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Segunda Guerra Mundial

Así iban equipados los paracaidistas de la 101ª División Aerotransportada en el Desembarco de Normandía

Armas, uniforme… Descubre todo lo que portaban consigo estos soldados norteamericanos durante el Día D

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La 101ª, una unidad con una cita histórica

Miembros de la 101ª, antes de subir a un avión- WIKIMEDIA
MANUEL P. VILLATORO - @abc_es - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

Héroes para muchos, enemigos para unos pocos. La 101ª División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos se ha hecho famosa en los últimos años gracias a que su historia se ha dado a conocer en todo tipo de series y películas. No es para menos, pues sus paracaidistas tuvieron que enfrentarse solos, y tras las líenas enemigas, a miles de soldados alemanes durante el Desembarco de Normandía. Sin embargo, salieron victoriosos gracias a su audacia, a su entrenamiento y a la ingente cantidad de equipo que portaban encima (el cuál podía llegar a pesar 50 kilos).

Para hallar el origen de la 101ª División Aerotransportada (más conocida como la de las «Águilas aulladoras») es necesario viajar en el tiempo hasta Alemania poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces cuando William C. Lee, un agregado militar estadounidense en la región germana, observó como Adolf Hitler entrenaba a cientos de hombres de sus fuerzas armadas para que atacasen –paracaídas mediante- al enemigo desde el aire. La idea le entusiasmó y, casi instantáneamente, se plantó frente al despacho de su superior con el objetivo de copiarla.

101 Airborne Girona en el 70 aniversario de la batalla de Normandia

«Lee regesó a Wahington como comandante. Todavía estaba encaprichado con lo que hacía el ejército alemán con sus fuerzas aerotransportadas», explica el «General William C. Lee Airborne Museum» en su página oficial. Desde ese momento, comenzó una lucha contra sus mandos para favorecer la creación de una fuerza similar en Estados Unidos. La tarea no fue sencilla pero, finalmente, el presidente Roosevelt admitió sus deseos y le ordenó planificar de inmediato una división aerotransportada. La futura 101ª.

«El primer grupo aerotransportado fue organizado por el mayor Lee como comandante. Se puede decir que se convirtió en el padre de estas unidades estadounidenses», añade el organismo oficial. No pasó mucho tiempo hasta que, el 16 de agosto de 1942, se activó en el corazón de Lousiana (al sur de los Estados Unidos) la 101ª División en el Campamento Claiborne. Por entonces, los norteamericanos contaban ya casi 8 meses inmersos en la Segunda Guerra Mundial -un tiempo muy inferior a los tres años que llevaban de contienda en Europa contra los nazis-

Aquella jornada, los soldados sabían que su unidad carecía de un largo recorrido militar (algo que sí sucedía con otras como la 1ª División de Infantería, la cual había sido fundada en 1917 y había combatido en la Primera Guerra Mundial) pero sí conocían la importancia que tendrían en el futuro. Y si no, ya estaba allí el general Lee para que no se les olvidase: «La 101.ª […] no tiene historia, pero tiene una cita con el destino. Como los antiguos pioneros americanos, cuyo coraje invencible fue la piedra sobre la que se fundó esta nación, hemos roto con las tradiciones pasadas para dar paso al futuro»

Paracaidista con thompson y paracaidas listo para embarcar.JPG

Lee, curtido en mil batallas, ya parecía suponer lo que, años después, se les echaría encima durante el Desembarco de Normandía. «Debido al carácter de nuestro armamento y a las tácticas que nosotros mismos perfeccionaremos, seremos llamados a realizar misiones de gran importancia militar y acudiremos a la contienda cuando la necesidad sea inmediata y extrema. Permitidme hacer notar que nuestro emblema es el águila americana. Esta insignia es perfecta para una división que acabará con sus enemigos cayendo sobre ellos desde el cielo como un rayo», añadió en su discurso.

La misión más destacada de la 101ª

Si por una misión es recordada la 101ª División Aerotransportada es por el Desembarco de Normandía, la operación mediante la que los aliados pretendían liberar Francia del yugo alemán desembarcando en varias playas ubicadas al norte del país. Aquel 6 de junio de 1944, esta unidad fue lanzada tras las líneas enemigas en la playa de Utha (al oeste) con las órdenes de tomar varios puentes clave. El objetivo no era otro que causar el caos, eliminar las defensas de retaguardia nazis, resistir hasta la llegada de sus compañeros y evitar que los enemigos enviasen refuerzos a los germanos ubicados en la costa. Fácil de decir, pero muy complicado de llevar a cabo.

