EL PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL DEL SIGLO XXI

 

1.      Casi veinticinco años después de las primeras elecciones democráticas y del inicio de la elaboración de la Constitución, el Partido Popular pretende en este Congreso exponer a la sociedad española cuáles son sus ideas en torno a lo que hemos llamamos el Patriotismo de la España Constitucional, pujante realidad y proyecto común. Al exponerlas, el Partido Popular quiere, con la responsabilidad que le corresponde como partido político –que ha merecido la confianza de millones de españoles- contribuir a un debate público y amplio, que considera imprescindible en las circunstancias históricas y políticas en que vive España.

La obligación de todo partido político es reflexionar seriamente sobre los retos, los problemas y las inquietudes de la sociedad y buscar respuestas a todos ellos. Queremos hacerlo ahora sobre el patriotismo constitucional en la España del siglo XXI porque lo consideramos un tema esencial para los españoles de hoy. La reflexión serena y pausada es sumamente necesaria y hay que plantearla a partir de nuestra realidad y en el contexto de un país que forma parte de la Unión Europea y que ejerce crecientes responsabilidades en el mundo.

Tenemos que hacerla porque las nuevas generaciones no se merecen que esos nuevos retos sean abordados con viejas ideas, con viejos prejuicios y agravios, con viejas historias.

Queremos hacer una reflexión que no sea excluyente, sino abierta a todos, que la podamos compartir con cuantos más mejor. No pretendemos arrogarnos ningún tipo de monopolio. Nadie es dueño de la idea de España. Nadie debe cuestionar que un partido político reflexione sobre ella. Lo que queremos es abrir esta reflexión a toda la sociedad, a los pensadores y escritores, a los responsables políticos y a los ciudadanos, porque creemos que es conveniente reforzar los fundamentos de nuestra convivencia. Queremos, en el marco de este Congreso, pensar nosotros mismos y abrir caminos que nos ayuden a pensar todos y con todos, para reafirmar los vínculos que nos unen a los españoles como ciudadanos en el siglo XXI.

Partimos de la convicción de que España es una nación política forjada a lo largo de una dilatada trayectoria histórica y cuya pluralidad es uno de sus rasgos constitutivos.

2.      Este año celebraremos el vigesimoquinto aniversario de las primeras elecciones democráticas. Veinticinco años que han transformado la realidad política y social de España. También la manera de ver las cosas, de plantearnos nuestro futuro. La España de hoy es sustancialmente diferente de la de los inicios de los años setenta. La España de hoy es un país que hace de su pluralidad una riqueza, y no un problema; que no se fundamenta como país en la uniformidad, sino en la enriquecedora diversidad.

Por eso hemos de centrar nuestras actitudes, nuestros planteamientos, y nuestras políticas, mirando a esta España. Anclarse en aquella España de los inicios de los 70 ya no sirve. Por desgracia, algunos siguen instalando sus discursos en ella, como añorando situaciones y problemas que afortunadamente hemos superado.

Hoy podemos sentirnos orgullosos de nuestra democracia, que nos permite a todos defender con plena libertad y pacíficamente nuestros criterios, opiniones y alternativas, y que nos obliga a todos a respetar los criterios, opiniones y alternativas de los demás, expresados, a su vez, con plena libertad y pacíficamente. Una democracia que nos proporciona un marco de crecimiento y prosperidad; de convivencia y libertad.

Por eso queremos reafirmar ahora que la democracia es el mejor marco de convivencia de una sociedad, es la plena garantía de la libertad y del pluralismo. En la democracia no cabe la violencia. Si la violencia terrorista nunca es justificable, menos puede serlo en una convivencia en democracia. La Constitución ha servido para construir las bases de esta sociedad democrática.

 

EL PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL EN LA ESPAÑA PLURAL

3.      En cada fase histórica en que España ha tenido un proyecto común, ha conseguido períodos de gran desarrollo y ese proyecto ha sido un acierto histórico. La Constitución de 1978 es el mejor paradigma de un proyecto colectivo de libertad, crecimiento y convivencia para todos los españoles y para todas las nacionalidades y regiones de España, y supone un pacto histórico sin precedentes en torno a la idea básica de España.

4.      La transición a la democracia constituye, en efecto, un logro histórico mediante el cual los españoles buscaron espacios donde compartir un proyecto de convivencia y desarrollo.

La Constitución fue fruto del esfuerzo colectivo de todos los españoles. No fue, y no es, la Constitución de los unos contra los otros. No fue, y no es, la Constitución de una idea de España contra otra idea de España. Fue, y es, la voluntad de todos para encontrar un marco en el que podamos sentirnos razonablemente cómodos y que nos permita a todos vivir en libertad.

