Alfonso Osorio, en su domicilio madrileño junto a su perro Simbad
Alfonso Osorio, en su domicilio madrileño junto a su perro Simbad - ángel de antonio
Conversaciones con causa

Alfonso Osorio: «No sé dónde se encuentra ahora la derecha»

«Frente a los que, como Albert Rivera, se empeñan en que lo bueno es la socialdemocracia, yo apuesto por una derecha civilizada», dice el vicepresidente de Adolfo Suárez

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Un hombre de honor. De otro tiempo. De los que dimiten por ideología y dan valor a la palabra y a un silencio oportuno. Alfonso Osorio, a sus 91 años, conserva una memoria de las que desearías extraer hasta el último recuerdo. Persona de confianza del Rey Don Juan Carlos formó parte del primer Gobierno de la democracia, y fue vicepresidente segundo con Adolfo Suárez. Abandonó UCD cuando viró al centro izquierda, por una cuestión de principios, para apostar por una derecha moderna y civilizada. Intentó moderar a Manuel Fraga en Alianza Popular: «Aunque era imposible. Era él con sus defectos y sus virtudes. Se le aceptaba o había que apartarse». Y así lo hizo antes de que se convirtiera en Partido Popular. Desde entonces, dejó la política atrás.

En el amplio salón de su casa, por el que pasea tranquilamente un collie que responde al nombre de Simbad, controla las horas a su antojo. «Leo hasta las cuatro de la mañana, así que me despierto tarde y no tengo horarios. No volvería a la política ni conducido por la Guardia Civil. Estoy para mi buen vino, leer y dormir mucho».

-Usted fue nombrado ministro de la Presidencia en el primer Gobierno de la democracia por iniciativa del Rey Don Juan Carlos.

-Lo que no fui es ministro de Franco como se ha dicho. He sido monárquico toda mi vida. Tenía mucho contacto con el Rey, visitaba con asiduidad la Zarzuela, le preparaba papeles cuando me los pedía. Puedo contar que Alfonso Armada me dijo unos días antes de que se constituyera el primer Gobierno que estaría presente en él. No pregunté ni en qué cartera, y me encontré en el Ministerio de la Presidencia, lo cual para el Rey era muy cómodo, porque trataba una serie de asuntos relacionados con la Corona.

-Después de que el Rey abdicara en su hijo, ¿podemos decir que estamos en un fin de ciclo?

-Creo más que algunos quieren que estemos al final de un ciclo. Los hijos de aquellos que les hubiese gustado hacer la Transición a su gusto, porque quieren hacer algo que no sabemos qué es. Son nietos de aquellos que dicen que participaron en la guerra, y nos cuentan una Guerra Civil distinta a la que viví con 13 años. Estos muchachos han leído mucha literatura marxista, pero absolutamente nada de lo que es una democracia. No conocen ni por el forro la historia de Gran Bretaña, o EE.UU., o la transformación de Europa.

-¿Cómo vivió la tarde del 1 de julio de 1976, cuando se conoce que Arias Navarro ha dimitido, el Rey acepta su dimisión y se convoca un Consejo de ministros extraordinario?

-No estaba en Madrid, había ido a Málaga de testigo a una boda. Pero algunos ministros sabíamos qué iba a suceder. Recuerdo que Nicolás Mondéjar me llamó un día y me dijo: «Alfonso, ¿vas a ir al partido de fútbol de hoy? Porque el Rey quiere que le acompañes». Jugaban el Atleti de Madrid y el Zaragoza la Copa del Rey. El ministro encargado era Adolfo Suárez, así que fuimos los dos. Cuando empezó el partido, el Rey nos cogió por los hombros y nos susurró: «¡Qué viejo está Bernabéu!». «Sí, la verdad que está muy viejo, señor», le contestamos. «Pues hacen falta presidentes jóvenes para todos. Ya os habéis enterado». Así fue como nos comunicó el Rey que no seguía Arias Navarro, que desgraciadamente estaba obsesionado con Franco.

-¿Nunca pensó que podía ser presidente del Gobierno?

-No. El Rey acertó nombrando a Adolfo Suárez, porque había que abrir la llave del Consejo Nacional para el cambio y la reforma política. Para las gentes de las Cortes yo era un peligroso liberal, ahora para la extrema izquierda soy un fascista de primera generación. ¡Mira cómo cambian las cosas! -sonríe mientras acaricia a Simbad-. Ricardo de la Cierva escribió: «¡Qué error, qué inmenso error!»; Rafael Arias Salgado, luego tan suarista, «El apagón» en Cuadernos para el Diálogo. Fraga también quería ser presidente del Gobierno, aunque hubiera tenido tremendas dificultades, porque no se fiaban nada de él. Adolfo era un político nato. No era un intelectual, ni le interesaba. Llevó a España de un régimen dictatorial a una democracia. ¡Y no digan ahora que se podía haber hecho de otra forma!

