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Segunda Guerra Mundial

Así iban equipados los soldados alemanes que invadieron Europa

Desde sus armas, hasta su uniforme. Descubre cómo acudían a la contienda los miembros de la «Wehrmacht» al comienzo de la guerra

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Introducción: el nacimiento del soldado alemán

Tropas alemanas, en 1939- ARCHIVO ABC
Manuel P. Villatoro - @abc_es - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

A partir de 1939, los alemanes dominaron una buena parte de Europa gracias a su arrojo, su superioridad militar y su novedosa forma de hacer la guerra. Sin embargo, y además de contar entre sus filas con todo tipo de imponentes carros de combate, Hitler y sus oficiales también podían presumir de disponer de miles y miles de combatientes pertrechados con un material bélico que les dio decenas de victorias durante la primera fase de la Segunda Guerra Mundial.

Desde el fusil Kar 98 K hasta la máscara antigás reglamentaria, todo estaba pensado para que el infante pudiera sobrevivir durante días en el frente sin contar con más apoyo que el de sus compañeros y el equipo que llevaba a sus espaldas.

Para entender qué pasaba por la «kartoffel» de un soldado alemán durante la Segunda Guerra Mundial es necesario remontarse en el tiempo hasta el año 1933. Por entonces, en Alemania ya había tomado el poder Adolf Hitler aupado por una crisis económica y nacional (pues hierieron el orgullo alemán) producida tras el tratado de Versalles.

Al final convenció a los ciudadanos alemanes, pues no sólo le votaron, sino que le dieron su apoyo para que, en 1934, el «Reichwehr» alemán (las Fuerzas Armadas del país) le juraran fidelidad a él. Toda una revolución para la época que le convirtió en líder indiscutible de los ejércitos de tierra, la armada y las fuerzas aéreas.

«En el año 34, el ejército tuvo que jurar lealtad a Hitler. No tuvieron más opción. Si no lo hacían, les obligarían a disolverse y sus funciones las adquirirían los seguidores del líder. Esa fue la base del ejército que posteriormente invadió Polonia: militares que no eran nazis pero que, al final de la contienda, se afiliaron en muchos casos al partido. El problema es que al final el nazismo imbuyó el ejército hasta tal punto que Hitler cambió el saludo militar por el fascista. Muchos militares estaban en contra de ello y sólo querían salir adelante, pero les tocó vivir aquello», explica, en declaraciones a ABC, Santos Rodríguez, miembro de la «Asociación cultural albaceteña de recreación histórica».

Aquella jornada, los soldados alemanes que habían estado a las órdenes de la República de Weimar pasaron a depender directamente del Führer en base al siguiente juramento. «Juro por Dios que deberé prestar obediencia absoluta al jefe del imperio y del pueblo alemán, Adolf Hitler -comandante en jefe de las fuerzas armadas-, y que, como un soldado valeroso, deberé estar siempre preparado para dar mi vida por este juramento».

Posteriormente, el ejército fue renombrado como la «Wehrmacht», organización que incluía el «Heer» (ejército de tierra), la «Kriegsmarine» (la marina) y las fuerzas aéreas («Luftwaffe»). El equipo del soldado de infantería previo a la guerra y que, con posterioridad, participó en las primeras contiendas de 1939 en Polonia, es el que será analizado en las siguientes páginas.

Recreando a la «Wehrmacht». Cuatro preguntas a Santos Rodríguez

El uniforme de la infantería de la «Wehrmacht»

Uniforme alemán- Asociación CULTURAL albaceteña de recreación histórica
Manuel P. Villatoro - @abc_es - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

El equipo de un soldado alemán de 1939 empezaba en su uniforme, el cual comenzó a ser producido por el gobierno entre 1935 y 1936 -cuatro años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial-. Sin embargo, y como señala a ABC Santos Rodríguez (quien lo porta en muchas recreaciones históricas y es todo un experto en lo que a él se refiere), su antigüedad no impidió que fuera uno de los más utilizados durante la contienda y conocidos a nivel internacional.

