Leonard Mlodinow, después de la entrevista con ABC
Leonard Mlodinow, después de la entrevista con ABC - ABC

Leonard Mlodinow, el intelectual elástico que encandiló a Stephen Hawking

El físico y escritor es una de las grandes estrellas de la Feria Internacional del Libro de Sharjah

Enviado especial a Sharjah (Emiratos Árabes Unidos)Actualizado:

Dice que era lo único que podía hacer. Acababa de cumplir treinta y uno, tenía 6.000 dólares en su cuenta corriente y un buen puñado de historias en el bolsillo. El destino era inevitable: Hollywood. Leonard Mlodinow (Chicago, 1954) cuenta con absoluta normalidad su salto a la ficción, como si se tratase de un caso (otro más) de un apasionado de la literatura que quería probar suerte como guionista. Pero nada más lejos de la realidad. No todos saltan al vacío tras doctorarse en física por la Universidad de California en Berkeley a base de becas, ni abandonan un puesto en Caltech por un sueño. Pero Leonard Mlovinow no es como todo el mundo.

«Siempre me había gustado escribir, desde que era un niño. Y en un momento de mi vida decidí dejar la física y empezar a escribir. Y como todo el mundo me fui a Hollywood para tratar de entrar en el negocio. Y lo hice», recuerda sin darse importancia, como quien hace memoria para recordar el menú de la semana pasada. Durante aquel tiempo trabajó para series como «MacGyver», «Star Trek: La nueva generación» o «Juzgado de guardia». «Y muchas otras que me gustaría olvidar», añade entre risas. Pero no dejó la física de lado, y siguió investigando como hobbie, alumbrando artículos de títulos elocuentes: «Límites de una ley de conservación en el Modelo de Dicke», «Mejora de la precisión de la medición de fase con el uso de estados de incertidumbre mínima»... «Es que amo la escritura y la ciencia», responde. Para qué más explicaciones.

Por si su carrera no fuera lo suficientemente extraña, en 1993 Mlodinow emprendió una nueva odisea: los videojuegos. Empezó a producir los primeros hallazgos del sector junto a Stephen Spielberg, Robin Williams y la Walt Disney Company. Aunque recibió varios premios, no tardó en dejar aquello. «Eran los noventa, todavía estábamos en las primeras versienes de Windows. Entonces tenía la esperanza de que los videojuegos pudieran ser una forma de arte, como las películas, como el cine. Y todo me decepcionó. Lo que pasó es que un puñado de videojuegos se hicieron populares y todo el mundo los imitó. Se parecían unos a otros del mismo modo que ocurre en Hollywood hoy con los blockbusters», lamenta.

Poco después encontró en los libros un formato en el que volcar sus dos pasiones, y se convirtió en uno de los grandes divulgadores científicos de la actualidad, un membrete que se confirmó en 2005 con su vuelta, esta vez como profesor, a Caltech y con la publicación de «Brevísima historia del tiempo», la primera de sus dos colaboraciones con Stephen Hawking. «Fue increíble. Recuerdo que él solo podía decir seis palabras cada minuto. Necesitaba mucho esfuerzo para hacer eso, pero lo hacía con entusiasmo. Era increíble ver cómo alguien con esas barreras nunca se sentía apenado. Él conseguía ser feliz. Tenía un gran sentido del humor. Muchas veces estábamos discutiendo sobre algo y uno de los dos pensaba en rendirse porque estaba muy cansado. Y yo era el que estaba cansado… Es fascinante ver lo superficiales que son todas nuestras conversaciones del día a día en comparación con aquellas charlas», evoca.

El ensayo fue un éxito, que ambos repitieron con «El gran diseño» en 2010. Los dos coronaron la lista de los más vendidos del «The New York Times» hablando del universo y su historia. Casi nada. Aunque él, cómo no, se aleja de la sorpresa. «Es que para mí es algo natural. Desde que tengo cinco años me importa saber de dónde venimos y qué hay ahí fuera, en las estrellas, en los planetas. Siempre me ha fascinado esto. Hay mucha gente que ignora la ciencia, pero necesitamos más científicos. Y por eso necesitamos ilusionar a los más jóvenes», sentencia.

Como autor en solitario, Mlodinow ha explorado las reglas del azar, si es que las tiene, y el funcionamiento de la mente humana, al que ha dedicado su último título, «Elastic», que acaba de presentar en la Feria Internacional del Libro de Sharjah, donde es una de las grandes estrellas del tinglado. La obra, todavía inédita en España, es una defensa de los razonamientos creativos, esos que se escapan de la lógica establecida y que unen con un hilo invisible a las mentes inquietas que han cambiado las normas del juego, desde Mary Shelley a los creadores de «Pokémon GO», pasando por William Blake, Albert Einstein, David Bowie o Nikola Tesla. En pocas palabras (las suyas) el pensamiento elástico consiste en «crear las reglas que permiten afrontar los nuevos problemas». Es, también, la única forma de entender cómo en su día se crearon los números imaginarios, sin los cuales no podría entenderse la tecnología de hoy.

A lo largo de las páginas, Mlodinow reivindica ese tipo de razonamientos (y comportamientos) en un mundo «en constante cambio». Y aunque apoya sus teorías en los últimos estudios neurológicos, y en un gran número de casos concretos, parece que la idea de fondo tiene que ver con su biografía. La de un escritor, guionista, físico teórico, divulgador científico, editor, empresario y alguna otra cosa más. La de una cabeza que disfruta jugando con varios balones a la vez. ¿Por resumirlo, podríamos decir que ha tenido, que tiene, una carrera elástica? «Por supuesto», remata.