Los artífices de la Constitución fuimos todos los españoles que supimos integrar nuestras legítimas discrepancias políticas y nuestros sentimientos de identidad, en un proyecto común y compartido. Es de justicia rendir homenaje a todos los que de una manera directa, y en nombre de todos los ciudadanos, participaron en la redacción del texto constitucional; en este Congreso y en nuestro Partido están algunos de ellos.

5.      La Constitución recoge lo mejor de la historia liberal y constitucional española, incorpora aportaciones del constitucionalismo más avanzado del siglo XX, y realiza una reflexión profunda e inteligente para encontrar caminos que nos permitan unir voluntades. La Constitución es herencia de las voluntades constitucionalistas de nuestra historia contemporánea, que parten del patriotismo de las libertades.

Pero los constituyentes de 1978 tuvieron el encomiable propósito de superar aquellas deficiencias de nuestro constitucionalismo histórico que impidieron no sólo la estabilidad constitucional, sino el logro de un marco de convivencia aceptado por todos, en el que pudiera integrarse el pluralismo de la moderna sociedad española.

Fruto de esa voluntad de concordia y de integración, la Constitución ha sido obra de todos: del centro, de la izquierda, de la derecha, también de aquellos nacionalistas que colaboraron decisivamente en la articulación del proyecto común. Legítimamente todos podemos sentirnos coautores de la Constitución. Y hay muchos motivos para que siga siendo el proyecto de todos.

6.      Gracias al espíritu de la transición España hizo una Constitución, un marco jurídico y político de libertades democráticas a la altura de los tiempos, en el que poder convivir.

La Constitución es la superación de los desencuentros históricos de los españoles. Gracias a ella, las "dos Españas" se reconciliaron en una, se zanjó el problema religioso y la cuestión social, la forma de la Jefatura del Estado y el modelo territorial. Con ella España se abrió al mundo y consiguió su incorporación a la Unión Europea y la potenciación de su vocación americana.

El marco constitucional, del cual forman parte los Estatutos de Autonomía, ha hecho posible la España de hoy: una sociedad abierta y plural. Defender la Constitución es defender los Estatutos de Autonomía. Defender la Constitución es defender con todas sus consecuencias la España plural; defender los Estatutos de Autonomía es defender con todas sus consecuencias la idea de España.

7.      Los españoles realizaron un esfuerzo de generosidad y de altura de miras gracias al cual se arrinconaron los recelos mutuos y se apartaron los dogmas de unos y de otros. Los partidos políticos más importantes realizaron su propia transición con la finalidad de pactar y consensuar un marco básico de convivencia. Izquierda y derecha supieron desprenderse de sus máximas ideológicas que dificultaban la reconciliación.

Tan sólo una generación después, tenemos un gran país, una sociedad abierta y llena de dinamismo, libre, plural y democrática, y desempeñamos un lugar importante en el concierto internacional. España no es ya sólo aceptada; es requerida como socio imprescindible en las coaliciones internacionales democráticas y tiene voz propia y altamente significativa en el ámbito internacional. España tiene un peso específico en el mundo.

Ese resultado histórico de la España Constitucional, que es un resultado de modernidad y de cohesión, de libertad y de pluralidad, es el patrimonio político, histórico y afectivo de todos los españoles que durante los últimos treinta años han contribuido a su realización más allá de las siglas partidarias o de los colores políticos.

8.      Precisamente por eso, entendemos el patriotismo constitucional como un concepto marco: no exige que todas las sensibilidades políticas tengan la misma y coincidente idea de España. Lo importante es respetar los núcleos de convivencia: pluralidad, tolerancia, libertad; autonomía y unidad. El patriotismo constitucional es un concepto abierto que no debe ser monopolizado por nadie y puede ser defendido por todos.

9.      La Constitución tiene un momento histórico fundacional. Es fruto del momento de la transición. Pero, contra lo que dicen algunos, no es un manual de cómo pasar de la dictadura a la democracia. No es un manual que hoy, una vez asumida plenamente la democracia, se debería reformar. La Constitución no es eso. La Constitución es el marco de estabilidad que garantiza la libertad, la democracia y la pluralidad. Es la garantía de los valores básicos de la convivencia.

Si bien todo nace con voluntad de permanecer, nada es eterno. Eso es verdad. Pero también es verdad que no es bueno ni conveniente poner regularmente en crisis lo que funciona, lo que nos permite crecer y vivir en libertad. No es bueno confundir el marco, que es útil, con el esfuerzo individual y colectivo que cada día debemos hacer para mejorar nuestra democracia. Debemos hacer este esfuerzo; pero no pongamos en duda el marco que, precisamente, nos permite hacerlo: la Constitución.

Por ello, el Partido Popular es contrario a abordar en esta etapa una reforma constitucional. No la consideramos necesaria ni conveniente. Entendemos además que no existe una mayoría de ciudadanos partidarios de la reforma constitucional.

