La criatura, de 95 millones de años, tiene un aspecto aterrador parecido al de una extraña ave y unos extraordinarios seis metros de envergadura
Un impactante reptil gigante volador, desenterrado en Marruecos
Impresión artística del Alanqa saharica / Davide Bonadonna
Actualizado Jueves , 27-05-10 a las 20 : 11
Un equipo de investigadores irlandeses ha desenterrado en Marruecos los restos de un inquietante lagarto volador gigante, un pterosaurio de 95 millones de años desconocido hasta ahora y que puede ser el más antiguo jamás encontrado. El animal, bautizado como Alanqa saharicafrom («Al Anq» en árabe significa Fénix, la extraordinaria criatura mitológica que resurgía de sus cenizas) tenía una extraordinaria envergadura de seis metros y un aspecto aterrador. El descubrimiento aparece publicado en la revista científica PLoS ONE.
Encontrado en tres piezas separadas por paleontólogos de la University College de Dublín, Alanqa tenía un hueso de la mandíbula de casi 35 centímetros, lo que nos da idea del tamaño del animal. Los paleontólogos tuvieron la suerte de que cada pieza apareció bien conservada, sin aplastar. A diferencia de la mayoría de los fósiles de pterosaurios hallados hasta el momento, éste mantiene su original forma en tres dimensiones, lo que puede ayudar a conocer más sobre las características del reptil y su forma de vida.
Como el pico de una garza«Este pterosaurio se distingue de todos los demás por su mandíbula inferior en forma de lanza. No tenía dientes y parecía más bien el pico de una garza», explica Nizar Ibrahim, responsable de la expedición en Marruecos. «Durante la excavación, se descubrieron vértebras parciales del cuello que probablemente pertenecieron al mismo animal, de las que la salían las alas, lo que da a entender que tenía una envergadura de seis metros».
En la misma región donde aparecieron los fósiles de Alanqa han sido descubiertos previamente restos de otros pterosaurios distintos, lo que sugiere que varios tipos de estos animales vivieron en el mismo lugar y en la misma época, probablemente cada uno en un nicho ecológico diferente, alimentándose cada uno de su presa preferida. «Cuando estos pterosaurios estaban vivos, el desierto de Sahara era una cuenca de río con exuberantes plantas tropicales y vida animal», explica Ibrahim. Un escenario completamente diferente.

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