El Día D, los soldados de la 101ª estaban listos para desplegarse y demostrar que habían aprovechado al máximo sus años de entrenamiento. Desgraciadamente, la primera mala noticia les llegó antes de subirse a los aviones de transporte. Y es que, les informaron de que deberían saltar sobre Normandía sin su «padre» ideológico, el general Lee, pues había sido mandado a su hogar debido a un ataque al corazón. En su sustitución, los mandos enviaron al no menos preparado Mayor General Taylor, de 43 años y fogueado hasta la saciedad en varios frentes. Éste se lanzó al vacío junto a 6.700 de sus hombres en el sector ubicado más al sur este de Utha.

La llegada a Normandía

Con o sin Lee, la 101ª tenía una cita con el destino, y la cumplió cuando –en la noche del 5 de junio de 1944- sus hombres iniciaron el camino a la batalla. Según habían establecido los mandos, el grueso de las tropas aerotransportadas fueron precedidas por los denominados «Pathfinders» (o guías), un centenar de valientes cuya misión consistió en lanzarse a ciegas sobre una serie de puntos estratégicos para, posteriormente, realizar señales a los aeroplanos aliados. La idea era que, mediante una serie de luces, sus compañeros aterrizaran en lugares seguros y no sobre posiciones tomados por los alemanes.

Sin embargo, asegurar el camino a sus compañeros implicaba poner en riesgo su propia vida, algo que vivieron en persona militares como el soldado Robert M. Murphy, de apenas 18 años. Este joven cayó, como tantos otros, lejos de su objetivo y no tuvo más remedio que partir sólo y sin apoyo hasta el emplazamiento que tenía que señalizar.

Miembros de la 101 Airborne Girona Reenactment Group

«Los exploradores saltaron a lo largo de toda la zona, algunos desde solo 100 metros de altura. La misión de esta vanguardia de la invasión, compuesta por un grupo de voluntarios, era señalar las zonas de “lanzamiento” a los planeadores en un área de 80 kilómetros cuadrados, situada en la Península de Cherburgo», explica Cornelius Ryan (presente en el Día D) en su libro «El día más largo».

A pesar de que toda la 101ª se hallaba en sumo riesgo aquel día (los mandos previeron un 80% de bajas en la división), los que más peligro corrían eran estos guías voluntarios. Y es que, para poder ser lanzados sin que los alemanes les detectaran, sus aviones se vieron obligados a surcar el cielo a gran velocidad. Esto provocó que la mayoría aterrizaran en zonas erróneas, que se dieran de bruces contra los nazis al pisar el suelo e, incluso, que algunos cayeran en un campo de minas antipersona. Un ejemplo de lo sucedido lo sufrió el sargento Delbert Jones, cuyo transporte fue alcanzando antes de que pudiera saltar.

Tampoco se libró de un buen susto Adrian Doss, quien pudo salir del aparato, pero vio como los cañones que disparaban desde el suelo le agujerearon el paracaídas y el equipo que portaba en sus piernas. Por suerte, ninguna bala le dio. «El fuego antiaéreo era tan intenso que muchos aviones se vieron obligados a desviar la ruta. Solamente 38 de los 120 paracaidistas tomaron tierra en sus objetivos. El resto lo hizo a kilómetros de distancia», determina el autor.

Miembro del grupo de recreación en una de las playas en las que se realizó el desembarco

Una vez que los guías establecieron los lugares de lanzamiento, le llegó el turno a la fuerza paracaidista principal, la cual fue arrojada al suelo en planeadores o en paracaídas. Como era de esperar, su aterrizaje no fue más sencillo. De hecho, el salto masivo y descontrolado dio como resultado una amalgama de situaciones trágicas. Entre ellas, muchos soldados de la 101ª no podrán olvidar como sus amigos cayeron en un lodazal y se ahogaron al no poder alzar la cabeza para respirar debido al peso.

El resto, como suele decirse, es historia. Toma de puentes, defensas a ultranza y, en definitiva, un trabajo bien hecho que cortó las comunicaciones e impidió a los alemanes enviar refuerzos a las playas de Normandía. Tras aquellas jornada, todos los miembros de la 101ª pasaron a la historia –vivos o muertos- como grandes héroes.

Recreando a la 101ª División Aerotransportada en Girona

El uniforme de la 101ª Aerotransportada

Miembro del grupo de recreación en una de las posiciones tomadas por la 101ª en Normandía- «101 Airborne Girona Reenactment Group»
MANUEL P. VILLATORO - @abc_es - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

Si por algo se destacó la 101ª División Aerotransportada fue por su uniforme básico, el cual estaba formado por varias piezas que iban desde la guerrera, hasta los guates de paracaidista. Curiosamente, y debido a que era una unidad de reciente creación, contó con material nuevo o modificado expresamente para sus futuras misiones (algo que hacía que destacasen sobre el resto de los soldados del ejército norteamericano). Su uniforme básico estaba formado por:

Chaqueta y pantalón de paracaidista M (Modelo) 1942.