Defendemos con convicción la estabilidad constitucional como un valor de la mayor importancia que es garantía de nuestro sistema de convivencia. Cuestionar cada veinticinco años el modelo de Estado no conduce sino a la incertidumbre y, en consecuencia, a dificultar el desarrollo social, político y económico de España. Es caer en los errores del constitucionalismo del XIX.

10.  La realidad política de la España de hoy responde a una articulación tan concreta como amplia del derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones. Vivimos en un sistema extraordinariamente descentralizado, en el que muy amplias parcelas del poder político son ejercidas por las Comunidades Autónomas.

Puede asegurarse que nuestro sistema autonómico tiene un grado de descentralización política igual –si no superior- al de los Estados federales. Atribuir ahora al sistema de nuestro país el calificativo y los rasgos inherentes al federalismo contradice tanto nuestra propia historia nacional como la Constitución. El acierto de haber configurado el modelo del Estado Autonómico en el proceso constituyente se debe a que es el que mejor se adapta a los rasgos esenciales de la España plural.

Para el Partido Popular, España no es un Estado federal, sino un Estado Autonómico, propio, que surge de la realidad española, que reconoce su pluralidad constitutiva y la canaliza institucionalmente mediante la atribución de amplios poderes legislativos, ejecutivos y financieros a las Comunidades Autónomas.

11.  España fue durante muchos años el teatro de una serie de conflictos entrecruzados. Conflictos sociales, sobre la propiedad y uso de la tierra, sobre la forma de Estado, sobre la religión, conflictos ideológicos, conflictos territoriales. Fue el "laberinto español". Hoy, estos conflictos están, o bien superados, o bien adecuadamente encauzados en el marco constitucional. España ya no es un laberinto de confrontaciones, sino un espacio de libertad. Conviene defenderlo y no caer en la trampa de cuestionar permanentemente los marcos de convivencia, para intentar reabrir viejos conflictos que, hoy, solo existen en las mentes de algunas minorías, instaladas en un tiempo pasado que, afortunadamente, ya no existe.

Nos referimos a aquellos que desean una realidad virtual, en un país que no existe, un país en el que solo vivieran los que piensan y sienten como ellos. Nosotros queremos un país en el que puedan vivir todos, con independencia de sus ideas y sentimientos. Y en el que todos se sientan libres, sin coacciones. En definitiva, un país en el que la Constitución y los Estatutos se apliquen como garantía de libertad y convivencia.

12.  Hoy vivimos en un país que ha sido capaz de pasar de la dictadura a la democracia, de una economía cerrada y autárquica a otra abierta y próspera, de un sistema centralizado a otro de una intensa descentralización política. Estamos en un país, somos un país, que ha sido y es capaz de hacer estas cosas. Y una nación que es capaz de hacer estas cosas ha de confiar en sí misma. Ha de confiar en sus propias capacidades, no ha tener miedos, ha de tener esperanzas. La sociedad española tiene el enorme mérito de haber sabido crear un país diferente, nuevo, y sin duda mucho mejor.

13.  Por todo ello asumimos la idea de España con naturalidad y sin complejos históricos.

Nosotros creemos que España es un gran país, una nación constituida a lo largo de los siglos, y que en su dilatada historia tiene un acervo y un lugar indudable en el mundo. Una nación plural con una identidad no étnica, sino política, histórica y cultural, surgida de su aportación a la Historia y la Cultura universales, de su propia pluralidad constitutiva, y de su proyecto histórico enraizado en dos mundos, el europeo y el americano.

14.  La voluntad de mirar el futuro, de respetar lo propio y compartir lo común han hecho posible la España constitucional, la España de nuestro tiempo. Por esto, queremos afirmar que la Constitución es un marco de soluciones, un marco para la España de hoy y de mañana, un marco para el crecimiento y la prosperidad.

15.  Como ya se ha dicho, fue la sociedad española quien en una transición democrática que hoy se entiende como modélica, supo encontrar el cauce para resolver nuestros problemas, nuestros conflictos históricos. Hoy podemos afirmar que España ha dejado de ser un problema. Evidentemente, tenemos problemas, pero hoy España es una magnífica oportunidad para todos sus ciudadanos, para poderlos afrontar y superar. Hoy España es un país dinámico, en el que todos podemos realizar nuestros proyectos vitales, en el que no hay que renunciar a las ideas propias, en el que hemos asumido con naturalidad que la pluralidad es uno de los elementos enriquecedores de la España moderna.

16.  Sin embargo, a pesar de que los españoles construimos en la transición uno de los sistemas políticos más descentralizados del mundo -con un amplísimo ejercicio del derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones-, que pretendía dar fin al problema irresuelto y, además, agravado por el franquismo, de la pluralidad de España, lo cierto es que tras veinticinco años de democracia, hay corrientes nacionalistas que cuestionan, de modo implícito o explícito, el marco político derivado de la Constitución y los Estatutos, e incluso algunas corrientes del nacionalismo vasco han llegado a poner en entredicho las propias instituciones democráticas que gobiernan ininterrumpidamente desde la transición.

