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«Hadijatou, j'accuse»: Palabra de ex esclava

Día 08/01/2013 - 11.07h
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Según la OMT, al menos tres millones y medio de personas son víctimas de explotación con fines laborales o sexuales en el África subsahariana. Ahora, un proyecto documental pretende narrar su historia

Esclavitud en África. Un concepto que, con solo ser escuchado, retrotrae seguramente al lector a los tiempos de Leopoldo II de Bélgica. En aquella época (1885-1908) al menos de 10 millones de personas fueron esclavizadas y, posteriormente, asesinadas en la República Democrática del Congo, en quizá uno de los mayores genocidios de la historia moderna. Por entonces, las masacres se enmarcaron dentro de la carrera comercial abierta en Europa por la producción de caucho, debido a su creciente demanda por parte de la industria automovilística.

Sin embargo, es ahora, en su versión más moderna y estigmatizada, cuando la esclavitud continúa siendo un tabú moral en el continente africano. Al menos, desde los ojos de Occidente.

No es para menos. Según la Organización Mundial del Trabajo, a día de hoy, en el África subsahariana al menos 3 millones y medio de personas son víctimas de explotación con fines laborales o sexuales. Todas ellas atrapadas mediante la coacción en una realidad de la que es imposible escapar.

Precisamente, bajo esta premisa se dibuja la carga visual de “Hadijatou, j'accuse”, proyecto documental que narra la vida de Hadijatou Mani y que, en la actualidad, busca financiación mediante una iniciativa “crowdfunding”.

¿Su historia? La de miles de mujeres en Níger. Aunque su final todavía esté por escribir. A los 12 años, Mani fue vendida a El Hadj Souleymane Naroua –un terrateniente local– por 320 euros. Sin embargo, el pasado 27 de octubre del 2008, la joven lograba una sentencia histórica tras años de

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Hadijatou Mani

servidumbre, humillaciones y prácticas sexuales vejatorias: Por primera vez, un Tribunal Superior, en este caso de la la Comunidad Económica de los Estados Africanos Occidentales (ECOWAS), condenaba a un Gobierno, el de Niamey, por no haber protegido a la joven ante su propia legislación antiesclavitud. La esclava derrotaba finalmente al Estado.

“El desenlace de esta historia está todavía a medias. Pese a que la joven consiguió la libertad, este año está previsto que se celebre el juicio para recuperar la custodia de los hijos que tuvo con su amo”, señala a ABC Rosa Cornet, codirectora -junto a Lala Gomà- del proyecto de documental, y quien define a Hadijatou Mani como una mujer “dura, en un entorno aún más duro y donde, si las mujeres no son nada, los esclavos lo son aún menos”.

10.000 personas secuestradas

Sin embargo, su caso no es único. “Cada noche y antes de dormir, mi amo me ataba a las patas de su ganado para asegurarse de que no me escapaba. Su castigo, brutales palizas”, denunciaba recientemente a este diario Ker Aleu Deng, a quien las prácticas destructivas de su propietario (éste llegó incluso a introducir chiles en las cuencas de sus ojos) le provocaron una ceguera perpetua. “Siempre borracho, hizo de mi vida un infierno”, destacaba el joven, quien finalmente pudo escapar de esta miseria.

Como Deng, decenas de miles de sur sudaneses han sido secuestrados y empleados por su vecino norteño como esclavos en las últimas tres décadas. Sin números oficiales, valga un pequeño botón moral: Solo en el periodo comprendido entre 1983 y 2002 y en la región concreta de Bahr el Ghazal y el Estado de Warrab, más de 10.000 personas fueron raptadas por milicianos murahaliin al servicio de Jartum, según cifras del Sudán Database Abductee. Todas ellas, con nombres y apellidos (en lugar de obtener estimaciones numéricas, los investigadores registraron los nombres completos y datos identificativos de los secuestrados individuales. Esto hizo posible establecer, por primera vez, una línea de base en la controvertida zona).

Pero mientras en Sudán del Sur estos crímenes comienzan a salir a la luz, en otros Estados del continente africano la esclavitud moderna todavía goza de una flagrante asiduidad.

En Ghana, por ejemplo, la relatora especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra la mujer, Yakın Ertürk, ya ha denunciado en numerosas ocasiones la práctica de ofrecer a las jóvenes vírgenes como “trokosi” (u “ofrenda a los dioses”) para evitar el castigo divino a delitos cometidos por un miembro de la familia.

“Algunas comunidades en la región del Volta siguen practicando una costumbre fuera de la ley, que implica la servidumbre ritual y la explotación sexual de las niñas”, relata uno de sus informes.

De igual modo, en Mauritania, último país del continente africano en abolir la esclavitud (la más reciente ley data de 2007) se estima que en la actualidad entre el 10 y el 20 por ciento de la sociedad todavía sobrevive bajo el yugo de la servidumbre.

“Ellos están privados del derecho más fundamental que tenemos nosotros: la libertad de hacer y deshacer. Por ello, es necesario que se conozca historias como la de Hadijatou Mani”, destaca la directora Rosa Cornet. Su desenlace, en forma de documental.

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