Durante el Desembarco de Normandía, los miembros de la 101ª División Aerotransportada contaron con un uniforme norteamericano totalmente nuevo. «El M1942 es el más asociado a la 101ª, pero lo cierto es que únicamente se usó durante el Día D. Se estrenó allí y ya no se usó más. A finales de agosto lo cambiaron por el M1943, que era utilizado por todo el ejército (incluidos los Rangers) y permitía homogeneizar la producción. Parece que, como era unidad totalmente nueva, también innovaron en el uniforme», explica, en declaraciones ABC, Leandro Aguilera, miembro del grupo de Recreación Histórica «101 Airborne Girona Reenactment Group»

La pieza más destacada de este uniforme era el pantalón, el cual era de un color caqui y contaba con unos refuerzos de tela en tonos oliva por encima de las rodillas para evitar roturas (las cuales se producían a la hora de arrastrarse por el campo de batalla). Entre sus características más destacadas, contaba con un cordón en la parte superior de los bolsillos para cerrarlos con un nudo y evitar que, durante el salto, se saliese su congtenido. «Era una medida de seguridad algo improvisada. Todo se debió a que los bolsillos eran de clip y tendían a abrirse en el aire», destaca el experto.

Uniforme M43 (izquierda) y M42 (derecha) junto al equipo de un paracaidista

La chaqueta era también de color caqui y contaba con refuerzos de tono verde oliva a la altura de los codos. Esta prenda tenía con cuatro bolsillos en el frente, se cerraba mediante una cremallera y se ceñía mediante un pequeño cinturón de tela que se ubicaba por encima de los riñones.

No era raro que los paracaidistas cosieran varios bolsillos más a esta prenda, pues para ellos era vital cargar, cuanto más cosas, mejor. «Les añadían más en la parte de atrás o por dentro (los cuales utilizaban para guardar tabaco). Hay que tener en cuenta que ellos disponían en batalla de lo que llevaran consigo al lanzarse tras las líneas enemigas, por lo que, contra más cosas pudieran cargar, mejor», añade el miembro de la «101 Airborne Girona Reenactment Group»

En palabras de Aguilera, con los paracaidistas de la Segunda Guerra Mundial sucedía lo mismo que hoy en día cuando nos vamos de vacaciones: «En el Desembarco de Normandía la mayoría llevaban entre 30 y 45 kilos de peso en equipo sin contar con las armas. Les pasaba lo mismo que a nosotros cuando hacemos un viaje. Nosotros metemos en la maleta un jersey por si hace frío, un bañador por si hace calor… Ellos solo dispondrían de aquello con lo que se lanzaban, así que llevaban de todo».

Esta necesidad imperiosa de añadir bolsillos para guardar objetos agudizó el ingenio de los paracaidistas de la 101ª. «Uno de los lugares más curiosos para cargar un utensilio era un pequeño bolsillo que enganchaban con una cuerda a la hombrera. Dentro llevaban una pequeña navaja automática muy característica que usaban para cortar la cuerda del paracaids si este se enganchaba», completa Aguilera.

Botas de paracaidista

Las botas altas que acompañaban al uniforme M1942 fueron una de las múltiples enseñas de los paracaidistas estadounidenses. A la 101ª le fueron entregadas de la marca «Corcoran» (una firma que sigue utilizándose a día de hoy) y en color marrón chocolate. Este tono destacaba sobre las del resto de soldados, quienes las portaban negras. Su principal característica es que contaban con 12 agujeros, algo que, nuevamente, marcaba la diferencia sobre el resto de militares del ejército de los Estados Unidos.

«Este tipo de bota era utilizado únicamente por los paracaidistas y algunas unidades de los Rangers. Para ellos era todo un orgullo llevarlas. A su vez, se distinguieron más todavía del resto de militares al meterse las botas por dentro del pantalón, algo que sólo podían hacer cuando terminaban el curso de paracaidismo. De hecho, llamaban al resto de militares “piernas rectas” porque llevaban el pantalón por fuera de la bota», destaca Aguilera. Este tipo se siguió utilizando hasta la llegada del uniforme M1943 (momento en el que fueron cambiadas por un modelo más estándar y en negro).

Guantes

Al igual que la mayoría de los elementos de su uniforme, los paracaidistas de la 101ª portaban unos guantes únicos a los que no tenía acceso ninguna otra unidad. Éstos estaban elaborados en piel, eran de color amarillo y se ceñían a la muñeca. Sus objetivos eran los obvios: proteger a su portador del frío y evitar las quemaduras producidas .por ejemplo- por la fricción con las cuerdas del paracaídas.