Hoy, en una España moderna y en un país que se enriquece en su pluralidad, que la cuida y la protege, el nacionalismo excluyente, el que exalta la diferencia y pone la identidad por encima de la libertad -es decir, el nacionalismo no constitucional-, no tiene sentido. Y no lo tiene porque hoy, afortunadamente, vivimos en un país libre, abierto, plural y democrático. Porque entre todos, en el marco de la Constitución, estamos contribuyendo al país que todos queremos: con pasión por la libertad común, por nuestros derechos e instituciones cívicas, por lo que nos une. Si existe libertad, y si existe respeto a nuestro sentimiento de identidad, solo se excluye aquel que se quiere excluir.

17.  Nosotros no somos nacionalistas. No creemos que la solución de los problemas de España deba abordarse desde planteamientos nacionalistas excluyentes.

El nacionalismo excluyente es la adhesión a toda costa, incondicional, acrítica, moralmente indiferente, a la propia comunidad de pertenencia. Para ese nacionalismo se es bueno si se es nacionalista, y si se está con la comunidad de pertenencia con razón o sin ella.

Por el contrario, el patriotismo constitucional es una adhesión crítica y moralmente exigente. Es un sentimiento racionalizado y dotado de una fuerte brújula ética y moral, que no convierte en algo absoluto el hecho de pertenecer a un grupo nacional. Al patriotismo constitucional no le basta el mero hecho nacional, aunque no lo ignora, sino que busca sus cimientos en sólidos principios y valores éticos, rasgos de civilización y normas de convivencia para la libertad.

Quien sólo exalta a su patria no hace nada por ella. Lo hace quien trabaja para que la libertad, la democracia, el pluralismo y la justicia sean una realidad en su país. Lo hace quien sustituye la insatisfacción y el victimismo permanentes por el ejercicio maduro de sus libertades y de sus responsabilidades.

Sabemos que, no obstante la dimensión universal del patriotismo constitucional, este tiene una expresión concreta, histórica y cultural, en cada país. El patriotismo constitucional es la idea de patriotismo que responde a la cultura política que a la altura de nuestro tiempo comparten los países de Occidente, dotados de instituciones libres y democráticas.

Entendemos que los fundamentos históricos y morales del patriotismo constitucional en España son los valores inspiradores del gran pacto de la transición democrática, los plasmados en la Constitución, y desarrollados en los Estatutos de Autonomía. Nuestro patriotismo constitucional encierra el orgullo racional y crítico por haber superado siglo y medio de enfrentamientos civiles, por haber resuelto gran parte de nuestros problemas e insuficiencias históricas, por haber establecido un régimen democrático genuino y estable, articulado sobre derechos y libertades, y autonomías territoriales.

18.  En este sentido, los ponentes quisiéramos resaltar ahora que en la España de las Autonomías los Estatutos vasco y catalán fueron pioneros, y ambos, en consecuencia, son un fundamento importante del patriotismo constitucional no sólo de vascos y catalanes, sino de todos los españoles.

19.  A la altura del comienzo del siglo XXI, y por las razones expuestas, lo que no tiene sentido son los nacionalismos excluyentes, como tampoco lo tendría un "neonacionalismo español". Cualquiera de ellos es incompatible con el proyecto colectivo de convivencia que está plasmado en la Constitución, y lo pone en riesgo.

Por ello, el Partido Popular considera imprescindible –y está comprometido a llevar a cabo- una intensa tarea política que promueva una cultura cívica integradora. Una cultura cívica que ha de basarse en la afirmación y adhesión a los valores y principios que se dio a sí misma la nación española en el momento constituyente y que hizo de esos valores eje fundamental de su proyecto político. España se ha constituido en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, y que se fundamenta en los principios de su indisoluble unidad, el derecho a la autonomía y la solidaridad entre las nacionalidades y regiones que la integran. De este hecho ha de emerger un patriotismo constitucional cívico y sin falsos complejos de superioridad o inferioridad. Entendemos, por ello, que el patriotismo constitucional es la actualización política de una forma de lealtad a España –la España integradora y plural de la Constitución- con hondas raíces en nuestra historia.

20.  La España constitucional es un Estado de Derecho. A partir del reconocimiento de la dignidad del ser humano como fundamento del orden político y de la paz social la Constitución diseña un amplio sistema de libertades; un sistema que todas las instituciones deben garantizar. Éste es el único marco que protege y ampara la dignidad de las personas: la dignidad de cada uno y la de todos.