Concretamente, el uniforme de la «Wehrmacht» era conocido como el M-36. «Una de las características de este uniforme es que había sido elaborado por Hugo Boss, quien –cuando Hitler subió al poder en 1933- fue contratado para diseñar toda la ropa del ejército. La M venía de modelo (en alemán) y el 36, del año en que se había empezado a producir. Posteriormente hubo también un modelo 40 y 42. Además, los uniformes se fabricaban en lana para el clima europeo y en HPT (un tejido a base de algodón) para climas tropicales en los que el calor fuera más fuerte –África, Grecia etc.-», explica a este diario Javier Bosch Martínez (regente de «La Garita Militaria», una tienda especializada en coleccionismo militar ubicada en Barcelona).

Guerrera

«La guerrera tenía cuatro bolsillos y contaba con carterilla (un fuelle para dar más amplitud a la prenda). También era característica porque tenía solapas apuntadas para los bolsillos que se cerraban con botones. El color era llamado “Feldgrau”, que es un gris-verde o gris campo. El color del cuello era verde esmeralda y las hombreras también. Con el paso de los años se dejó de usar el cuello verde esmeralda por la tropa. En el caso de los oficiales, como eran tan remilgados, lo siguieron utilizando como una forma de distinción. Se abrochaba mediante cinco botones de un color similar», explica el miembro de la «Asociación albaceteña de recreación histórica».

Uniforme M-36 (a la derecha)

Sobre el bolsillo derecho, y por encima de la solapa, se colocaba el emblema nacional (un águila con las alas extendidas bajo la cual había una esvástica). Por su parte, los afortunados con alguna (o algunas) condecoraciones las ubicaban encima del izquierdo. Todas, salvo una: «La condecoración de segunda clase se colocaba en el segundo ojal de la guerrera empezando por arriba, es la única que no iba encima o alrededor del bolsillo». La graduación del militar se cosía en el antebrazo izquierdo, a media altura.

Con todo, Bosch añade que la importancia que tenían para los soldados las medallas hacía que algunos buscaran todo tipo de triquiñuelas para no llevarlas a la contienda: «Muchos soldados, cuando les concedían una medalla y la querían portar en el uniforme de campaña sin perderla, se cosían la cinta de la medalla en el uniforme quitando la parte metálica. De esta forma, Se sabía que habían sido merecedores de ellas sin peligro».

Pantalones, botas y prendas de cabeza

«Los pantalones eran rectos y no tenían ninguna forma (como por ejemplo los pantalones de montar, que eran bombachos). Otra característica es que las botas eran de media caña negras o amarronadas -que luego tenían que teñir en negro-. Eran las “Stiefel”, que traducido son “botas altas”. Posteriormente, y según avanzaba la guerra, las botas altas se sustituyeron por bajas que se acompañaban de polainas. Esto se hizo para ahorrar costes», determina el recreador histórico.

Uniforme M-36 (a la izquierda)

Finalmente, acompañando a este uniforme iba una gorra de plato (al menos, antes de la guerra). Ésta contaba en su parte frontal con el emblema nacional, además de hojas de roble y una bandera. El rango se distinguía por el cordón que portaban. Si era trenzado y de color plata, era de un oficial. Si era una tira de cuero negro, era de un suboficial o de tropa.

Otros uniformes complementarios

Al que acabamos de hacer referencia era el uniforme de combate, pero este no era el único que se podía hallar en el armario de un soldado alemán. «Este es el uniforme básico, de campaña. Luego estaba también el de diario (igual, pero el soldado iba sin equipo, sin trinchas y vestía un gorrillo) el de guardia (similar, pero se acompañaba de un abrigo sobre el cual se ponían las trinchas) y el de parada (era para desfilar y contaba con unas mangas rematadas con adornos). En este último se solían colgar las medallas», destaca el regente de la tienda barcelonesa.