Guantes de paracaidista

Casco modelo M1C

El casco de los paracaidistas de las 101ª era similar al estadounidense de infantería (modelo M1). Así pues, se componía de un sotocasco para cubrir la cabeza y el armazón de metal como tal. Éste solía ser de un color verdoso y, en el Desembarco de Normandía, llevaba un símbolo pintado dependiendo del regimentó al que pertenecía el soldado.

«Se completaba con una malla o red con cuadros de diferentes tamaños encima de la cual se ponían desde hojas, hasta tela de saco. La idea era romper el esquema y que, si un enemigo veía el casco a lo lejos, no distinguiera su color y su forma», explica el miembro del grupo de recreación histórica.

Casco m1 similar a los usados el Dia D

La principal característica de este casco se hallaba en su barbuquejo (la cuerda que se ajustaba al mentón o la barbilla para evitar el movimiento). Esto se debía a que, tal y como explica Aguilera, contaba con un refuerzo de piel para evitar que se cayera. «Cuando un paracaidista salta al vacío y abre el paracaídas, el tirón es muy fuerte y el casco puede salir volando. Con el refuerzo no salía despedido, pero era tan incómodo que, cuando llegaban a tierra, lo quitaban. Como curiosidad podríamos decir que, en los entrenamientos, los paracaidistas usaron cascos de fútbol americano por su resistencia y su funcionalidad», explica el español.

Correajes y objetos de uso cotidiano

Trinchas M36 montadas- «101 Airborne Girona Reenactment Group»
MANUEL P. VILLATORO - @abc_es - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

Sobre la guerrera y los pantalones, los paracaidistas de la 101ª cargaban todo tipo de elementos de uso cotidiano (los cuales iban desde cantimploras hasta tabaco) sujetos al uniforme a través de diferentes correajes. Entre estos se destacaba el ceñidor (un cinturón grueso sobre el que iban enganchados todo tipo de elementos) y las trinchas (dos tiras de tela similares a los tirantes). «Había dos tipos de ceñidores, el M1936 (que no venía incorporado con nada y sólo tenía agujeros para colgar cosas) y el M1917 (que podía llevar hasta 10 cargadores del fusil básico). Los paracaidistas alternaron uno con otro», destaca Aguilera.

Ceñidor

En el ceñidor iban colgados los siguientes elementos:

1-Pala: Eran utilizadas principalmente para cavar trincheras o «fabricar» una posición de tirador de forma veloz. Solían ser bastante pesadas y había dos modelos: la M1910 (usada en la Primera Guerra Mundial) y la M1943 (que destacaba por ser plegable).

«Como curiosidad hay que decir que, como eran bastante largas, los paracaidistas las solían recortar para que, al caer después del salto, el mango no golpeara contra el sueño y les hiciera daño», explica el miembro del «101 Airborne Girona Reenactment Group»

2-Cantimplora: En palabras de Aguilera, era el modelo 1910 y contaba con tres partes. La primera era la funda de transporte; la segunda, un vaso que les servía para beber o hacía las veces de plato para sopa y, finalmente, la cantimplora como tal.

3-Pistolera: Usualmente no venía con el uniforme, pues los paracaidistas no iban equipados con pistolas, pero todos se solían hacer con una por seguridad personal.

4-Cargadores extra para la pistola.

5-Kit de primeros auxilios: «El kit era el modelo M1942. Era una pequeña bolsa de tela que se colgaba en la parte de atrás del ceñidor. En él portaban una venda compresiva y un paquete de sulfamida, una sustancia que echaban siempre cuando se producía una herida y que ayudaba a que se dejases de sangrar», añade Aguilera.

6-Brújula.

7-Portagranadas: A pesar de que su nombre suena muy técnico, este accesorio no era más que una bolsa que se cerraba con un nudo. Su objetivo, eso sí, era el de guardar las granadas que los soldados llevaban a la batalla. Con todo, y tal y como señala el miembro del grupo de recreación, no era nada estético, aunque cumplía su función: «Afea bastante el uniforme, pero lo utilizaron mucho».

8-Bayoneta: La portaban sólo aquellos armados con el fusil M1 Garand (el más utilizado por el ejército norteamericano). Al igual que para el arma que estaba diseñada, se llamaba «Bayoneta M1».

9-Otros objetos: Dependiendo de la función y el rango de cada soldado (si era, por ejemplo, oficial, sanitario o ingeniero), este podía llevar también enganchado al cinturón elementos como una bolsa para mapas, una linterna, un corta alambres, un kit de primeros auxilios, varias cargas explosivas y un largo pero que muy largo, etcétera.

Externamente (objetos enganchados mediante correajes de todo tipo)

1-Máscara antigás: Tal y como afirma Aguilera, las máscaras antigás de los paracaidistas de la 101ª eran del modelo M5 e iban dentro de una bolsa de caucho negro del modelo M7. «La llevaban enganchada a la pierna para ahorrar espacio, pero cuando aterrizaron y vieron que los alemanes no habían usado armas químicas se desprendieron de ella porque pesaban bastante», explica Aguilera.