La España constitucional no puede entenderse sin ese sistema de libertades y derechos. Pero no es posible su ejercicio sin un Estado de Derecho que funcione. El imperio de la ley es la máxima garantía de la libertad. Por ello, la obligación de todas las instituciones que forman el Estado de Derecho es procurar que la ley impere en todo momento, en toda circunstancia, en cualquier parte del territorio nacional. No puede haber ámbitos exentos del principio de la observancia general de la ley.

Estos principios engendran, en nuestra concepción del patriotismo constitucional, unos deberes que forman parte del concepto cabal de ciudadanía. La lealtad constitucional, en una sociedad moderna, significa dar el máximo valor al principio del imperio de la ley, al ser ésta, al mismo tiempo, expresión de la voluntad popular y garantía de nuestras libertades. Es necesario, por tanto, hacer del prestigio de la ley un pilar básico de nuestra convivencia democrática.

21.  El patriotismo constitucional cobra todo su sentido cuando las reglas elementales de convivencia y los valores y principios constitucionales básicos son vulnerados. Cuando voces muy cualificadas de algún lugar de España han dicho que la única libertad que llega a esa Comunidad procede de España, se hace necesario amparar la dignidad de esos ciudadanos mediante el patriotismo constitucional. Cuando la obsesión por hacer retroceder la idea de España en alguna Comunidad ha tenido como consecuencia el retroceso simultáneo de la libertad, o la restricción de derechos, o el desmoronamiento de la ética política y de los valores propios de nuestra civilización, es necesario fortalecer en el ambiente político y en la realidad cotidiana de esa sociedad la idea de España como idea de libertad, como nexo de libertad y como reivindicación política legítima. Cuando el enaltecimiento de la etnicidad ha dado cuerpo a una comunidad social étnico-nacionalista excluyente, debemos reafirmarnos en una identidad no étnica, sino civil, política, cultural y social, capaz de integrar el pluralismo de esa sociedad.

De este modo, Constitución, España, libertad, vocación europea, son términos sinónimos. Se funden en el patriotismo constitucional, que es compatible y coherente con las sensibilidades de pertenencia a cualquier nacionalidad histórica, de la misma manera que los principios constitucionales de unidad, autonomía y solidaridad sólo son comprensibles si se interpretan entre sí.

22.  El terrorismo es el enemigo de nuestra convivencia democrática. No es expresión de conflicto político alguno, sino expresión de un proyecto y de una voluntad totalitarias que amenazan al conjunto de la sociedad. Es el intento de una minoría de imponer, mediante el terror y la muerte, una determinada subcultura de la violencia y unos determinados contravalores, a los valores y principios democráticos de una mayoría.

El terrorismo no refleja un problema; constituye y es el único problema. Sostener lo contrario es conferir una apariencia de legitimidad política al terrorismo, de la que en todo caso carece y ha carecido siempre. Y es, además, convertir a los terroristas en sujetos políticos.

El dolor generado por el terrorismo, la tragedia humana sembrada en tantas y tantas familias, las vidas segadas por la violencia y el odio, inhabilitan ética y democráticamente a los grupos terroristas.

23.  El patriotismo constitucional es la mejor actitud política para combatir el fenómeno del terrorismo, y promueve en ese sentido la unidad de los demócratas como elemento clave para su derrota.

El patriotismo constitucional exige un comportamiento ético-político frente al terrorismo, de acuerdo con los principios, valores y espíritu de la Constitución.

Entendemos que el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo es el primer paso y el mejor ejemplo del patriotismo constitucional en ese terreno, y nos comprometemos a trabajar para su fortalecimiento y profundización. También con quienes condenan inequívocamente el terrorismo.

24.  En ese sentido, queremos enunciar las que a nuestro juicio son las consecuencias más directas del patriotismo constitucional en la lucha contra el terrorismo:

En primer lugar, supone una beligerancia sin ambigüedades frente a todas las organizaciones terroristas, sus ramificaciones y sus entornos.

Supone, en segundo lugar, una lealtad institucional en la lucha antiterrorista; es decir, una lealtad entre partidos democráticos; una lealtad con las resoluciones de la Justicia –de manera que no se cuestionen permanentemente sus actuaciones-; una lealtad en forma de respaldo a la encomiable labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad; y, en fin, una lealtad en forma de respaldo a la lucha internacional contra el terrorismo y a los avances que en materia de cooperación judicial y policial se están produciendo a partir del 11 de septiembre en la Unión Europea.

En tercer lugar, supone la decisión política de no pactar en ningún foro político con grupos, asociaciones o partidos afines a los terroristas; la decisión, además, de no negociar con bandas terroristas o sus entornos proyectos políticos de fondo; la decisión de impedir la financiación, pública o privada, de organizaciones sociales o políticas del entorno terrorista; en fin, la decisión de no compartir ni fines ni estrategias políticas coincidentes con las de organizaciones terroristas.

