Historia

El enigma sin resolver del destructor de la IIGM en el que desaparecieron misteriosamente 130 marineros

El 3 de enero de 1944, el «USS Turner» se fue a pique cerca de Nueva York por tres raras explosiones. De los 300 tripulantes, casi la mitad se esfumaron en las aguas. Ahora, un investigador dice haber hallado sus restos

USS Turner
USS Turner - ABC
ABC HISTORIA Madrid - Actualizado: Guardado en: Historia

Corría 1944 (el año del Desembarco de Normandía y del comienzo del fin de la Alemania nazi) cuando un terrible suceso conmocionó al ejército de los Estados Unidos. El 3 de enero de ese mismo año, varias explosiones (cuyo origen no ha sido hoy determinado) se llevaron al fondo del mar al «USS Turner» (D-6648), un destructor de la marina que apenas había superado los 10 meses en servicio. Su lugar de descanso eterno fueron las cercanías del puerto de Nueva York (en Sandy Hook). Y la causa, a día de hoy, sigue siendo un misterio que desconcierta a los expertos.

¿Sabotaje? ¿Error humano? ¿Un submarino alemán que consiguió llegar más allá de lo que jamás cupiera en la cabeza de ningún capitán? El enigma de este navío ya se ha convertido en uno de los más destacados de la historia de los EEUU y se ha sumado a tantos otros como el «Experimento Philadelphia» (un presunto plan oculto de los americanos para dar a uno de sus buques la capacidad de ser invisible mediante radiación). Sin embargo, el problema del «USS Turner» no es solo que descanse en el fondo de las aguas por una causa desconocida, sino que -además- lo hizo llevándose consigo las almas de casi la mitad de la tripulación: 130 marineros cuyos cuerpos jamás fueron hallados.

Al menos, hasta el año pasado. Y es que, en noviembre, un investigador llamado Ted Darcy afirmó haber encontrado los restos de cuatro de esos marineros desaparecidos en un cementerio cercano. ¿Misterio resuelto? Parece que no ya que, desde entonces, el Pentágono le ha puesto miles de trabas para hacer las pruebas pertienentes que desvelen, de una vez por todas, la verdad. Ahora, en pleno 2017, el experto señala que en el dicho cementerio podría haber muchos más norteamericanos del «Turner» sin identificar, y pretende solicitar su exhumación.

Nacimiento y explosión

Para hallar el nacimiento de este misterio es necesario empezar como todas las buenas historias: por el principio. En este caso, la creación del buque. El «USS Turner» fue lanzado al mar el 28 de febrero de 1943 y, a partir del 15 de abril de ese mismo año, pasó a los mandos de Henry S. Wygant. Después de que se terminara de equipar, el bajel participó allá por principios de junio en un entrenamiento antisubmarino. El día 9 regresó a Nueva York, donde fue asignado a un «crucero» de entrenamiento de tres días. Cumplió su misión satisfactoriamente y, el 22 de junio, participó en su primera misión de guerra.

Como era habitual por entonces, sirvió de escolta para los convoys que debían cruzar el Atlántico para nutrir de armas, alimentos y pertrechos a los aliados ubicados al otro lado del charco. Su primer trayecto fue impecable y, a partir de ese punto, se dedicó a seguir haciendo esos viajes. Así pasó por territorios como Cuba, Casablanca o Gibraltar.

El 23 de octubre, el «USS Turner» vivió una de sus jornadas más destacadas (militarmente hablando) cuando, en plena noche y mientras escoltaba un convoy, se topó con un U-Boat germano en superficie. Cuando el blanco se hallaba a unos 500 metros de distancia, el crucero abrió fuego con sus cañones.

Tal y como se explica en los archivos navales, el destructor impactó en la torre del submarino, y varias veces más en otros tantos lugares. Para su desgracia, el U-Boat logró sumergirse y trató de huir, a lo que el «Turner» respondió disparando varias cargas de profundidad sobre él. Jamás se supo si el navío germano había sido hundido, pero el capitán asuguró que había sido severamente dañado.

Todo parecía dicha en la historia de este navío. Y así fue hasta el tres de enero, apenas una jornada después de llegar a Sandy Hook, en la costa de Nueva Jersey. Aquel día ocurrió el desastre.

Tal y como se explica en la obra «The United States Coast Guard in World War II» aproximadamente a las 6:15 de la mañana una tremenda explosión que provenía del interior del casco sacudió al «Turner». Esta fue seguida de varias más pequeñas que sacudieron el puerto. Finalmente, todo terminó con una brutal explosión que empezó a hundir el navío a eso de las 7:50.

A pesar de que una parte del bajel permaneció sobre las aguas hasta las 8:27, el «USS Turner» terminó yéndose al fondo del mar con sus aproximadamente 300 tripulantes. De ellos, más de la mitad (vivos o muertos) fueron rescatados en una operación de salvamento que duró un año, pero otros tantos (15 oficiales y 123 tripulantes) desaparecieron. De nada sirvió tratar de buscar sus cuerpos, pues jamás se supo a dónde diantres habían ido a parar. Fue todo un misterio.

¿Encontrados?

Ahora, en pleno 2017, el investigador Ted Darcy está tratando de desentrañar qué pasó con aquellos cadáveres. El año pasado, por ejemplo, desveló que -según una serie de informes que ha podido encontrar- varios de los fallecidos fueron enterrados en el cementerio militar de Ling Island (en Nueva York) después de que se rescataran sus cadáveres del agua. Aunque eso sí, fueron inhumados bajo las letras de «Desconocido». Ahora, con un año más en los archivos, este experto se atreve a sentenciar que una buena parte del resto de los desaparecidos podrían estar también en esos nichos de descanso eterno.

Después de que Darcy informara el pasado noviembre de sus hallazgos, el Pentágono puso trabas al investigador señalando que era imposible identificar aquellos cadáveres debido a que los informes del cementerio habían desaparecido. Sin embargo, en los últimos días la Agencia POW/MIA (prisioneros de Guerra y Caídos en Combate) ha señalado que está «tomando las medidas necesarias para llevar a cabo las investigaciones pertinentes en los archivos» para dar con dichos informes. Todo un reto al Estado.

Por su parte, Darcy y los descendientes de aquellos marinos desaparecidos esperan ansiosos los resultados de la búsqueda de archivos, así como de las futuras identificaciones de los caídos. Todo ello, para que sus parientes sean enterrados finalmente en cementerios militares, y con honores. «Me gustaría cerrar esto de una vez. Averiguar quien está en esas tumbas», explicaba a AP Richard Duffy, un mecánico jubilado de 61 años que recibió el nombre de su tío caído.

Margaret Duffy Sickles no tenía ni 5 años cuando su familia, en Nueva York, recibió la noticia de que su hermano, el bombero de primera clase de 18 años de edad Richard Duffy, estaba entre los desaparecidos. Después de leer la historia en noviembre, buscó la ayuda de la delegación del Congreso de Nueva York, esperando que pudiera persuadir al Pentágono para que intente identificar los restos enterrados en Long Island.

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