El día 21, Trotsky falleció por sus heridas. Tenía 60 años
El día 21, Trotsky falleció por sus heridas. Tenía 60 años - Archivo ABC
75 aniversario de su muerte

Las grandes mentiras del asesinato de Trotsky a manos de un comunista español

El 20 de agosto de 1940, Ramón Mercader le clavó un pico en la cabeza al que, en su día, fue la mano derecha de Lenin. Ahora, un nuevo libro revisa la vida del catalán que acabó con su vida

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« León Trotsky ha sido objeto de un atentado que ha causado gran sensación. […] Según las últimas noticias no confirmadas, los médicos consideran imposible que se salve». Así es como, hace nada menos que 75 años, el diario ABC comenzaba la narración de un asesinato que conmocionó al mundo, el de Lev Dadídovich Bronstein, más conocido por su apodo revolucionario y por haber sido, en otros tiempos, la mano derecha de Lenin. Aquel 20 de agosto de 1940, sin embargo, de nada le valieron sus logros pasados cuando Ramón Mercader, comunista y catalán, le clavó un piolet en el cráneo. El político moriría 26 horas después.

Desde entonces, son decenas los libros de historia que se han hecho eco de este estrepitoso (y nada sutil) atentado. Una maniobra orquestada por el mismísimo Iosif Stalin desde la U.R.S.S. para acabar con uno de sus enemigos más «peligrosos» a nivel político.

No obstante, e independientemente de los folios que se hayan escrito sobre esta muerte, en pleno 2015 todavía existe una parte de esta truculenta historia que escapa a los ojos del ser humano. Así lo ha demostrado el historiador Eduard Puigventós, quien acaba de publicar una biografía de Mercader de manos de la editorial «Now Books» (« Ramón Mercader, el hombre del piolet») en la que analiza las mentiras que existen en torno a este personaje.

En la obra, una tesis doctoral reconvertida en obra literaria, Puigventós ha indagado pormenorizadamente en la vida del asesino revisando todos los rumores que había publicados sobre él. «En el libro voy desmintiendo o corroborando una serie de afirmaciones de Mercader mundialmente conocidas. De él, por ejemplo, se suele decir que estaba en un equipo de equitación, cuando era mentira. A su vez, y entre otras tantas cosas, se explica que fue entrenado en la U.R.S.S. para cometer el atentado -cosa que es imposible- y que nació en 1914, cuando es algo que dijo para engañar a la policía», explica el autor en declaraciones a ABC.

Odiado y amado

León Trosky, el que dijera que los españoles eran franceses sin cultura y Madrid una vaga imitación de Paris, fue en su día un querido Comisario del Pueblo para los Asuntos Exteriores tras la Revolución de Octubre. No obstante, Stalin (el futuro creador de la temible « Orden 227») le expulsó del partido en 1927. Aquel fue el principio del fin de este líder, pues -sabedor de que si no huía de la U.R.S.S. su vida corría peligro- se dedicó a buscar asilo en países como Turquía, Francia o Noruega.

Ninguno le quiso como refugiado. Por ello, acabó viajando a México, donde -según explica Álvaro Lozano en su obra « Stalin, el tirano rojo»- recibió el estatus de refugiado político. Desde tierras Sudamericanas, el revolucionario se convirtió en toda una celebridad mundial y comenzó a organizar un movimiento político para enfrentarse al temible Stalin, la «Cuarta Internacional».

Trotsky, en México en 1938
Trotsky, en México en 1938

Parece que esta nueva vida no gustó demasiado a su enemigo quien, hasta las comunistas narices de su enemigo, decidió mover sus hilos como líder ruso y ordenó que fuera asesinado. Lo cierto es que la sutileza no era por entonces una característica soviética, por lo que los servicios secretos rojos enviaron a varios pistoleros con órdenes de tirotearle hasta la muerte. Todos ellos, al mando de David Alfaro Siqueiros.