En cuarto y último lugar, el patriotismo constitucional supone la proximidad, la solidaridad, la restitución moral y social y la ayuda a las víctimas del terrorismo. Porque sólo haciendo de las víctimas el centro ético de la lucha contra el terrorismo, podremos superar el odio, el rencor y el resentimiento que lo alimenta.

Los terroristas, quienes les apoyan, quienes pactan con ellos deben saber que no tienen ninguna esperanza de obtener contrapartida alguna a través del terror. El terrorismo sólo conduce al castigo que merecen sus autores, de acuerdo con la ley y el Estado de Derecho.

25.  El objetivo del terrorismo que padece la sociedad española es doble: implantar un orden totalitario en el País Vasco y lograr su secesión de España. Uno y otro están indisolublemente unidos en el proyecto que el entramado terrorista quiere imponer mediante la violencia. La pretensión secesionista se quiere revestir por algunos con la invocación de un presunto "derecho de autodeterminación".

Debemos afirmar con firmeza que en el marco constitucional no cabe la invocación de un inexistente "derecho de autodeterminación". Pretender llevarlo a cabo significa lisa y llanamente la voluntad de quebrar radicalmente el orden constitucional.

Resulta inadmisible que se pretenda forzar la segregación con el argumento de que si no se consiguen las cosas con las reglas de la democracia, se van a conseguir asesinando, coaccionando a la sociedad, ultrajando el valor inalienable de la libertad. Como también lo es pretender la secesión como precio político a pagar para que cese el terrorismo.

Nada puede plantearse bajo la presión de la violencia o de las pistolas. Y, desde luego, nada puede aceptarse bajo la amenaza de la violencia o la coacción de las pistolas.

26.  La Constitución nos ha marcado el camino a seguir: se trata de sumar y no de restar, de fortalecer España sobre la base de la integración, de la puesta en común y no de la exclusión.

España es algo que hacemos entre todos, en el trabajo diario, en el debate sobre nuestro futuro, en el intercambio de opiniones e incluso al poner en crisis ideas y formas que nos parecían inalterables en el tiempo para crear nuevos conceptos, nuevos objetivos, nuevas maneras de convivencia. Hacer España es dinamismo y eso lo hacemos las personas, no es el país quien hace a las personas. Hacer país es impulso, es proyección, es racionalidad.

Impulso en el sentido de facilitar los marcos que, lejos del intervencionismo y el control paternalista, faciliten que la sociedad pueda desarrollar sus iniciativas. El intervencionismo en nombre de países imaginarios que no responden a la realidad de hoy, impide y coarta la iniciativa de la sociedad.

Proyección en el sentido de una voluntad clara de ser referente de futuro, adaptándonos a los nuevos tiempos y a las nuevas oportunidades. En el sentido de entender que estamos en el siglo XXI y los objetivos tienen que construirse en el marco de las realidades de este siglo.

Racionalidad en el sentido de plantearnos los problemas donde están y analizarlos en su marco concreto, en su contexto y con sus propias características. Racionalidad en el sentido de no exaltar sentimientos y de no situar al otro como contrapunto para construir nuestra identidad. Una identidad virtual propia de algo que ya no existe o que no ha existido nunca.

27.  España, la pluralidad de sus pueblos, es una realidad objetiva suficientemente fuerte y homogénea para que todos la asumamos con comodidad, abiertamente, sin complejos.

Pero además de esta realidad objetiva, cada vez más homogénea, las últimas décadas han servido también para reforzar España, entendida como algo más, como mucho más, que la simple suma de sus pueblos. Además de una historia común, o de un sentimiento compartido. España es hoy una realidad pujante, una realidad atractiva.

28.  Hace cuarenta años éramos un país autárquico y el más cerrado de Europa Occidental. Hoy España es el país más abierto de la Unión Europea; una economía más abierta que Francia, Alemania, el Reino Unido o Italia. Este es un cambio trascendental del cual debemos ser plenamente conscientes de lo que significa como gran oportunidad, como posibilidad de crecimiento.

España es hoy una potencia de tamaño medio que tiene intereses y prioridades en el Mediterráneo, en Europa, en Iberoamérica, y al mismo tiempo tiene una ambición global de estar presente en todo el mundo de una u otra manera, conforme a nuestras propias posibilidades y podemos decir que tiene ambición de asumir más protagonismo cada día y más responsabilidades. Si esto es así, es porque ha existido el esfuerzo colectivo de la sociedad española del que podemos enorgullecernos. Por ello, queremos y debemos pensar en positivo.

Hasta el año 81, solo hace 20 años, España era receptora de fondos de cooperación al desarrollo. Recibía fondos provenientes de países desarrollados. Hoy, en cambio, España está entre los diez países del mundo en aportación a la cooperación al desarrollo y es el octavo contribuyente al sistema general de las Naciones Unidas para la cooperación. De ser un país en vías de desarrollo, en tan solo veinte años, nos hemos convertido en uno de los países desarrollados que, con profundo sentido de la solidaridad, mayor aportación hace a la cooperación.

