De operar cerebros a prevenir enfermedades: “Veía consecuencias que se podían haber evitado”
El doctor José Hernández Poveda explica en Palabras con Salud con la periodista Marina Montiel por qué dejó la neurocirugía por la medicina de longevidad, qué señales delatan que envejecemos más rápido de lo que nos toca y cuáles son los hábitos con más impacto real en los años que nos quedan.
El doctor José Hernández Poveda con la periodista Marina Montiel en Palabras con Salud.
Envejecer no es un proceso inevitable": el neurocirujano que dejó el quirófano para prevenir enfermedades. El doctor José Hernández Poveda analiza en Palabras con Salud con la periodista de salud Marina Montiel por qué una persona de 40 años puede tener un cuerpo de 60, qué biomarcadores no aparecen en una analítica convencional y por qué el músculo se ha convertido en el gran protector de la longevidad.
Todos queremos vivir más años. Pero quizá la pregunta relevante no sea cuántos, sino cómo vamos a llegar: con energía e independencia o acumulando enfermedades, medicación y limitaciones. Sobre ello reflexiona el Dr. José Hernández Poveda, neurocirujano formado en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón, fundador de la clínica de longevidad Age Reversal y autor de "Envejecer es opcional", en este capítulo del videopodcast Palabras con Salud.
Su punto de partida es una idea que rompe con lo que la mayoría da por sentado. "Envejecer no es un proceso inevitable", sostiene. "Es algo que conocemos en profundidad a nivel biológico". Detrás hay, explica, una serie de cambios celulares concretos: inflamación crónica, daño en el ADN, alteración de las proteínas y de las mitocondrias. Procesos que, a su juicio, funcionan como cualquier otra enfermedad y que por tanto se pueden medir y modificar.
La periodista especializada en salud Marina Montiel.
De ahí que dos personas nacidas el mismo año puedan encontrarse en situaciones muy distintas. "Nuestro cuerpo no funciona de acuerdo al número de años que vivimos, sino a la cantidad de daño que hemos acumulado dentro de nuestras células y de nuestros órganos", resume. Una parte de esa velocidad es genética, pero la mayoría, insiste, depende de los hábitos y de las decisiones tomadas a lo largo de la vida.
La señal más clara de que alguien está envejeciendo antes de tiempo no es estética, sino funcional: la capacidad cardiorrespiratoria, lo que en su campo se conoce como VO2 máximo. "Cuando ves a una persona de 40 años a la que le cuesta subir dos plantas de escaleras, ese es el signo más claro de que su cuerpo no está funcionando como debería", señala. Esa capacidad física es, para él, el principal determinante tanto de la calidad de vida como del riesgo de enfermar.
El doctor José Hernández Poveda en Palabras con Salud.
Su trayectoria explica en buena medida ese enfoque. Hernández Poveda ejercía como neurocirujano cuando empezó a incomodarle una constatación repetida: atendía las consecuencias de enfermedades que se podrían haber detectado años antes. Los aneurismas cerebrales son su ejemplo. Una zona de debilidad en una arteria que crece de forma silenciosa durante años hasta romperse, y que puede identificarse con una resonancia magnética. "Cuando yo decía '¿por qué no hacemos algo para evitarlo?', me decían que no se podía", recuerda. Así que decidió hacerlo por su cuenta.
Esa misma lógica es la que aplica al análisis de sangre convencional, que considera insuficiente. "Está diseñado para detectar enfermedad establecida. Llega muy tarde", advierte. Cuando los valores aparecen alterados, argumenta, el proceso lleva años en marcha. Su propuesta es buscar marcadores más tempranos, y menciona uno que rara vez se solicita: la insulina, que informa de cómo gestiona el cuerpo la energía y cuya elevación sostenida antecede en años a la diabetes tipo 2.
El doctor José Hernández Poveda con la periodista Marina Montiel, en Palabras con Salud.
La sarcopenia, la gran enemiga
Si tuviera que señalar un único enemigo de la longevidad, lo tiene claro: la pérdida de masa muscular asociada a la edad. Es más acusada en mujeres y se intensifica tras la menopausia, y sus consecuencias van mucho más allá de la debilidad. "En longevidad llamamos al músculo el órgano de la longevidad, porque sin músculo es imposible que tengas una longevidad saludable", afirma.
El motivo, detalla, es que el músculo actúa también como órgano endocrino: al contraerse libera unas sustancias llamadas mioquinas con efectos en todo el organismo. De ahí que el entrenamiento de fuerza encabece su lista de hábitos con más impacto, seguido del ejercicio cardiovascular y del sueño, al que considera el pilar más olvidado. Preguntado por qué envejece más entre el estrés, el alcohol, el azúcar y el mal descanso, escoge este último: "Dormir mal es terrible para nuestro cuerpo".
En cuanto al azúcar, explica el mecanismo que conecta los picos de glucosa con el envejecimiento acelerado. La insulina elevada de forma sostenida acaba generando resistencia, favorece que las células se dividan más deprisa y, con ello, que acumulen más errores en el ADN. "Las células de la piel ya no encuentran el gen del colágeno", ilustra, "y no pueden producir las funciones para las que están diseñadas".
El doctor dedica también un pasaje a la desinformación en salud, y en concreto al mensaje que circula en redes según el cual conviene tener el colesterol alto. Lo considera un problema grave y recuerda que la evidencia sobre la partícula APOB, la que transporta el colesterol y se deposita en la pared arterial, es sólida. Su reflexión final apunta a la raíz del fenómeno: "El mensaje científico es mucho más aburrido. Es mucho más fácil crear una narrativa que sabes que a la gente le va a gustar, pero la ciencia a veces es contraintuitiva".