-En el primer Gobierno de Adolfo Suárez usted jugó un papel destacado en la elección de ministros, tanto que lo llamaron «el gobierno de Osorio».

-Lo hicimos mano a mano Adolfo y yo. A muchos de ellos los llamé. Unos se sorprendían, otros incordiaban por detrás para ver si entraban. Recuerdo a Pío Cabanillas, que andaba por todo Madrid diciendo que había que aislar a Suárez, mientras me mandaba recados para ser ministro de Justicia.

-¿Dejó usted UCD en 1979 al no estar de acuerdo con el giro al centro izquierda que pretendía Adolfo Suárez?

-Personalmente creía que UCD tenía que haber sido una derecha moderna, civilizada, europea y capaz de dialogar. Pero Adolfo Suárez cuando vio los resultados de las elecciones de Felipe González, decidió que iba a gobernar en el centro izquierda. En ese momento discrepamos. Yo no he sido socialdemócrata en mi vida, ni lo pienso ser. Después en la famosa casa de la pradera, donde se encuentra con todos los líderes de la UCD, se da cuenta de que cada uno quería un partido distinto, y que todos querían sucederle.

-Usted, que era militar y tenía una gran amistad con Alfonso Armada, ¿sabía que se preparaba el golpe del 23-F?

-No lo esperaba en ningún momento. Lo que sí había era un intento de hacer una moción de censura para sustituir a Adolfo Suárez. De ese asunto sí se habló mucho en el Congreso de los Diputados, pero nunca de un golpe como el que hizo Tejero, que estaba como un cencerro. Tejero quería dar un golpe desde hacía mucho tiempo. Ocupar la Moncloa, la Zarzuela, el Tribunal Supremo, ¡cualquier cosa!

-Fue un mes presidente de Alianza Popular. La CEOE apostó por usted, mientras Fraga se dedicaba a la campaña electoral…

-Sólo un mes, pero ni me senté en el despacho de Manolo Fraga. Me mandó una carta diciéndome que me ocupara de la presidencia en el partido, pero yo seguí en mi despacho de Petromed. Jamás hubiera querido ser presidente ni de AP, ni del PP. Estaba en política por prestar un servicio a mis ideales, pero no por ningún tipo de ambición. Antes intenté por todos los medios a mi alcance que UCD y AP llegasen a un acuerdo para las elecciones de 1982, hasta que me harté de escribirle cartas a Leopoldo Calvo-Sotelo y de perder el tiempo.

-¿Dejó AP antes del Congreso de la refundación como Partido Popular?

-Declaré que el único que había ganado unas elecciones a Suárez era Felipe González, y me pusieron verde Luis Ramallo y Celia Villalobos. Me dije: «¡Esta es la mía!». Escribí una carta a Antonio Hernández Mancha diciéndole adiós, y me marché. Así que no conocí como presidente a José María Aznar. La cosa fue muy divertida. Gana Hernández Mancha a Aznar y desde el primer momento, Aznar empezó a enredar junto a Fraga. Hasta que no lo echaron, no pararon. ¡Lo surrealista es que yo apoyé a Hernández Mancha porque me lo pidió Fraga!

-¿Tuvo discrepancias con José María Aznar?

-Le traté, pero sencillamente, no le he votado nunca, aunque sí a Rajoy en las últimas elecciones. En la presentación de un libro en la que coincidimos, Aznar dijo: «Yo nunca he sido de derechas». Creo que ni ha leído las obras completas de Azaña como reconoció. Pensé, si no quieres ser de derechas, no lo seas, pero yo no te voto. ¡Porque yo sí quiero serlo! De una derecha democrática, justa, equilibrada, que apueste por el desarrollo del país y defienda los grandes valores de la familia y el trabajo. Ahora esa derecha no sé dónde se encuentra.

-¿Votará otra vez a Rajoy o apuesta por Albert Rivera de Ciudadanos?

-Albert Rivera se declara socialdemócrata y no lo es. Se empeñan en que lo bueno es la socialdemocracia, que históricamente es una evolución a la derecha del comunismo. Yo no he evolucionado, soy de una derecha civilizada.