 

EL PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL Y LA PROYECCIÓN INTERNACIONAL DE ESPAÑA

29.  La presencia de España en el mundo ha ido reflejando en los últimos tiempos los enormes cambios que se han producido en nuestro país en todos los ámbitos. Nuestra imagen y nuestra resonancia han experimentado una auténtica transfiguración. Es necesario desde el punto de vista de nuestra proyección internacional, asumir un mayor protagonismo y, consecuentemente, también unas mayores responsabilidades y compromisos.

La globalización no ha hecho sino ampliar ese reto y plantea, todavía con mayor pertinencia, el interés por reforzar la presencia de España en el mundo, en un esfuerzo colectivo que abarca no solo al conjunto de los poderes públicos sino también a los nuevos actores: empresas, entidades culturales y organizaciones no gubernamentales. Todo el peso del patrimonio histórico de España, lingüísticamente plural, históricamente diverso, tiene que estar detrás de cualquier acción cultural exterior, porque enriquece y potencia nuestra presencia internacional. Nuestra contribución a un orden internacional más integrado ha de tener una esencial dimensión cultural.

La presencia de las iniciativas españolas en el mundo también es un reflejo del patriotismo constitucional. Una sociedad libre, abierta y plural como la nuestra, ha de proyectar hacia el exterior su actividad, y con ella sus valores constitutivos.

 

 

 

 

Europa.

 

30.  La Unión Europea es también la historia de un éxito. Después de políticas exteriores enfrentadas y de intereses contradictorios, Europa, que era un teatro de conflictos, es hoy, un teatro de entendimiento y de políticas comunes, con una moneda única. Una Europa integrada, en la que España juega un papel cada día más importante.

El gran reto de Europa es la ampliación y España está comprometida en favor de esta ampliación. Un país que ha sabido realizar tan profunda transformación tiene que ver el reto de la ampliación como una oportunidad. En los próximos años vamos a hacer algo tan importante como dar respuesta a toda una serie de países que después de la caída del muro de Berlín han recuperado la libertad y que tienen todo el derecho a poderse integrar en una Europa que la garantiza, que consolida su democracia y que permite modernizar su economía.

31.  Europa es el gran reto, la gran apuesta y la gran oportunidad. Es necesario impulsar reformas estructurales para liberar Europa de las rigideces que impiden su pleno desarrollo y dotarla de la flexibilidad necesaria para crear el mayor espacio económico del mundo, que nos permita ser una auténtica alternativa, como motor económico, a los Estados Unidos, en función de las circunstancias.

Si repasamos nuestra historia reciente, nos damos cuenta de que cada vez que hemos dado un paso hacia delante abriendo nuestra economía, abriéndola a la competencia, hemos progresado. Ahora, de nuevo, tenemos una oportunidad para dar un salto cualitativo. En esta primera década del siglo XXI nos estamos jugando el que Europa, sea un referente mundial y que, dentro de Europa, España pueda estar definitivamente entre los grandes países.

Nuestra apuesta es por una Europa de progreso económico que encuentre en el euro el punto de partida para una mejor cohesión y convergencia real de las economías nacionales; que mejore la transparencia de las instituciones al servicio del ciudadano europeo; que se consolide como defensora de los derechos humanos, de las libertades públicas individuales y de la lucha contra la desigualdad. Una Europa que desarrolle el valor de la solidaridad y promueva la cohesión en beneficio de las regiones más retrasadas. Una Europa capaz de crear ocupación y bienestar social; que potencie las políticas orientadas a la igualdad de oportunidades, mejore la calidad de nuestra vida y garantice un modelo de crecimiento sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Una Europa que promueva la apertura y el comercio como instrumentos de creación de riqueza y de lucha contra la riqueza. Esta es sin duda la mejor manera de impulsar medidas que favorezcan a los sectores más desprotegidos de nuestra sociedad.

En este proyecto común y plural que tiene que ser la Europa que estamos construyendo, España puede aportar mucho. Puede aportar su propia experiencia. Nuestro país ha sabido encontrar los cauces para hacer compatible lo propio con lo común. A pesar de algunos que piensan lo contrario, España es una garantía para que todos podamos sentirnos copartícipes y respetados en el marco común europeo.

32.  En este contexto, en el marco de la construcción europea que es cada vez más nuestro referente, queremos también hacer algunas reflexiones que nos ayuden a ver el desacierto de algunas de las propuestas políticas en las que a veces algunos centran, por desgracia, su debate. Se trata de los debates tan aparentemente brillantes como claramente estériles, sobre soberanía compartida o federalismo asimétrico.

Todos sabemos que los estados-nación se sustentan sobre algunos poderes básicos: la política económica, la política exterior, la justicia y la defensa, y, con matices, la política de seguridad.

