Galicia

Galicia / la ciudad de la cultura

Un monte que se retuerce

La Ciudad de la Cultura ha dejado de ser un ambicioso proyecto para convertirse en una realidad que en su primer fin de semana abierta al pública fue visitada por más de 6.000 personas

Día 01/02/2011
Cuando Peter Eisenman (New Jersey, 1932) diseñó el proyecto de la Ciudad de la Cultura sabía que tenía entre manos su gran obra. Una construcción que, tras diez décadas de trabajos, comienza a llenarse de vida y también de sabiduría. Así, parece que el armazón de piedra y cristal que se erige en lo alto del Monte Gaiás ha dejado de ser un caparazón alejado del día a día de la Comunidad para convertirse en un centro de referencia que en su primer fin de semana abierto al público movilizó a más de 6.000 personas. Los que lo han visitado coinciden en que, tras recorrer los dos edificios recién inaugurados (Archivo y Biblioteca) y conocer de primera mano el proyecto del estadounidense, su valoración supera con creces la impresión inicial. Los prejuicios, como algunos comentan, se quedan en la puerta de acceso para dejar paso a la admiración.
Y es que el complejo del Gaiás es arquitectura en estado puro. Un alarde deconstruccionista cargado de simbolismo, curiosidades y secretos que el visitante descubre con asombro y sorpresa a través de las visitas guiadas que, dos veces al día, desvelan lo que se ve y lo que la obra oculta. Porque en la Ciudad de la Cultura todo encaja, aunque el resultado final imite la imperfección de la naturaleza en la que se enmarca. De este modo, Eisenman reproduce en los seis edificios que componen la urbe los movimientos de un animal escarbando la tierra porque, tal y como él mismo confiesa, su anhelo era construir un monte artificial, una montaña obra del hombre.
Esta filosofía creativa, basada en la arquitectura orgánica, evita las líneas rectas y retuerce edificios que llegan a los 54 metros de altura, caso del espacio de la Artes Escénicas cuya apertura está prevista para el mes de septiembre. La metrópoli, ubicada en la cara este del monte, abarca más de 180.000 metros cuadrados. En esta superficie se ubican los seis edificios que la componen y las calles que los conectan. En el exterior, claro, porque bajo los pies del visitante se oculta un entramado de calles y túneles por los que se moverán los camiones y vehículos que llenarán los fondos del museo. Es la huella de Eisenman, nada queda al azar y cada piedra, cada cable, ocupa su lugar. De ahí que el propio arquitecto se haya encargado no sólo del diseño de la estructura sino del de cada silla del recinto.
Sin embargo, el trabajo de los miles de personas –arquitectos, topógrafos, obreros, decoradores- que han pasado por el Gaiás, lejos de caer en el olvido, también ha sido homenajeado. Así, en la conocida como sala de los cristales un gran cubo de cristal recoge las grabaciones en las que estos profesionales trasladan al visitante su percepción de la obra. Estas cintas se guardan junto a las maquetas y a los centenares de dossieres que se usaron para dar forma a la obra.
La conexión medieval
Para llegar a comprender en su totalidad la filosofía con la que se creó este complejo es preciso remontarse a la Edad Media. En esta época histórica buscó Eisenman el referente que le sirvió para trazar las líneas fundamentales del complejo y que son una prolongación de las cinco calles (los five fingers de los que habla su autor) que forman el casco antiguo de la ciudad y que se cruzan en el Obradoiro. Siguiendo los accesos de la peregrinación a Compostela, el arquitecto gira 90º el diseño originario de estas calles y lo posiciona en lo alto del Gaiás, a dos kilómetros exactos de la Catedral. Debido a esta ubicación, la colina de la Ciudad de la Cultura se convierte en un mirador de excepción con vistas a las torres del templo. Pero los guiños a la capital gallega no acaban aquí. Las torres Hejduk, dos grandes elementos acristalados orientados en la zona este, dibujan –obviando los ornamentos barrocos- la estructura de la Catedral de Santiago. Su autor, John Hejduk, las imaginó como un espacio botánico que finalmente no llegó a realizarse. Su colega Peter Eisenman las recuperó como homenaje a su amigo, que falleció en el año 2000.
Además de recorrer los dos edificios abiertos al público y tras contemplar la grandeza de los exteriores, aquellos que se acerquen al Gaiás podrán consultar los fondos de la Biblioteca (que se encuentra en pleno proceso de abastecimiento) y, sobre todo, visitar las tres exposiciones que a día de hoy están activas: «Ex libris», que agrupa a una selección de 83 libros gallegos desde el medievo hasta la actualidad; «Galicia, ceo das artes», que busca rememorar figuras emblemáticas del panorama literario de la Comunidad y un conjunto de maquetas del propio autor.
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