Estos ametrallaron la casa de Trostsky (ubicada en México) el 24 de mayo de 1940 con intención de no dejar piedra sobre piedra. Hicieron más de 300 disparos sobre ella y, al creer que habían acabado con su «tarea», se retiraron. Curiosamente, cuando Siquieros se enteró de que su objetivo había sobrevivido, se lamentó profundamente de la siguiente forma: «¡Todo ese trabajo para nada!».

Tras este primer y fallido intento de asesinato, Stalin decidió que más le valdría usar la cabeza en vez de las armas si quería que el trabajo se cumpliese. En ese momento entró en escena Mercader. «Siempre se ha creído que Ramón Mercader fue reclutado en 1937 para perpetrar el atentado, pero yo sostengo que no. Fue reclutado durante la Guerra Civil, pero para trabajar para la U.R.S.S. No se ofreció para tratar de matar a Trostsky hasta 1940, cuando falló el atentado en su casa. Y es que, cuando los servicios secretos soviéticos vieron que el fallo había puesto en peligro su red de informantes, se planteó que lo mejor era que se acercara hasta el político una persona sola», explica Puigventós.

Asesinado por un artículo

Así pues, Mercader decidió que debía infiltrarse en el entorno de Trotsky. Según algunos libros actuales, para ello empezó una relación con Silvia Ageloff, la supuesta secretaria del político. Puigventós no es de la misma opinión. «Cuando Mercader se acercó a ella, esta tenía contactos con algunos círculos trotskistas. Pero no conocía a Trotsky porque no era su secretaria, eso es una falsedad. Sí es cierto que su hermana Ruth había trabajado para Trotsky, pero ella no. Ageloff estaba afiliada y era un enlace del partido americano de los trabajadores, que era de ideología trotskista, pero nada más», completa el experto.

A su vez, el autor español sostiene que Trotsky no era, ni mucho menos, amigo de Mercader, como se afirma en determinados círculos. De hecho, ha podido contabilizar los minutos que ambos pasaron juntos antes del asesinato y afirma que son sumamente escasos, y siempre por iniciativa del catalán. No obstante, el español sí trabó amistad con los guardias de su casa (los cuales no se movían del lugar desde el anterior intento de asesinato).

rAMÓN Mercader
rAMÓN Mercader

Para quedarse a solas con él y perpetrar su plan, Mercader usó una de las pocas debilidades del revolucionario, su vanidad. «Mercader sabía que a Trotsky le encantaba teorizar y pasar horas y horas explicándose. Por ello, un día que estaba tomando el té con él le dijo que iba a escribir un artículo considerando si, tras la llegada de Stalin, la U.R.S.S. se había vuelto un estado imperialista o no. Trotsky era partidario de que aún era un estado obrero, mientras que había una corriente que afirmaba lo contrario», añade Puigventós. El pez mordió el anzuelo y el político decidió recibirle cuando él deseara para poder comentar juntos el texto y corregir sus fallos.

Así fue como, el 20 de agosto de 1940, Mercader se presentó en casa del político para hablar del texto. Este le recibió, aunque con dudas, pues no le conocía demasiado bien. Según determina Lozano, el que fuera teniente del Ejército republicano español se acercó entonces a Trotsky y, cuando este se giró para aprovechar la luz de la ventana, le propinó un golpe mortal con un piolet en la cabeza. Según afirmó posteriormente el propio asesino, su víctima dio un grito de terror que resonó en toda la vivienda. «Lo oiré hasta el final de mi vida».

Noticia de la muerte de Trotsky publicada por ABC en 1940
Noticia de la muerte de Trotsky publicada por ABC en 1940

A las 26 horas, el objetivo de Stalin se materializó cuando su enemigo expiró. De nada sirvieron los cuidados de los médicos. La noticia, al día siguiente, pasó fronteras y llegó incluso a España, donde ABC narró los últimos minutos de vida de este hito de la Historia: «Se ha tenido que recurrir a la respiración artificial por medio de oxígeno […] Los médicos han practicado la trepanación al revolucionario. Señalaron que le queda una probabilidad de vivir».