Actualizado Lunes , 31-05-10 a las 10 : 12
Nacido en Dodge City (Kansas) el 17 de mayo de 1936, Dennis Hopper hizo su última aparición pública hace dos meses, cuando recibió, en silla de ruedas y con las fuerzas justas para sostenerla, su estrella del Paseo de la Fama en Hollywood. Hopper, en efecto, no nació marcado bajo el signo de las estrellas. Después de algunas apariciones televisivas, en sus primeras películas acompañó a otra fugaz, pero mucho más brillante.
En «Rebelde sin causa» y «Gigante» el público sólo tuvo ojos para James Dean. Hopper siguió apareciendo en papeles pequeños junto a otros mitos emergentes: Clint Eastwood en «Cometieron dos errores» y Paul Newman en «La leyenda del indomable». Tras la muerte de Dean, él pareció absorber parte de su personalidad. Pasó de adolescente rebelde a joven rebelde, para convertirse en un maduro rebelde y morir como viejo rebelde.
La fama no llamó a su puerta hasta que dirigió, escribió (fue candidato al Oscar como guionista) y protagonizó junto a Peter Fonda «Easy Rider: buscando mi destino», una «road movie» motera y rebelde de éxito inesperado, que hablaba sin tapujos de las drogas -que acabó conociendo bien- y abrió el camino del cine contestatario de los setenta. Sólo con «Hoosiers, más que ídolos» repitió nominación, esta vez como actor de reparto, en otro título que llevaba su firma.
Su inteligencia y personalidad, fuera de toda duda, le sirvieron para seguir eligiendo proyectos importantes, junto a algún otro de corte psicodélico y experimental. Que él fuera el protagonista pareció importarle menos. En 1977 rodó «El amigo americano», de Wim Wenders, una de sus películas más importantes, y dos años después apareció en «Apocalypse Now» de Coppola, con quien repitió en «La ley de la calle». Con David Lynch coincidió en la inquietante «Terciopelo azul».
La última parte de su carrera es más comercial, aunque él siempre aportó un tono distinto a sus papeles, a menudo de villano. «Super Mario Bros», «Speed», «Waterworld» y «EDtv», de Ron Howard, son algunas de sus últimas apariciones, que coronó con «Elegy», de Isabel Coixet, un título mucho más intimista, en el que era el amigo -americano, por supuesto- del protagonista, Ben Kingsley, y donde la ficción anticipaba su muerte. Como director, destacan la controvertida «The last movie», «Caído del cielo», «Colors, colores de guerra», «Camino de retorno» y «Labios ardientes». Terminó su carrera como la empezó, en la televisión, una vez que el medio había logrado dignificarse. Sus dos grandes series fueron «24», una de las más revolucionarias de los últimos años, y «Crash», adaptación del oscarizado éxito de Paul Haggis.
Su otra droga fueron las mujeres. Hasta cinco veces se casó y otras cinco se divorció, aunque su última «rehabilitación» hacia la soltería le causó un desgaste superior al esperado. No sabemos lo que dirá su epitafio, pero nadie le podrá acusar de no haberse bebido hasta el último sorbo de sus 74 años de vida.

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