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Dialogar con los hijos, misión posible

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Escuchar no es oir. Tome nota de la pautas para comunicarse con sus hijos

Día 17/08/2012 - 09.09h
Dialogar con los hijos, misión posible
El verano es un buen momento para iniciar un mayor acercamiento a sus hijos

Quizá el verano sea una de las mejores épocas para establecer conversaciones con nuestros hijos. Lejos de la rutina, de las prisas, el estrés... el diálogo puede ser más fluido. Pero hay que ser realistas, si no se ha trabajado la comunicación con los hijos —sobre todo si son adolescentes— durante el resto del año, no pretenda tener de la noche a la mañana largas conversaciones.

Lo primero a tener en cuenta es que para que haya un buen diálogo hay que saber escuchar. «Si se pretende conseguir una buena comunicación es muy importante ir con la sencillez de quién quiere ayudar, nunca imponer», apunta Victoria Cardona Romeu, educadora familiar y autora de libros como Un extraño en casa.

La autora señala que es necesario poner en práctica una serie de pautas para llegar a establecer un buen diálogo:

No interrumpir y tener paciencia. Esto vale para todas las edades, desde el hijo o hija que casi no sabe hablar, pero nos quiere pedir algo hasta el adolescente que nos quiere explicar un problema o una alegría y lo hace de una forma acalorada. Por ejemplo, nos están explicando una cosa y nosotros nos preocupamos más de la forma gramatical que están empleando que del contenido de lo que nos explica y de los sentimientos del hijo; mal haríamos sí corrigiéramos la gramática a media explicación porque quizás «cortaríamos» la espontaneidad.

—Cuidar el lenguaje no verbal. La mirada y el gesto ocupan un papel primordial. Mirar a los ojos de nuestro hijo y aprobar afirmativamente con el gesto para animar y demostrar que nos interesa lo que nos dice; con la mirada de los padres se puede demostrar interés y afecto y descubrir, en la de los hijos, todo su estado de ánimo. Mirada y gesto establecen la complicidad de la amistad y de la confianza mutua.

—Saber preguntar. Conviene hacer una pregunta de manera positiva para asegurarnos de que nos enteramos y entendemos lo que nos dicen; también sirve preguntar para captar el nivel que tienen de entendimiento del tema que sea y, por lo tanto, adelantar informaciones sobre sexualidad, diversiones, adicciones a juegos, «chats», Internet... aprovechando los momentos de ocio y tranquilidad para tener estas conversaciones y dar información y criterios a seguir.

—No mirar el reloj. Para los hijos es muy importante que demostremos un interés real por sus cosas; tenemos buenos momentos para comunicarnos sí los sabemos aprovechar aunque la experiencia nos diga, que el «momento» del hijo quizás no coincide con el nuestro, pero la atención a las personas de nuestra familia es siempre nuestra primera y amable responsabilidad.

—Vivir la discreción. Muchos hijos adolescentes se quejan de que los padres cuentan a los demás las cosas íntimas que les han confiado. Seguro que los padres no actuamos con mala intención al hacerlo, se puede hacer o para vanagloriarse o para quejarse pero se comprende que es un defecto que indica poca comprensión y respeto para los sentimientos de los hijos.

—Escuchar no es oír. Escuchar significa esforzarse para comprender lo que se nos dice sin interrupciones.

—Conviene saber callar para no invadir los espacios de intimidad de nuestro adolescente y darle tiempo a reflexionar.

—No ser pesados ni insistentes. Expresarse con palabras claras, precisas y concretas.

—Hemos de crear vivencias compartidas. Un diálogo nunca es un monólogo.

—En la mesa tenemos la oportunidad de poner en práctica muchos valores: apertura, respeto, espíritu de servicio, moderación o generosidad.

—Vivir en la misma casa no supone necesariamente un intercambio comunicativo real, y no es condición suficiente para construir una relación.

—Ingeniárselas para mantener una buena comunicación con nuestros hijos gracias a preguntas abiertas y afables.

—Buscar espacios agradables no sólo para comunicarse óptimamente con los hijos, sino también entre el matrimonio, con la intención de renovar el amor e ir de acuerdo en los objetivos educativos.

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