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Una guerrera de la vida

Día 18/11/2013 - 18.24h
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Ruth Aguilar acerca su historia, que es brillante en el atletismo paralímpico

Una guerrera de la vida
mikel ponce
Ruth Aguilar lanza su carrera hacia Río 2016 desde el Estadio del Turia en las disciplinas de jabalina, disco o peso

Reflexiona pausada, con firmeza, y con una argumentación cargada de ganas de superarse, de competir siempre, de abrirse puertas y dejarlas de par en par para otros deportistas de disciplinas minoritarias y más aún féminas, para quienes el reconocimiento es escaso. Traslada sus pensamientos con una mirada amable, que irradia felicidad; es la que le crea su hijo Joan Batiste. Él, como dice, es «mi motor, mi motivación principal» para un día a día en el que se erige ejemplar en el atletismo paralímpico desde su silla de ruedas. Ruth Aguilar Fulgencio (Torrent, Valencia, 3/2/1975) ya nació para ser grande en el balonmano, pero un grave accidente de tráfico le provocó una fractura de columna. Esta dramática situación no echó abajo su pasión por el deporte y la competición, pero en adelante en disciplinas adaptadas. Se inició en la natación, pasó luego a la halterofilia y finalmente halló su espacio en el atletismo con el peso, el disco y la jabalina. Siempre ha triunfado y ha anotado en su hoja de servicios récords nacionales y ha tumbado barreras en el deporte adaptado femenino.

Su experiencia vital deportiva, obviamente, tuvo un antes y un después del accidente en la V-30 en diciembre de 1992. El antes fue el de una jugadora de balonmano que alcanzó la internacionalidad por España con 17 años. Como portera fichó por el Valencia Urbana, que con los tiempos sería el Ferrobús o el Cementos La Unión. Una brillante proyección truncada en la carretera.

«Para mí no fue mala suerte tener el accidente, sino que fue una gran suerte sobrevivir. Entré en coma y así estuve once días. Y sufrí una lesión de por vida. Una fractura de columna. Lo mío es una sección medular completa», explica Ruth, que participa en charlas de motivación, de superación a través de la actividad física y de concienciación de Seguridad Vial -salvo excepciones, de forma altruista-.

Después del accidente, tras su adaptación y la de su familia a su nueva circunstancia, conoció el deporte adaptado y no tardó en adquirir una buena condición física. Compaginó primero la natación y el baloncesto en silla. Su fortaleza le llevó luego a la halterofilia. «Estuve siete años en la elite, consiguiendo títulos importantes -bronce en el Europeo de Eslovaquia y séptima en el Mundial de Malasia-, siendo la primera mujer en España en conseguir esto en halterofilia adaptada», significa Ruth. Aunque fue preseleccionada para los Juegos de Sidney y Atenas, sus primeras Paralimpiadas aún tendrían que esperar.

«Entonces decidí tener un parón porque yo tenía una ilusión en esta vida que era ser madre. Me quedé embarazada. Tuve a mi hijo, que es lo más grande del mundo», relata orgullosa la atleta. Pero después de ese momento único en la vida, se llevó otro golpe.

«Cuando ya iba a reanudar la actividad deportiva a mi padre le diagnosticaron un cáncer de pulmón y me dediqué a él y a su recta final. Cuando mi padre falleció, después de pasar unas situaciones tremendamente duras, la herramienta fundamental para mí fue enlazar de nuevo con el deporte, que era lo que me hacía sentirme bien», dice.

Una vida totalmente activa

Su nueva etapa deportiva se abrió en el atletismo, que encajaba con su condición física. Y ya fue parte fundamental siempre su entrenadora Isabel Varela, también lanzadora profesional. Una dupla irreductible. Por el camino a la City, además de varios récords y éxitos nacionales, añadió a su palmarés un bronce en lanzamiento de peso en el campeonato de Europa de 2010. «El camino a veces no fue, ni es, de piedras, sino de montañas y estoy muy orgullosa de lo que hemos y de lo que podemos hacer aún», subraya respecto a un recorrido que les llevó a Londres 2012, donde cumplió su «segundo gran sueño que era participar en unas Paralimpiadas».

Ruth disfrutó aquella experiencia ya desde la misma inauguración. Dice que la emoción le empujaba hacia una mezcla entre el llanto y la sonrisa. «Los Juegos de Londres me enriquecieron como persona, me motivaron y me hicieron pensar que vale la pena la lucha para seguir», explica la valenciana, quien después de un tiempo de reflexión tras «la competición de competiciones», valorando lo que tuvo que pelear para llegar con obstáculos y éxitos, ha regresado a los entrenamientos y asegura sobre Río 2016 que «por supuesto que lo busco y lo lucho cada día».

Repetirá un camino duro. No es fácil compaginar la vida personal como madre y ama de casa y prepararse para campeonatos nacionales, europeos y mundiales en el camino paralímpico. Ruth tiene una pensión por invalidez y tiene el apoyo de su madre y familia y de gente que le respalda de forma altruista. Su lucha pasa por mantener el bienestar para su familia y para su carrera deportiva. Un reto diario que sale de su bolsillo.

Apunta Ruth que su Federación hace lo que puede. No tiene queja. Pero llama a una mayor ayuda pública o de empresas y marcas para los deportistas que no tienen el merecido reconocimiento. La atleta lo tiene claro: si tuviesen ese apoyo lo éxitos aumentarían considerablemente.

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