Los «orgullosos y temerarios» republicanos españoles que liberaron París

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«No hay que obedecer órdenes idiotas. Dronne, tome a sus hombres de la novena y entre en París. Diga a los parisinos que toda nuestra división estará con ellos mañana». Esta comunicación del general Leclerc al responsable de la 9ª Compañía de su división blindada, el capitán Raymond Dronne, se produjo tan solo un día antes la liberaración la capital francesa de la ocupación nazi.

«La novena», como se conocía en el argot de la época a esta compañía integrada por refugiados republicanos salidos de España tras la Guerra Civil, se creó para dar mayor eficacia operativa a la 2ª División de Leclerc. Algunos de aquellos héroes españoles de la Segunda Guerra Mundial fueron honrados en 2010 con la medalla Vermeil de París, la mayor distinción de la ciudad. «Estos españoles son los héroes olvidados de la victoria de los aliados contra la barbarie nazi», afirmó el Ayuntamiento de París en un comunicado.

El 24 de agosto de 1944, estos excombatientes españoles entraron en el París ocupado por los alemanes. «Eran hombres muy valientes -explicaba el capitán Dronne en sus Memorias, en homenaje a los españoles de la «Nueve»–. Difíciles de mandar, orgullosos, temerarios. Con una experiencia inmediata de la guerra. Muchos de ellos atravesaban una crisis moral grave, como consecuencia de la guerra civil española».

La tarea de «combatir»

El capitán Raymond Dronne conocía perfectamente la historia de muchos de ellos. La mayoría habían sido rescatados de los campos de concentración de Saint-Ciprien o Argelés, a donde habían sido enviados por el Frente Popular. Eran perseguidos por los franquistas, desterrados de su país y, aún así, enrolados inmediatamente en la resistencia francesa para combatir en primera línea contra los invasores nazis.

Uno de aquellos excombatientes condecorados en París en 2010, Rafael Gómez, se mostraba sorprendido de la acogida de los franceses cuando entraron en París y acabaron con el yugo nazi: «No creí nunca que íbamos a estar tan bien recibidos por haber hecho nuestro deber. Mi tarea era combatir», explicaba a EFE.

Gómez iba al frente de un blindado bautizado como «Guernica», donde sus compañeros españoles portaban un banderín republicano bien visible en la solapa de sus uniformes. Eran un total de 150 republicanos los que formaban parte de «La nueve», aunque también había otros soldados de origen español en diversas compañías.

No fue todo tal fácil. La Francia de Vichy desconfiaba de estos izquierdistas del país vecino, pero decidió no deportarlos. A cambio, les obligó a elegir entre prestar trabajos forzados en la metrópoli, enrolarse en la Legión Extranjera Francesa o ser repatriados voluntariamente. Antes estas opciones, muchos españoles se decidieron a enrolarse en la legión extranjera, uniendose al movimiento de la Francia Libre de Charles De Gaulle, que era el nombre que recibía el Gobierno galo en el exilio tras la conquista de Hitler. Hacía tan solo un año que había acabado la Guerra Civil y era una ocasión perfecta para ellos para continuar luchando contra el fascismo.

2.000 españoles

Desde finales de 1942 hasta mayo de 1943, combatieron principalmente en Túnez contra los restos del Afrika Korps compuesto por tropas alemanas e italianas, lucharon en los desiertos arenosos y conquistaron la ciudad portuaria de Bizerta, su última actuación en Africa.

La División Leclerc blindada nace precisamente en mayo de 1943 en el Chad centroafricano, compuesta por 16.000 hombres, de los cuales 2.000 eran españoles. Pero fue la 9ª Compañía la que pasó a la historia como una de las más importantes de la Segunda Guerra Mundial.

«La nueve, es su historia y es también la que hizo la nuestra», aseguró el concejal de Relaciones Internacionales de Vermeil en 2010, quien quiso recordar a los «3.500 republicanos, artesanos, profesores, comerciantes, obligados a huir de España», que continuaron luchando en la Segunda Guerra Mundial del lado de los Aliados.

«Leclerc y su Segunda División estarán al frente de la liberación de París» le dijo De Gaulle a Eisenhower, por aquel entonces Comandante Supremo de las Tropas de los Aliados en el Frente Occidental, el 20 de agosto de 1944. Después de cuatro años de ocupación los parisinos «aguardaban con incontenible gozo la difícil hora de la liberación», recordaba ABC en el 50 aniversario de la histórica fecha. Hoy, tras recibir su medalla en Vermeil, Manuel Fernández recordó como él y sus compañeros «lamentaron todos» que la liberación no continuase más allá de los Pirineos.