Correajes y objetos de uso cotidiano

Miembro de la asociación, junto a un teléfono de campaña- Asociación CULTURAL Albaceteña de recreación histórica
Manuel P. Villatoro - @abc_es - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

Por encima del uniforme, el soldado alemán portaba sus pertrechos (los cuales solía usar en el día a día) mediante diferentes correas. Las principales eran el cinturón (o ceñidor) y las trinchas (tiras de cuero similares a los tirantes que eran utilizadas para enganchar diferentes elementos del equipo.

Cinturón

El elemento básico de los correajes era el cinturón. Éste era de cuero y contaba con una hebilla metálica sobre la que había impresa un águila imperial. «Llevaba también una leyenda que decía: “Dios está con nosotros”. Esta correa aguantaba parte del equipo e iba ubicada por encima de la chaqueta, sobre unos ojales a la altura de la cintura», determina Rodríguez.

Diferentes correajes de un soldado alemán

Del cinturón colgaban los portacargadores o portamuniciónes,, seis pequeñas cartucheras de cuero en las que se guardaban las balas. «Si el soldado estaba armado con un fusil llevaba los portamuniciones, que eran más pequeños y albergaban los peines de cinco balas. Si por el contrario iba armado con un fusil ametrallador o subfusil, llevaba los portacargadores. En cualquier caso había dos grupos de tres en cada lado del cinturón. Los portamuniciones admitían dos peines, lo que permitía llevar doce en total. Los portacargadores sólo uno por cartuchera», añade el recreador.

No sucedía lo mismo con aquellos que portaban las ametralladoras pesadas. Y es que, en este caso llevaban un portacargador grande de cuero que albergaba los útiles de limpieza del arma. Aquel soldado que acompañaba al tirador para darle balas (el amunicionador) llevaba hasta cuatro cajas de munición cargadas a la espalda (cada una, aproximadamente, de 10 kilogramos de peso).

Trinchas

Las trinchas, como ya hemos comentado, eran una especie de tirantes en forma de Y que se abrochaban al cinturón. De ellos se colgaban los siguientes objetos:

1-Mochila.

Equipo de un soldado alemán

2-La «A de combate» o «Trapecio de asalto». «Era una estructura en forma de A que iba sujeta a las trinchas. De ella se colgaban la marmita que se usaba para comer, el poncho o “zeltbahn” para protegerse de la lluvia y una mochila blanda que se podía llevar enrollada o desplegada», añade Rodríguez. Curiosamente, los soldados solían juntar tres de estas prendas impermeables para hacer una tienda de campaña.

3-«En la parte frontal llevaban también un paquete con una capa química», añade, en este caso, Bosch.

Otros útiles

A su vez, el soldado portaba en la parte posterior de las trinchas y el cinturón lo siguiente:

1-Una pala de tres kilos de peso.

2-Una panera. Era un trozo de tela en el que se metía desde carne seca, hasta comida enlatada. Cuando estaba vacía, se solía cargar con la marmita.

3-La cantimplora. La clásica con el cacillo grande. Sujeta con una correa de cuero.

4-La bayoneta en un costado. Dependiendo de si el soldado era zurdo o diestro iba en su correspondiente lado (a la inversa)

5-La máscara antigás con su bote (portamáscaras). «La máscara antigás iba dentro de un tubo cilíndrico de metal con una apertura superior. Arriba llevaba una especie de cajón para portar las lentes de recambio. En la parte inferior contaba con un muelle con un trapo enganchado para limpiar los cristales. La máscara, como tal, era de goma y tenía un filtro metálico con carbón en el interior», completa, en este caso, el regente de «La Garita Militaria».

