de los sentidos que usemos. El cambio más importante en la evolución fue el momento en que dejamos de depender del medio en que vivimos y pasamos a depender más de nosotros mismos. Y eso es por el desarrollo tecnológico que hemos adquirido.

-¿Qué pierde nuestro cerebro con los años?

-Las conexiones entre neuronas, el hipocampo se encoge. Las neuronas son como árboles, y con la edad empiezan a perder ramas, el lugar donde se forman las conexiones. Tenemos 80.000 millones de neuronas en el cerebro, una cifra actualizada gracias a técnicas más precisas, que reduce en 20.000 millones las estimaciones anteriores.

-¿Se puede hacer algo para evitarlo?

-Si, pero que nadie crea que va a conservar las conexiones de cuando tenías treinta años. La gente acepta el envejecimiento del cuerpo, pero no el de la mente. Es un proceso natural. Y lo único que podemos hacer son actividades para que el envejecimiento se retrase, pero no evitarlo. Hay un fondo de armario fundamental para la mente, que consiste en hacer deporte, porque se produce un factor neuroprotector que mantiene las conexiones entre las neuronas, hace que nazcan nuevas neuronas cada día y aumenta la vascularización, que lleva el oxigeno y el alimento a las neuronas. Y con eso garantizas que el deterioro sea menor. En segundo lugar, hay que cuidar las horas de sueño, que tiene ventajas para la memoria y el aumento de la neurogénesis. Y en tercer lugar, evitar las grasas trans en la alimentación, porque reducen la sensibilidad de las moléculas que tienen que conectar las neuronas para aprender y formar memorias.

-Con todo lo que sabe del cerebro, ¿qué es lo que más le sorprende?

-Este libro lo refleja, que nada de lo que hay aquí está realmente fuera, todo son ilusiones que crea nuestro cerebro.

-O sea, que el cerebro inventa el mundo...

-Exacto. No se podría resumir mejor

-Eso ya lo decía Calderón: “¿Qué es la vida? Una ilusión...”

-Efectivamente. Pero mi aportación particular es que se trata de una ilusión práctica, que funciona, que me sirve para adaptarme al mundo. Incluso el amor es una ilusión. Se debe a moléculas de nuestro cerebro que crean ilusiones.

-¿Por eso su libro se titula “La fábrica de las ilusiones”?

-Sí, llamo ilusión a todo lo que hay en la mente y no tiene un correlato con la realidad. Por ejemplo, el tacto es una ilusión muy práctica. Lo notamos en la mano y nos permite alargarla para coger objetos. Sin embargo es el cerebro el que siente. Lo sabemos porque hay personas que con un brazo amputado siguen notando el tacto en la mano que ya no tienen. No sabemos cómo hace el cerebro para que tengamos la ilusión de sentir el tacto en cualquier zona de nuestro cuerpo. Esa es una de las muchas ilusiones que produce el cerebro. Por eso explico que las ilusiones del cerebro son prácticas, que funcionan y nos permiten sobrevivir, conseguir propósitos. Casi todo el cerebro funciona a partir de “ilusiones prácticas”.