Descifrado el genoma de un caballo de casi un millón de años de antigüedad
El actual caballo salvaje «de Przewalski» posee en sus genes una alta diversidad - nature

Descifrado el genoma de un caballo de casi un millón de años de antigüedad

El ADN de este animal congelado en Alaska es el más antiguo jamás recuperado

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Los restos de un caballo del tamaño de un pony, conservados a través de los tiempos bajo el hielo —han transcurrido alrededor de 700.000 años desde su muerte—, han deparado una gran sorpresa para los científicos, que han encontrado prácticamente intactos todos sus genes. Hallado en la península de Alaska, en territorio de Canadá, el fósil se encontraba enterrado y cubierto de hielo, a una temperatura de cinco grados bajo cero.

Ésta ha sido la causa de la excelente conservación de las moléculas de ADN, que de otro modo se habrían descompuesto por efecto de la temperatura, que favorece el crecimiento de microoganismos que atacan y descomponen todo tipo de restos orgánicos. Los investigadores también atribuyen su éxito a los avances técnicos que han hecho posible una segunda generación de secuenciadores de ADN. Con los actuales dispositivos, y a pesar de la fabulosa edad de las muestras fosilizadas, ha sido posible conocer hasta 73 proteínas, algunas de las cuales se encontraron en los restos de sangre.

La más antigua

Con este hallazgo se ha pulverizado el récord en la reconstrucción de una secuencia genética completa de un organismo vivo del pasado. El anterior hito se encontraba situado alrededor de los 80.000 años, y se correspondía a un antecesor de los humanos. En un artículo publicado este miércoles en la revista Nature, un equipo de 56 investigadores liderados por Ludovic Orlando, del centro de «GeoGenética», perteneciente al Museo de Historia Natural de Dinamarca, ha secuenciado el genoma completo de este antepasado lejano del caballo doméstico, perteneciente al Pleistoceno Medio. Además, han obtenido el genoma de otro ejemplar de caballo cercano a los 43.000 años de antigüedad.

Con el fin de ver en perspectiva la evolución completa, los investigadores han completado el árbol genealógico con las bases genéticas del denominado caballo «de Przewalski», un pequeño équido salvaje, considerado el miembro más genuino de todas las especies actuales del género Equus. Otros cinco caballos domésticos y un asno completan las muestras. A partir de las secuencias, los científicos han podido trazar con mayor precisión la cadena evolutiva de los équidos.

Descendientes del asno

Desde los años 50, se sabía que todos ellos poseían un origen común descendiente del asno. Con los nuevos datos a la vista, se ha logrado situar en el tiempo el momento de la diferenciación entre ambos. Ésta se ha establecido el doble de distante en el pasado de lo aceptado hasta ahora por los paleontólogos, situándose entre los 4 y 4.5 millones de años anteriores a los primeros caballos considerados como tales.

En el trabajo se afirma que la población de caballos ha variado en varias ocasiones a lo largo de los últimos dos millones de años, especialmente durante los cambios climáticos adversos correspondientes a las glaciaciones. En este sentido, han encontrado que el actual caballo salvaje «de Przewalski», posee en sus genes una alta diversidad heredada que tal vez sea la causa de la sorprendente supervivencia que se le atribuye.

Tras el origen del hombre

Este resultado, aparte de haber contribuido a refinar el conocimiento de los orígenes del caballo más allá del Pleistoceno Superior, abre la puerta a las especulaciones en caso de hallar restos de homínidos de antigüedad similar. Este salto en el tiempo permite reconstruir genomas completos de organismos que hayan vivido cerca de un millón de años atrás, cuando hasta ahora sólo era posible hacerlo sólo para las muestras cercanas a los cien mil años de antigüedad. Pero para ello son necesarias unas condiciones ambientales como las que rodearon al esqueleto del caballo encontrado cerca de Alaska.

Ludovic Orlando y su grupo ponen el énfasis en los homínidos de la misma época. Del mayor interés sería reconstruir los genes del Homo erectus. Dicha información, combinada con la de los neandertales, esclarecería nuestros orígenes, en la misma medida que se ha completado la de los caballos a partir de una pocas moléculas de ADN supervivientes al transcurso de casi un millón de años.