Espectáculos

null

Hemeroteca > 05/09/2007 > 

Seis brochazos para un retrato abstracto de Bob Dylan

E. RODRÍGUEZ MARCHANTEENVIADO ESPECIALVENECIA. No habrá en el mundo ni un centenar de personas que no conozcan a Bob Dylan. Vale. Y al mismo tiempo, seguro que no llega a la docena los que lo conocen

Actualizado 05/09/2007 - 11:00:01
Cate Bllanchett, caracterizado como Bob Dylan, en la película
Cate Bllanchett, caracterizado como Bob Dylan, en la película
No habrá en el mundo ni un centenar de personas que no conozcan a Bob Dylan. Vale. Y al mismo tiempo, seguro que no llega a la docena los que lo conocen. Un tipo diverso, huidizo, cambiante, difícil de atrapar con otra cosa que no sea el oído o el sentimiento. En esta película, «I´m not there», Todd Haynes (al que tal vez recuerden de aquella espléndida y genuina imitación del melodrama a lo Sirk titulada «Lejos del cielo») intenta la difícil empresa de enjaular a Dylan en una imagen, una definición o una biografía sin ni siquiera mencionarlo, sin que aparezca nada más que un refilón de su cara y de un par de canciones cantadas por él. El resultado es una película o un lienzo tan extraño como genial, tan abstracto como concreto, tan disperso como elocuente, tan entretenido como a veces incomprensible o soporífero. Dice el título: «Yo no estoy ahí», pero el título miente, ya lo creo que miente.
Para hacerse una idea de hasta qué punto hay que abrirle la puerta de la imaginación al experimento de Haynes, diremos que uno de los que interpreta a Bob Dylan, a algún aspecto de su vida o de su arte, es la actriz Cate Blanchett, y otro, un niño negro que dice llamarse Woody Guthrie y vagabundea por los trenes como Huckleberry Fynn. Media docena de personajes y de peripecias vitales se cruzan sin semáforos en el intento de que todo ello exhale el alma de Dylan.
Christian Bale interpreta a Jack Rollins, cantautor, prototipo de la conciencia americana, reconvertido en los ochenta en pastor y cantor de salmos. Preciosa historia la que se nos cuenta de una estrella del cine, que interpreta Heath Ledger, y de su caída en picado en el dinero, en el éxito, en la infelicidad y en la ruptura con su familia. La psicodelia. El blues. Nixon. Vietnam. El poder negro. Cristo. La poesía (uno de los personajes se llama Rimbaud y lo interpreta con cara de loco Ben Whishaw). Y finalmente el país, los tiempos que están cambiando, el olor a la nostalgia del western en un tramo que interpreta Richard Gere unido genética y geográficamente a ese Huck Fynn...
Tod Haynes hace, pues, más que una película: compone un lienzo, con el que se podrá o no estar de acuerdo, pero que es sin duda un retrato de un tipo que ni aparece por allí, que es el todo pero ninguna de las partes. Podría haberlo hecho de otro modo, con otros materiales más reconocibles o próximos, con otra música y otra letra, pero dudo de que lo que hubiera conseguido se asemejara más a Bob Dylan, o que adquiriera la misma intensidad que consigue así. Un Dylan abstracto pero hecho a brochazos de realismo.
Además de Todd Haynes, se presentaba a la competición como director Lee Kang-sheng, hasta ahora actor fetiche de Tsai Ming-liang (aunque suene a broma, es uno de los directores de prestigio del cine chino o taiwanés), con una película titulada «Help me Eros», y que era un calco de las que suele hacer el propio Ming-liang: la protagoniza igualmente Lee Kang y ocurre lo de siempre, fuma que te fuma, algunas veces en calzoncillos y otras sin él, mientras sufre unos brutales ataques de depresión por algo que generalmente ni sabes ni te importa. Todo ello, encuadrado con enorme voluntad estética y en planos que duran más que los pitillos que devora. Hay alguna escena como de sexo en la que lo único verdadero que ocurre es el cigarro que se fuman después. Pues así llevamos ya varias trilogías de Tsai Ming-liang, al que se le une ahora como creador Lee Kang-sheng. Estamos de suerte.
Y la guinda era una película italiana, «Il dolce e l´amaro», de Andrea Porporati, en la que se cuenta en plan sobremesa una historia de mafiosos con la particularidad de que es la misma historia de siempre contada desde el habitual punto de vista, de la fascinación al repudio, o sea, como Scorsese en «Uno de los nuestros». No queda más espacio, pero si quedara, tampoco tendríamos mucho más que decir de ella (dicho sea con «el respeto» debido, que esto está lleno de canales).
2068/bobdylan.flv
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.