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¿Es viable que las FARC participen en la vida política de Colombia?

Gobierno y guerrilla han dado los pasos para que los rebeldes puedan aspirar de nuevo al Congreso, pese al fantasma de la Unión Patriótica

alejandra de vengoechea - Actualizado: Guardado en: Internacional

No es nuevo que los guerrilleros accedan a la vida política tras negociar la paz. Irlanda del Norte, El Salvador, Nicaragua y Suráfrica son ejemplo de ello. Colombia no ha sido la excepción. Varias veces se ha intentado involucrar a las guerrillas en la política. Y la esta semana pasada, el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la primera guerrilla del país, lo pactaron otra vez: una vez dejen las armas y se desmovilicen tras más de 50 años en conflicto, las FARC podrán aspirar al Congreso y a otros trabajos públicos. El Gobierno, por su parte, les dará garantías políticas para hacer oposición, acceder a los medios de comunicación y no perseguirlos.

¿Cómo no ser optimistas? Según una encuesta publicada el pasado viernes por el Centro Nacional de Consultoría (CNC), tras firmarse el segundo de los seis puntos que se están negociando con las FARC desde hace un año en La Habana (Cuba), el 52% de los colombianos se mostró optimista -frente a un 39% que lo estaba meses atrás- y el 64% respaldó la decisión del presidente Juan Manuel Santos de seguir dialogando y no suspender las conversaciones. A Santos el anuncio le sirvió: . el apoyo a su gestión pasó del 41% al 55%

«En los 80 se perdió la oportunidad de llegar a un acuerdo político viable»Pero pasar del papel a los hechos es complejo. En 1984, durante un cese el fuego, las FARC formaron el partido político Unión Patriótica (UP). El acuerdo era claro: si el partido ganaba adeptos y puestos políticos, la guerrilla no tendría más motivo para seguir imponiendo las ideas políticas a través de las armas. El Estado prometió protegerlos.

durante esta tregua las FARC se mantuvieron armadas. Al mismo tiempo, algunos líderes rebeldes vieron la UP como el vehículo ideal para difundir su mensaje en las ciudades y reclutar más adeptos. Cuando los candidatos del partido empezaron a ganar las elecciones -en 1985 la UP logró sorprendentes resultados electorales (5 senadores, 9 representantes, 23 alcaldes, 14 diputados y 351 concejales) -, la extrema derecha acusó a la UP de estar pavimentando la vía para tomar el poder por la fuerza. El resultado fue un baño de sangre que el Gobierno colombiano poco o nada hizo para frenarlo.Pero, a diferencia de otros grupos que han depuesto las armas antes de saltar a la política,

Genocidio político

Tres mil miembros de la UP fueron asesinados, incluidos dos candidatos presidenciales. Las organizaciones de derechos humanos lo catalogaron como un genocidio político. Para salvar sus vidas,muchos líderes políticos regresaron a las selvas y salieron del país.

«Para los partidos de izquierda fue una esperanza perdida. En los ochenta se perdió la oportunidad de llegar a un acuerdo político viable con la izquierda», explicó el periodista Steven Dudley, el autor de «Armas y Urnas», uno de los libros que mejor explica la historia del fracaso de la UP.

Iván Márquez, uno de los jefes negociadores de las FARC en La Habana, fue congresista por la UP. Por las amenazas renunció a su puesto en el Congreso y volvió a las selvas a combatir. «Las FARC no volverán a pasar por el mismo infierno», ha dicho desde La Habana.

«Debes tener la piel dura, como la de un rinoceronte»Entonces ¿por qué volver a comprometerse en lo mismo, dado este antecedente? El panorama político y militar colombiano ha cambiado radicalmente desde los ochenta. Las FARC de hoy son la mitad de lo que eran -de 16.000 han pasado a los 8.000 hombres- y están replegadas pues perdieron a sus líderes históricos, entre ellos Manuel Marulanda Vélez, Alfonso Cano y el Mono Jojoy. Los grupos paramilitares que masacraron a las FARC y la UP en los ochenta se han desmovilizado. Incluso varios grupos rebeldes menores han firmado tratados de paz y muchos de sus miembros, como el actual alcalde de Bogotá, Gustavo Petro -exguerrillero del extinto M-19-, ocupan altos cargos políticos.

Todo lo anterior no quiere decir que hacer política desde la izquierda sea fácil. «Debes tener la piel dura, como la de un rinoceronte», dijo recientemente el congresista Iván Cepeda, hijo de Manuel Cepeda, senador de la UP asesinado. «Recibo amenazas de muerte cada semana. Vivo rodeado de guardaespaldas», agregó.

Estatus legal de la UP

Está claro que el Gobierno colombiano es más que consciente de que debe aprender de los errores. Hace unos meses hubo una ceremonia en el Congreso en la que el Ejecutivo pidió formalmente perdón por la muerte de Cepeda, quien fue asesinado en 1994 por agentes de seguridad del Estado. En julio pasado, la Justicia le devolvió el estatus legal a la UP. Pequeños pasos que se fueron dando para lograr lo que se firmó la semana pasada en la Habana: que las FARC puedan acceder a la política otra vez pese al fantasma de la UP.

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