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La partición de Sudán desata la violencia en sus fronteras

El Sur cristiano se separa del Norte y se convierte en un nuevo país el próximo sábado

Día 07/07/2011
La partición de Sudán desata la violencia en sus fronteras
 

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El Gobierno de Sudán envió ayer al Estado de Kordofán del Sur un convoy militar de unos 1.000 soldados de infantería, piezas de artillería y varias aeronaves. En Kordofán del Sur y en Abyei, dos regiones petrolíferas sureñas, se han producido en las últimas semanas fuertes enfrentamientos entre el Ejército de Jartum y milicias rebeldes apoyadas por Sudán del Sur. Una explosión de violencia que amenaza la declaración de independencia, prevista para el 9 de julio.

Aunque, en el futuro nuevo país de Sudán del Sur —Abyei y Kordofán del Sur no se convertirán en independientes, ya que el plebiscito de ambos Estados permanece suspendido indefinidamente— el sonido de los fusiles queda apagado por los festivos fuegos de artificio. La celebración no es casual. En tan sólo dos días y tras más de dos décadas de guerra civil, Sudán del Sur —de extensión similar a Francia— se convertirá «de facto» en el Estado miembro número 193 de Naciones Unidas.

Sin embargo, el coste real de tan unánime proyecto —la declaración de independencia fue apoyada en referéndum por casi el 99% de la población— plantea serias dudas. Sobre todo, a la hora de señalar a los beneficiarios reales de la escisión. En la actualidad, el «interés sureño» del presidente de Sudán del Norte, Omar al Bashir, tan solo se encuentra focalizado en las fronterizas Abyei y Kordofán del Sur, cuyo futuro es incierto. Desde junio, al menos 150.000 personas han huido de ambas regiones tras incrementarse el asedio por parte del Gobierno norteño. De igual manera, Naciones Unidas ha denunciado la posibilidad de que se esté cometiendo allí «un genocidio» contra los miembros de la etnia Nuba, históricas víctimas de la virulencia del Norte contra los rebeldes del Sur.

El caso no es nuevo, en unos crímenes que recuerdan demasiado a los de Darfur de 2003. Ahmed Hussein Adam, portavoz de los rebeldes darfuríes del Movimiento Justicia e Igualdad, aseguró a ABC que «la independencia de Sudán del Sur tan solo es una cortina de humo del Gobierno de Jartum para ganarse el beneplácito regional, precisamente ahora que el cerco de Occidente se estrecha sobre el presidente Bashir».

Para Adam, mientras que los sursudaneses tendrán que reconstruir un país roto —en 2005 tenía sólo 20 kilómetros asfaltados de carreteras y un 90% de población analfabeta—, el presidente Bashir seguirá disfrutando de los beneficios del petróleo. Más aún después de que EE. UU. asegurara, el pasado mes de octubre, que eliminaría a Sudán de su lista de «países que fomentan el terrorismo» en caso de que la independencia se celebrase con total normalidad.

En esta partida, las cartas estaban marcadas desde el principio. A día de hoy, Sudán —Norte y Sur— es el tercer exportador de crudo del África subsahariana, con una producción cercana a los 480.000 barriles diarios. Sin embargo, pese que casi el 75% de las reservas se encuentran en territorio sursudanés, los acuerdos de paz de 2005 estipulan que ambas regiones se dividan los ingresos del petróleo a partes iguales. Y, precisamente, la mayor parte de estos yacimientos se encuentran en Abyei y Kordofán del Sur. Para paliar este expolio, el Gobierno sureño de Juba se ha embarcado en la construcción de tres refinerías y un oleoducto a través de Kenia que evite el territorio musulmán.

Aunque esto no implica el fin de la dependencia extranjera. A día de hoy, la empresa estatal China National Petroleum Corporation controla el 40% de los consorcios petrolíferos en Sudán. Sin embargo, para el Gobierno del Sur, tanto la compañía china como Jartum, ofrecerían «cifras falsas» sobre el montante final de las operaciones.

«Desde el comienzo de las extracciones, el Gobierno del Norte mintió sobre el petróleo existente en el país, por lo que ahora toca renegociar los términos del acuerdo», aseguró a este diario Deng Alor Kuol, ministro sursudanés de Cooperación Regional.No parece, pese a las amenazas del ministro, que nada vaya a cambiar. Porque acabados los fuegos de artificio, en Sudán del Sur volverá a escucharse la misma cantinela bélica de siempre. Eso sí, ahora desde la independencia.

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