6-Casco. «El casco que se usaba en esta época era el M35. Era un casco metálico con visera que se ajustaba muy bien a la cabeza. Lo hacía, de hecho, mejor que otros como el americano. Contaba con un ala alrededor que, a su vez, tenía un reborde hecho del mismo material hacia dentro para evitar cortes. Pesaba aproximadamente kilo y medio y tenía el interior de cuero. Se ataba, finalmente, a la altura del cuello», completa Rodríguez.

El color del casco era algo diferente al del resto del uniforme, lo que le hacía destacar sobre el resto. «El tono del casco M-35 era verde manzana. Era el único casco que, curiosamente, llevaba “doble calca”, es decir, que tenía en un lado un escudo con los colores de bandera de Alemania (negro, blanco y rojo) y, en el otro, el águila con la esvástica», completa Bosch.

Las armas básicas del soldado alemán

Varios soldados, armados con granadas y fusiles Kar 98 K- WIKIMEDIA
Manuel P. Villatoro - @abc_es - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

Las armas básicas del soldado alemán eran principalmente cuatro (algunas de ells, diseñadas al final de la contienda)

Kar 98 K

El fusil «Mauser Karabiner 98 Kurz» fue el arma más famosa del ejército alemán durante toda la Segunda Guerra Mundial. También fue el fusil de cerrojo (es decir, que se carga manualmente mediante una mecanismo) básico de la «Wehrmacht». Contaba con una recámara que podía albergar hasta cinco cartuchos y era famoso por su precisión. No obstante, su lenta velocidad de recarga hacía que no fuera el arma idónea para enfrentarse a un enemigo con un fusil ametrallador (al menos en las distancias cortas).

Kar 98 K, modelo de francotirador

«El modelo K es una evolución de un fusil de la Primera Guerra Mundial, pero modificado para que fuera más corto. La traducción de su nombre es “carabina reglamentaria Modelo 98”. Era muy eficiente y preciso, pero poco funcional para la guerra moderna por su lentitud. La mayoría de los francotiradores usaban este fusil, pues los cañones del Kar 98 K tenían tanta precisión que no hubo que hacer especiales para tiradores de élite. Tenía un calibre de 7,92 mm, el mismo que otras tantas armas usadas por los alemanes (lo que lo hacía muy versátil y permitía reciclar su munición)», afirma Rodríguez.

MP40

La «Maschinenpistole 40» era otra de las armas básicas del soldado alemán. Era un subfusil con gran cadencia de fuego que disparaba hasta 600 balas por minuto, pero contaba a sus espaldas metálicas con una ingente cantidad de contratiempos.

MP-40

«No era nada precisa. Además, entre sus problemas estaba que en Alemania hubo escasez de hierro durante la guerra y la punta de las balas se cambió por plomo. Este componente dañaba el estriado interior de esta arma y, por lo tanto, su precisión. Cuando disparaban 20 ráfagas se podía dar el caso de que, aunque apuntaran a la barriga del enemigo, el primer disparo fuera al pie y el segundo a la cabeza», destaca el recreador a ABC.

La MP-40 estaba basada en el diseño de una versión anterior, la MP-38, un arma que -como señala Rodríguez-, fue sustituida para abaratar costes. «La MP40 daba mucha capacidad de fuego y gastaba mucha munición, cosa que al ejército no le gusta demasiado. Tenía cartuchos de 9 mm parabellum, que eran más económicos. Parecía que se abarataban costes, pero al final se aumentaban por la cantidad de disparos que tenían que hacer para dar en el blanco», finaliza el experto.

G-43

El «Gewehr 43» fue una auténtica revolución dentro de las armas alemanas, ya que ofrecía una precisión similar a la del Kar 98 K, pero no era necesario accionar manualmente una palanca por cada disparo.

G43

«Era un fusil muy bueno, daba una gran potencia de fuego por ser semi automático. El cargador era de 10 disparos. Se podía amunicionar con peines, con lo que era más fácil de cargar. Era mucho más rápido de disparar y cargar, pero se hicieron pocas unidades», añade Rodríguez.