Funda de máscara antigás

2-Cuchillo de combate: «El cuchillo era del modelo M3 y de la marca “Camillus”. Los que lo llevaban se lo enganchaban con una correa en la pierna izquierda. Otros muchos llevaban uno de la Primera Guerra Mundial que incluía un puño americano», destaca el español.

3-Chaleco salvavidas: Uno de los objetos más valiosos para un paracaidista (al menos durante el salto al vacío) era el chaleco salvavidas, pues podía evitar que se ahogase si caía sobre agua profunda. El de la 101ª era de un clásico color amarillo y lo usaba también la fuerza aérea. Sólo servía durante la caída desde el avión, por lo que, al pisar tierra, se deshacían de él para evitar cargar con un peso excesivo que hiciera su paso más lento si cabe.

Cuchillo M3

«Un dato curioso es que los paracaidistas apodaron a sus salvavidas los “Mae West”, una actriz de la época que se caracterizaba por ser muy pechugona. Y es que, cuando abrían los chalecos y estos se hinchaban, parecían unos senos muy grandes», añade Aguilera.

4-Mochila: La llevaban a la espalda, era del modelo 1936 y era conocida como «Musette». No era muy querida porque, a pesar de que los paracaidistas necesitaban una gran cantidad de espacio, era más bien pequeña. No obstante, sólo disponían de esta, así que solía ser cargada desde con raciones de combate, hasta con ponchos para evitar la lluvia.

Musette

5-Funda para la Carabina M1: A aquellos que portaban esta arma se les entregaba también una funda especial para que, durante el salto, la llevaran plegada y atada a una pierna.

6-Dos paracaídas: Uno de los últimos elementos que nombramos, pero no por ello menos importante (más bien todo lo contrario). El paracaídas norteamericano era del modelo T5 y se caracterizaba por su gran tamaño «Llevaban dos: el principal, que iba en la espalda, y el de emergencia. Este tipo sólo fue utilizado por ellos y la verdad es que iba en una mochila bastante grande si lo comparamos con otras como las de los pilotos de caza de la época», añade Aguilera.

7-Brazaletes para detectar gases o armas químicas: Uno de los objetos más curiosos que portaban los paracaidistas era un brazalete hecho de un tipo de papel que, al entrar en contacto con algún gas peligroso, cambiaba de color. A pesar de que podía ser útil, el estar elaborado en papel hacía que se rompieran en poco tiempo (algo que era todavía más habitual en los paracaidistas, quienes solían golpearse contra todo tipo de objetos en su descenso).

8-Brújula de brazo: «Otro objeto bastante curioso era una pequeña brújula de la marca “Taylor” que se colgaban del brazo. Al igual que sucedía con otros elementos, la portaban ahí porque no tenían ningún otro sitio en el que llevarla», destaca Aguilera.

9-Cuerda: A pesar de lo inútil que puede parecer que un paracaidista lleve en su equipo una cuerda, lo cierto es que les era de mucha utilidad para subir paredes o bajar de un árbol si se quedaban colgados. Su peso era de unos tres kilos y su diámetro, de tres octavos en nomenclatura de los EE.UU.

10-Tabaco: El tabaco era un «arma» esencial durante la Segunda Guerra Mundial para los soldados. Y es que, aquellos que fumaban lo cambiaban por otras cosas para no verse obligados a pasar el síndrome de abstinencia, y. los que no, trapicheaban con él a precio de oro.

«Los cigarros se cotizaban mucho, no solo entre los soldados, sino entre la población de las ciudades que visitaban. De hecho, en aquella época era posible cambiar dos paquetes de tabaco americano por un pollo. También fumaban mucho tabaco de liar con papel que hoy en día se sigue vendiendo como OCB», añade el experto español.

Entre las marcas más cotizadas se encontraban:

-Lucky Strike.

-Pal Mal.

-Camel.

-Chesterfield.

-Philip Morris.

-Raleigh (una marca inglesa que, según afirma Aguiler, era bastante mala)

Otros objetos

1-Cada soldado con una función concreta portaba, además, otros objetos tales como el trípode o la munición (si eran parte de un pelotón de ametralladoras pesadas) o el tubo, la placa y los proyectiles (en el caso de que fueran armados con un mortero). «Una vez saltaban estaban solos, así que tenían que dividirse el peso lo más posible para poder cargar cuantas más cosas, mejor», destaca el experto.

2-Guía de conversación y costumbres en Inglaterra: Libro que se dio a los soldados americanos para facilitarles la adaptación a la vida inglesa desde 1942.

