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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, dio este domingo su segunda rueda de prensa desde que dirige el país corrigiendo los errores de su primera comparecencia abierta, improvisada hace dos semanas en la sede del Partido Popular en la calle Génova. El equipo del jefe del Ejecutivo diseñó su aparición para explicar la solicitud de ayuda europea calculando al milímetro la imagen que se quería trasladar: la celebración de un éxito.
Lo primero era escoger el lugar. El Palacio de la Moncloa, por supuesto, pero ¿dónde?. Se evitó la sala diseñada para las conferencias de prensa en La Moncloa. Es opaca, con fondo gris y emana imagen seriedad, ambiente de trabajo. Está vinculada a las comparecencias de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, tras los Consejos de Ministros de los viernes. Se quería transmitir, calma, transparencia y casi alegría.
Entró en la Sala con una evidente sonrisa en el rostro, al igual que algunos de sus colaboradores
Rajoy no ofreció la palabra a los periodistas uno a uno siguiendo el orden de colocación, lo que alargó la conferencia de Génova y obligándole a dejar preguntar a toda la sala. Fue concediendo la palabra sin orden prefijado para controlar los tiempos y también la duración de la conferencia. Iba, además, con el tiempo justo para partir hacia Polonia donde tenía que aterrizar antes de las seis para poder llegar al estadio donde se celebró el partido inaugural de la Eurocopa. Sólo la ida le consumía tres horas de tiempo.
La apariencia también jugó a su favor. Entró en la Sala con una evidente sonrisa en el rostro, al igual que algunos de sus colaboradores, aunque su aspecto relajado fue lo que evidenció que realmente algo había cambiado. Y esto, que era lo más importante, fue lo más espontáneo de la cita.




