David Gistau, en la redacción de ABC
David Gistau, en la redacción de ABC - ERNESTO AGUDO

Gistau: «Hay una sobredosis de opinión, estamos todo el día sorteando profetas»

El columnista se incorpora a ABC. Con él llega a nuestras páginas la opinión más ágil, poliédrica y cercana a la calle

Actualizado:

Ni jónicas, ni dóricas, sus columnas pertenecen a otra arquitectura: incisiva, poliédrica, palpada a pie de calle y obra, a pie de albero y Parlamento, zigzagueando al borde del área o entre las doce cuerdas del cuadrilátero del periodismo de ultimísima generación, columnas que sustentan el edificio de opiniones que no dejan nunca indiferente al lector, esa que dicen especie en vías de extinción.

David Gistau quiere empeñarse en lo contrario, que la lectura siga siendo viva y palpitante, y para eso llega hoy a nuestras páginas, teclado en ristre, presto y engrasado el recado de escribir para volcarlo en ABC. «De niño -recuerda-, antes de empezar a leer periódicos, el ABC lo veía hasta como un modo de caminar por la acera. Luego, lo fui percibiendo como el recipiente de un linaje literario cuyos nombres propios proveerían de lectura una cadena perpetua entera en Sing-Sing». Ante ABC, el periodista madrileño va poniendo unos cuantos puntos sobre otras cuantas íes.

-¿El columnista es una suerte de francotirador del periodismo?

-A veces, es la cabra sobre el taburete, que hace que los paseantes echen una moneda en el sombrero.

-El columnista no suele encontrarse en el día a día de la Redacción aunque la conozca. ¿Eso es una ventaja o puede convertirse en un inconveniente?

-Supongo que hay que encontrar un equilibrio. La Redacción enriquece, proporciona conversaciones que enriquecen el criterio periodístico, y hasta da sentido de pertenencia. Pero sólo hay que visitarla de vez en cuando para conservar la distancia necesaria, las ideas propias, las que hacen que a veces se escriba contra el periódico. El que debe estar siempre es el editorialista.

-¿Esperar que llegue la inspiración, o que la inspiración le pille trabajando?

-Si el periodista dependiera de la inspiración, lo devoraría la hora de cierre al menos tres veces por semana. Las cosas ocurren trabajando. Mailer decía que al escribir surge aquello que ni siquiera sabías que sabías. Por eso, escribir tiene algo de conversación en soledad.

-Al hilo de su pasión por el arte pugilístico, ¿una columna es un gancho, un directo a la mandíbula, un uppercut, o acaso un golpe bajo?

-Ensayo, cuento y poesía, todo cerrado por arriba y por abajo como un salchichón. Eso decían Ruano y Umbral, pero es que ellos lo conseguían. A mí cada vez me gusta más que predomine la idea sobre el estilo, que no aspire sólo a ser pirotecnia. Pero, si nos ajustamos, como pretende la pregunta, al boxeo, la columna no es sólo golpe: amaga, busca la distancia, da pasos laterales, se le escapa el aire con cada intento fallido.

-Y ya siguiendo con sus gustos. ¿La columna ha de tender a la verónica, al natural, quizá una estocada hasta la bola?

-La estocada sería lo que los guionistas americanos llaman la punch-line, con la que todo se cierra en apoteosis. Voy a ver si encuentro un Cossío y, en cuanto me entere de cómo es la verónica vuelvo para responder a estar pregunta. De todos modos, no sé si podría concentrarme para escribir con un toro suelto en la habitación, ni tampoco me atrevería a torearlo al natural con el iPad.

-¿El tertuliano televisivo o radiofónico y el columnista de un periódico tienen algo que ver?

-No mucho. Jamás he tenido que escoger chaqueta para escribir. Por razones obvias, yo admiro la escritura por encima de todo. Aunque, al hacer radio o televisión, no hay que ser escritor, porque se hace el ridículo hablando en aforismos.

-¿La crisis es una fuente inagotable de inspiración?

-¿Lo fue el incendio de Roma para Nerón? ¿Tejen desgracias los dioses para que los hombres tengan algo que cantar? ¿Encuentran un sentido las víctimas, los problemas y las bajezas de la condición humana sólo porque permiten llenar folios y vender periódicos? La felicidad ha dado poca narrativa, eso es verdad.

-Olvidemos por un momento la facultad de Ciencias de la Información. ¿El periodismo es una profesión o es un oficio?

-Yo creo que es un oficio que se aprende entrando de aprendiz en el taller. Pero la formación nunca será un estorbo, salva al periodista de ciertas indigencias intelectuales. Hasta estudiar Economía, o Derecho, o Ciencias Políticas ayuda, aunque luego se termine de aprender levantando un teléfono cuando suena, saliendo a la calle y teniendo la fortuna de caer en manos de buenos jefes y compañeros veteranos que no estén tan maleados como para haber perdido la voluntad de pulir talentos.

-¿La relación entre el columnista y la línea editorial del medio en el que trabaja es una extraña pareja, un matrimonio de conveniencia, una amistad peligrosa?

-Pues supongo que todo eso y por ese orden. No hay que acatarla, no hasta el punto de desnaturalizarse uno, de mentirse a sí mismo. Pero tampoco hay que agredirla gratuitamente sólo para demostrarse uno que tiene arrestos para hacerlo. Hay que fluir con naturalidad, sin miedo, ni a las coincidencias con el periódico, ni a las desavenencias. Contra el mito de la censura, yo creo que, para el columnista, es mucho más cierto el peligro de la autocensura. Eso, jamás.

-¿Cómo lleva el tema de las erratas?

-Sería capaz, por vergüenza, de comprar entera la edición del periódico en la que saliera una falta de ortografía mía. Quemaría los quioscos y desenchufaría internet para que nadie lo viera.

-¿Sufrimos una sobredosis de opinión?

-Sin duda. El reportaje y la crónica no tienen el prestigio que merecen. Todo el día lo pasamos sorteando profetas.

-Desde que empezó a trabajar, ¿cómo ha ido viendo la evolución del periodismo? Y la pregunta del millón, ¿cómo ve el futuro?

-No sé si tengo criterio suficiente para hacer esos diagnósticos tan académicos. Supongo que en parte ya respondí, cuando dije que habría que rescatar, para un prestigio mayor, el reportaje y la crónica. Del futuro veo dos grandes peligros que atentan contra el periodismo libre: la dependencia de subvenciones del Estado por la caída de ingresos, que nos mataría. Y la necesidad de contentar a la gente en una época nihilista, rencorosa, en lugar de liderarla, aun a riesgo de que deje de leerte.

-Algo sobre lo que jamás escribiría?

-Nunca traicionaría una petición expresa de discreción por parte de alguien que hablara sin contenciones por confiar en mí. Preferiría perder una historia. También procuro evitar los temas de los que no tengo conocimiento suficiente, pero eso no lo consigo siempre.