2-Guías de conversación para los países invadidos: «Eran unas guías con las frases habituales escritas fonéticamente para ayudar a los soldados americanos en sus conversaciones con la población civil», explica el miembro del grupo de recreación.

3-Mensaje de Eisenhower: Fue el mensaje que se repartió a todos los paracaidistas antes de partir hacia Normandía.

4-Mina Hawkins: «Mina de fabricación inglesa usada por las tropas aerotransportadas americanas», completa el experto.

Armamento básico

Recreación de un combate de la 101ª Aerotransportada- «101 Airborne Girona Reenactment Group»
MANUEL P. VILLATORO - @abc_es - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

El armamento básico de un paracaidista americano era de cuatro tipos: el fusil M1 Garand, la Carabina M1 y los subfusiles Thompson y M3. Al contrario de lo que nos muestran las películas, estas armas se repartían de forma indistinta entre la tropa y no solían entregarse (salvo excepciones) atendiendo al rango. Por ello, no era raro que un capitán o un soldado acudiera a la batalla portando cualquiera de las mismas.

Fusil M1 Garand

Llamado«Fusil Semiautomático M1 de Calibre 30». Dicha arma es una de las más conocidas del ejército norteamericano en lo que a la Segunda Guerra Mundial se refiere. Fue ideada en la década de 1930 por el ingeniero canadiense John Cancius Garand y no tardó en adquirir como sobrenombre el apellido de su creador -eso sí, después de que su uso se generalizara a partir de 1941-. Para muchos militares como George Patton este no solo fue el mejor fusil de la contienda, sino el más efectivo de la historia conocida hasta entonces.

Opiniones exageradas aparte, este fusil fue el primero de repetición repartido de forma masiva en un ejército. Esta característica fue toda una revolución para la época, pues era la única arma de dotación que, para hacer fuego, no tenía que ser amartillada tras cada disparo (cosa que sí sucedía en Gran Bretaña, Alemania y la U.R.S.S. con los Lee-Enfield, Kar 98 y Mosin-Nagant respectivamente). «Es cierto que los fusiles de cerrojo -de un solo disparo- tenían más precisión, pero la cadencia de fuego del M1 Garand era incomparable», explica Aguilera en declaraciones a ABC.

Soldado armado con un M1 Garand

A pesar de que el ejército adquirió este fusil en 1936, los militares no dispusieron de él hasta bien entrada la guerra (aproximadamente en 1942) debido a dificultades de producción entre Winchester y Springfield, las dos «casas» encargados de elaborarlo. A estos problemas se sumó la reticencia de algunos mandos específicos a asumirlo para sus tropas y jubilar el viejo M1903 de la Primera Guerra Mundial (de cerrojo). Sin embargo, cuando lo vieron en acción, los oficiales no pudieron resistirse a sus encantos.

«El que pudiera disparar 8 cartuchos sin necesidad de ser amartillado obligaba a los alemanes a enfrentarse a una oleada de balas. Eso sí, cuando se disparaba el último cartucho, el peine saltaba automáticamente, golpeaba el expulsor y hacía un sonido bastante fuerte. Este era el momento en que, si se daban cuenta, los alemanes podían saber que sus enemigos estaban recargando», explica el miembro del grupo de recreación «101 Airborne Girona Reenactment group».

Carabina M1

La Carabina M1 fue ideada entre 1930 y 1940 con el objetivo de dotar a determinados soldados del ejército estadounidense de un arma ligera que se encontrara a medio camino entre un fusil y un fusil. El objetivo era, concretamente, que unidades como los paracaidistas, los militares que portaban un bazuca o los ingenieros (entre otros) pudieran disponer de un elemento de defensa con más precisión que una pistola –muy poco precisa a larga distancia- y de menor peso que un M1 Garand.

Así nació esta carabina que, con menos de tres kilos de peso y un reducido tamaño, acompañaba perfectamente a todos aquellos soldados que no pudieran portar un fusil tan pesado como el M1. Disparaba munición de calibre 30, al igual que su hermano mayor, pero los cartuchos no contaban con el mismo diámetro, por lo que era imposible que una bala fuera compatible entre las dos armas. Avanzada la guerra se ideó el modelo M1A1, una evolución que, en lugar de contar con culata de madera, la tenía retráctil para que los paracaidistas pudieran portarla de una forma más sencilla.

Carabina modelo M1

«Desde los operadores de radio, hasta los ingenieros. Todos ellos portaban la Carabina M1. Hay que decir que, aunque se ideó un modelo con culata retráctil para los paracaidistas, estos acabaron llevando las dos (a pesar de la incomodidad de la que tenía culata fija). Usaba cargadores de 15 y, como curiosidad, llegó a ser fabricada por la empresa IBM. Su principal ventaja era su peso si la comparamos con el Garand», completa Aguilera.

