En el hospital madrileño le han intervenido para reparar esta anomalía. Probablemente, la hemorragia se produjo por una malformación arteriovenosa que provocó la rotura de un vaso sanguíneo en una situación de mayor fragilidad, pero hay numerosas anomalías que podrían justificar lo que le ocurrió.
Lo que tienen en común es que ninguna de estas malformaciones dan la cara hasta que se produce el accidente cerebrovascular. «La mayoría se detectan de forma casual cuando el paciente se somete a una resonancia magnética por otra causa», señala Rafael Arroyo, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Quirón de Madrid. Con pruebas de imagen se pueden detectar, pero son tan poco frecuentes «que no está justificado hacerse una resonancia».
El ciclista Alberto Contador también fue operado de una malformación vascular en el cerebro, un cavernoma del que se recuperó sin problemas. Como Abascal, Contador no había tenido nunca la sospecha de que pudiera estar enfermo. Abascal también podría recuperarse sin secuelas, «aunque todo dependerá de la extensión de la hemorragia y de su localización», apunta Eduardo Martínez Vila, director de Neurología de la Clínica de la Universidad de Navarra. No es lo mismo que el daño se produzca en la zona del cerebro que se encarga del lenguaje que en una zona con menor funcionalidad.
El tiempo de reacción es clave en las oportunidades de recuperación. Hay seis señales de aviso y casi todas son tan llamativas que conducen al hospital: pérdida de consciencia, de fuerza y sensibilidad en medio cuerpo, dificultad para hablar y dolor de cabeza intenso. «Pero no cualquier dolor. La sensación es tan diferente a una jaqueca convencional que es fácil que los afectados acudan a un hospital», indica Martínez-Vila.