STG-44

La «Maschinenpistole 44» fue un arma revolucionaria para la época. Considerado por muchos como la precursora de los fusiles de asalto modernos, destacaba porque podía disparar en tiro automático y semiautomático. A su vez, tenía una gran potencia de fuego y un considerable alcance (aunque no tanto como el Kar).

STG-44

«Con él se podía luchar en campo abierto, no como con la MP-40, que era imposible. Se probó por primera vez en Rusia y su uso fue determinante. Después de la guerra, de hecho, se siguió utilizando en los países del Este», añade el recreador.

Armas cortas y de apoyo

Diferentes soldados precedidos de un combatiente armado con una ametralladora pesada- WIKIMEDIA
Manuel P. Villatoro - @abc_es - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

En pistolas destacaban la Luger y la Walther. En armas pesadas, la MG34 y MG42.

Pistolas

1-Luger P08. Fue el arma de dotación para los suboficiales alemanes. A día de hoy, su característico cañón en forma de tubo le ha granjeado fama mundial. Al igual que tantas otras, contaba con un calibre de 9 mm. «A los oficiales les gustaba mucho (sobre todo a los oficiales de la «Waffen SS»). Pero era más estética que útil. Era del año 1908, por lo que cuando comenzó la guerra era un arma antigua. Además era muy cara de fabricar debido a que sus piezas eran mecanizadas. En el campo de tiro era preciosa, pero su fiabilidad era mala», destaca Rodríguez. Fue sustituida por la P38, un arma que cargaba más munición y era más fiable.

Luger P-08

2-Walther PPK. La «Polizeipistole Kriminalmodel» era el arma tipo de un oficial. Tenía un calibre de 7,65 o 8 mm y, curiosamente, poca capacidad en el cargador. Pequeña y fácil de esconder, terminó haciéndose famosa gracias a las películas de James Bond (pues era portada por el protagonista).

Armas de apoyo

1-MG34. La «Maschinengewehr 34» fue toda una revolución para la infantería alemana de la Segunda Guerra Mundial, pues permitió a los soldados disponer de una ametralladora que podía ser utilizada tanto para apoyar unidades de forma ligera, como para ofrecer fuego apoyada desde un trípode o un bípode. Con un peso de más de 10 kilos, destacaba por ser relativamente ligera para la época (a pesar de que, en la actualidad, sería un armatoste difícil de portar).

«Cuando los demás ejércitos tenían todavía armas de la Primera Guerra Mundial como las Maxim soviéticas, que estaban algo obsoletas, Alemania revolucionó la guerra con estas ametralladoras. Disparaba entre 800 y 1.000 cartuchos por minuto dependiendo del cañón. Aquello era una pared de proyectiles arrolladora. El problema radicó en que era cara y no había muchas unidades en un principio. Como era tan costosa de fabricar, en el año 42 un policía creó la MG42, más económica», destaca Rodríguez.

2-MG42. La «Maschinengewehr 42» fue conocida como la «segadora» del ejército nazi. Nació como una evolución de la MG-34 debido a su alto coste de producción y, como demostró en múltiples casos, significó todo un avance con respecto a su antecesora. Y es que, disparaba nada menos que de 1.200 a 1.800 cartuchos por minuto. Toda una muralla de munición ante la que los soldados aliados poco podían hacer. Con todo, y como ninguna arma es perfecta, el alto número de disparos que hacía provocaba que su cañón se recalentara e, incluso, que su munición de 7,92 mm Mauser se acabara con celeridad.

MG42

«Era algo increíble. Estaba hecha en chapa estampada, sus costes eran menores y pesaba menos que la MG-34. Además era más versátil porque se podía usar como arma ligera o pesada e, incluso, como arma antiaérea. Se podía municionar con cintas o tambores y usaba el mismo calibre que el Kar 98 K, lo que lo hacía todo más versátil. Pesaba 10 kilos aproximadamente», destaca el recreador español.

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