Por otro lado, la carabina M1 era utilizada ampliamente por los oficiales, que la preferían por una sencilla razón… su escaso peso y lo fácil que era limpiarla. «Los oficiales solían quedarse en retaguardia y disparaban poco, por lo que preferían llevar algo ligero, y no un fusil que les terminara destrozando la espalda como el Garand. Al fin y al cabo, aunque no dispararan con ella más que una vez cada dos meses, la tenían que cargar todos los días y limpiar a menudo», añade el experto español consultado por ABC.

Subfusil Thompson

Además del M1 Garand, si hay otra arma que se ha ganado un hueco en la Historia gracias a la factoría Hollywood, esa es el subfusil Thompson. Conocida como «Tommy» o «Máquina de escribir» (debido al sonido que hacía al disparar), esta arma fue ideada en Norteamérica por un general estadounidense cuyo apellido terminó bautizándola. Podía usar cargadores de 20 o 30 cartuchos del calibre 45 y, en contra de lo que parece en las películas, era bastante aparatosa y pesada.

Subfusil Thompson modelo M1A1

«El subfusil Thompson se utilizó relativamente poco. Se podría decir que lo llevaban aproximadamente 3 de cada 100 soldados, y no tenía que ser portado necesariamente por un oficial. Además, no fue ideado para apuntar y disparar ráfagas a enemigos lejanos, sino para limpiar trincheras y descargar andanadas a “bulto”. Hay que darse cuenta de que era un arma que no estaba pensada para tener precisión -de hecho era bastante incómodo encarar con ella para apuntar- pero sí para apretar el gatillo y acabar con todo lo que se pusiera por delante en sitios cerrados», añade Aguilera.

Subfusil M3

Nacido bajo el nombre «United States Submachine Gun, Cal 45, M3», este subfusil apareció en 1942 para ser utilizado por todas aquellas tropas que necesitaran de un arma ligera para defenderse. Así pues, sus apenas 3,6 kilos (unas 8 libras) permitieron a las dotaciones de los carros de combate o a los paracaidistas disponer de un arma mucho más ligera que la «Thompson» y con una cadencia de fuego similar.

Su culata plegable y su cargador de 30 balas hacían las delicias de estos soldados, al menos en un principio, pues demostró ser absolutamente imprecisa en el campo de batalla. Tal y como afirma el «Springfield Armory Museum» en su página Web, los mandos conocían perfectamente sus debilidades pero, a pesar de todo (y después de hacer pruebas) se decidieron a implantarlo en ejército.

Subfusil M3

Sus carencias provocaron que se aconsejara su uso para el combate cercano (dentro de edificios, en trincheras etc.). En cualquiera de estos fines hacía un buen servicio, pero no pasaba lo mismo cuando había que meter entre pecho y espalda varios cartuchos a un enemigo alejado.

«Era conocido como la “máquina de engrasar” por su gran parecido. Era muy usada entre los paracaidistas porque era muy pequeña y manejable, pero su precisión era ínfima. A pesar de todo, disparaba, y eso era suficiente para muchos soldados. Además era sencilla y barata de fabricar, con lo que los mandos estaban encantados», añade Aguilera.

Armas cortas y de apoyo

Soldado de la 101ª armado con un bazuca M1A1- Salvar al Soldado Ryan
MANUEL P. VILLATORO - @abc_es - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

El arma corta del ejército de los Estados Unidos por excelencia era el Colt 1911, una pistola fiable y muy bien considerada por las tropas. En lo que se refiere a los utensilios de apoyo, los más utilizados por los paracaidistas eran el fusil automático BAR, la ametralladora pesada de calibre 30, y el bazuca M1A1. Finalmente, los militares tampoco desdeñaban la eficacia de una buena granada para limpiar posiciones enemigas, trincheras o pozos de tirador.

Armas cortas

1-Colt 1911

El Colt modelo 1911 vino al mundo a principios del SXX, época en la que Estados Unidos abrió un concurso entre las diferentes empresas armamentísticas para sustituir el viejo revólver Colt M1892 por una novedosa pistola automática con la que dotar a sus soldados. Finalmente, la ganadora fue la «Colt M1911 Automatic Pistol Cal.45», un arma casi infalible que disparaba cartuchos de calibre 45 (algo revolucionario para la época, pues por entonces lanzaban balas mucho más pequeñas).

Tal y como explica Aguilera, la pistola Colt no era un arma de dotación para los paracaidistas, pero todos solían hacerse con una debido a la seguridad que les daba portarla en combate. «Uno de los grandes miedos de los paracaidistas era quedarse colgados de un árbol y no poder usar el arma principal porque –en muchos casos- iba desmontada. Si llevaban un Colt podían defenderse en cuanto tocaban tierra o mientras trataban de liberarse», añade el miembro de este grupo de recreación.

Colt 1911 junto a su pistolera

Al igual que con la pistola, los paracaidistas solían «requisar» también pistoleras para el ceñidor o sobaqueras para portarlas en batalla. Estos accesorios estaban pensados realmente para las fuerzas aéreas o los carristas pero, en palabras de Aguilera, siempre lograban «sisar» alguna. «Podía almacenar 8 cartuchos, 7 en el cargador y uno en la recámara. Un siglo después se sigue utilizando por todo tipo de tiradores y fuerzas armadas. No es porque perteneciera a la unidad que recreo, pero lo cierto es que es una de las más bonitas del mundo», completa el experto.

Armas de apoyo

1-Fusil automático Browning

Los Browning Automatic Rifles (a menudo conocidos como BAR por sus siglas en inglés) nacieron de manos del ingeniero John Browning en 1917. En principio, fue ideado para servir de apoyo a las unidades de infantería, ya fuera disparando desde el hombro o, en su defecto, desde la cadera. Sin embargo, al entrar tarde en servicio sólo fue utilizado en el final de la Primera Guerra Mundial, tras la cual comenzó su desarrollo.

Hubo que esperar hasta 1939 para que el BAR viviera su mayor fama cundo empezó a producirse en Estados Unidos su versión definitiva: el M1918A2. Además de las mejoras en los diferentes mecanismos y en el peso, el modelo podía incluir también un bípode con el que el soldado hacía fuego constante sobre el enemigo de una forma más cómoda. Posteriormente, esta arma acompañó a los estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, aunque no era demasiado querida por los soldados (y menos aún por los paracaidistas), pues era sumamente pesada y difícil de controlar.

Browning Automatic Rifle

«La 101ª no usó el BAR en el Desembarco de Normandía, aunque posteriormente si fueron equipados con él. Su función era la de apoyar a la tropa con fuego pesado, aunque tenía un cargador demasiado corta de balas para ello (unas 20). Además, tenía una cadencia de disparo lenta. Como anécdota, con ametralladoras de este tipo mataron a Bonnie y Clyde», explica Aguilera.

2-Ametralladora Browning M1919

Además del apoyo ligero que podía ofrecer el BAR, los paracaidistas también podían contar con el fuego de las Browning M1919 (las cuales eran conocidas a nivel técnico con el nombre de «Machine Gun 30 H.B. M1919A4»). Estas ametralladoras se disparaban con la ayuda de un trípode modelo M2 y podían disparar rachas de 60 disparos por minuto durante aproximadamente media hora. Con todo, no llegaba al nivel de las MG34 o las MG42 alemanas. Además, su peso (14 kilos) superaba ampliamente a sus competidoras (con 11 y 10 kilos aproximadamente).

Ametralladora Browning M1919

Usualmente era alimentada por cintas de 250 cartuchos que iban introducidas en una caja metálica. La idea era que, con levantar la tapa del recipiente, fuera suficiente para cargar la ametralladora y no fuera necesario sacar todas las balas. «Fue la ametralladora de posición más usada por los paracaidistas. Era del calibre 30 y era bastante pequeña en comparación con otras. No era tan potente como las alemanas, pero hizo un buen servicio», añade el miembro del grupo de recreción.

Arma antitanque

1-Bazuca M1A1

Simple pero efectivo. El bazuca M1A1 fue la principal arma antitanque de dotación para la infantería norteamericana en la Segunda Guerra Mundial. Fue ideada en 1942 y se mantuvo en servicio más de una década a pesar de que los alemanes copiaron y mejoraron su diseño creando el Panzerschreck.

Operador de Bazooka preparado para saltar

«En el caso de los paracaidistas, estaban asignados a la denominada “unidad de demolición”. Al lanzarse en paracaídas, los que lo portaban solían llevar las bolsas con los cohetes colgadas de los brazos», explica Aguilera.

Explosivos

1-Granadas

Las granadas que portaban los paracaidistas solían ser de dos tipos dependiendo de su función:

A-Granadas de fragmentación: El explosivo de mano más utilizado por los soldados estadounidenses era la granada tipo MKII, más conocida como «Piña» por su peculiar forma. Según Aguilera, eran mucho más efectivas que las alemanas, pues causaban daño en 360 grados (algo que no sucedía con las nazis). «Cuando la carcasa explotaba, lo hacía causando estragos y repartiendo metralla, además era más letal que sus homólogas», señala el experto. Los soldados solían llevar, como mínimo, dos entre su equipo básico.

B-Granadas de humo: «La granada de humo se utilizaba principalmente para cubrir el avance de los soldados. Los paracaidistas usaban el modelo M18, el cual se sigue utilizando hoy en día. También solían llevarlas los oficiales para hacer señalaes en un momento determinado», completa el experto.

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