La capacidad que tiene una nación, no sólo de hacer su propia moneda, sino también de decidir sobre ella esta hoy restringida por que la decide el Banco Central Europeo

Y, en segundo lugar, en el ámbito de la otra gran política macroeconómica, la política presupuestaria, la soberanía presupuestaria de los países miembros esta limitada al actuar en el marco de un Plan de Estabilidad, asumido de común acuerdo.

Por otra parte, cada vez más hay una política exterior común de la Unión Europea. Evidentemente, no es una política exterior única, sino una coordinación de las actuaciones de todos los Estados miembros. Pero a partir de la actual coordinación estamos iniciando un proceso que será irreversible.

En referencia a la justicia, se está consolidando la construcción de un espacio judicial común en toda Europa, especialmente para los delitos más graves. Por pura lógica, la lucha contra el terrorismo o el crimen organizado transnacional exigen respuestas igualmente transnacionales y por ello la más estrecha cooperación. Instrumentos como la orden europea de detención y entrega, la definición común de delitos como el terrorismo, o el reconocimiento mutuo de resoluciones judiciales, son magníficos ejemplos de puesta en común de las soberanías.

En defensa, para defender valores comunes e intereses, la coordinación de las políticas de defensa, la creación de un embrión de ejército europeo –sin menoscabo del vínculo transatlántico-, con la puesta en común de las capacidades militares de cada país, reduce también cada vez más la posibilidad de que cada país tome por sí sólo las decisiones que estime convenientes en política de defensa, como pasaba en los estados-nación que todos conocemos.

Esta es hoy la realidad y no otra. Tenemos que darnos cuenta del proceso de cambio en el que estamos inmersos. Tenemos que ser conscientes de hacia dónde vamos. Debemos pensar en los retos de la sociedad europea del futuro. En esta Europa que debemos construir, y que nos interesa construir, los particularismos no tienen sentido. No puede defenderse lo propio contraponiéndolo a aquello que cada vez es más común.

Nuestro país ha sabido encontrar los cauces para hacer compatible lo propio con lo común. España es la mejor garantía para que todos podamos sentirnos cómodos y respetados en el marco común europeo.

Iberoamérica.

33.  Iberoamérica está viviendo un proceso de cambio que augura para el continente un futuro prometedor en el marco del mundo occidental. Este proceso se basa en un creciente compromiso con la democracia; en una mayor y mejor integración de las economías iberoamericanas en la economía internacional; en la búsqueda de soluciones eficaces para paliar las graves desigualdades sociales; y, por último, en la reforma y modernización de las estructuras estatales, institucionales y administrativas.

Historia, lengua y cultura comunes hacen que tengamos una profunda vinculación con Iberoamérica. Los españoles sabemos que somos miembros de una comunidad basada en profundos afectos. Y además de ellos hoy existe una comunidad de intereses mutuos absolutamente reales. España se ha convertido en el principal inversor europeo en Iberoamérica; siendo también el segundo inversor global, solo detrás de los Estados Unidos.

Los españoles estamos ejerciendo un papel importante en un proceso en el que la apuesta estratégica es indispensable. Tenemos que estar presentes en Iberoamérica con profesionales que puedan aportar y ayudar al crecimiento del área. Y tenemos que primar la interrelación, la presencia de sus profesionales en nuestro país.

34.  Tenemos una lengua común, en condominio de todos nosotros. Una lengua de alcance universal que hoy hablan 400 millones de personas y pronto serán 500 millones; que es la segunda lengua, después del inglés, de comunicación en el mundo; una lengua hablada por más de 35 millones de ciudadanos en los Estados Unidos. Si una lengua común siempre ha sido una oportunidad, hoy lo es más que nunca. Una gran oportunidad para toda la comunidad hispanoamericana y, por supuesto, para España, para todos los españoles. Y debe ser aprovechada. Sin cometer errores basados en monopolios inexistentes sobre la lengua o, lo que es peor, argumentando que no puede ser la de todos por el hecho de que existan otras lenguas propias.

35.  La ribera del Mediterráneo es otro ámbito natural de nuestra proyección exterior. Es parte de nuestros intereses vitales que el norte de África desarrolle su economía, fortalezca sus instituciones y su democracia y encuentre la cohesión de su sociedad. Esto implica presencia, compromiso y espíritu solidario. Si queremos la estabilidad del Mediterráneo nos interesa trabajar activamente, y ahora más que nunca, por la paz en Oriente Medio.

36.  Nos interesa reforzar nuestras relaciones con los Estados Unidos en el marco de una relación trasatlántica cada vez más vital para la seguridad y la estabilidad en todo el mundo.

37.  No se puede hablar de política exterior sin hablar de política de defensa. No es posible aspirar a ser un país importante, que está entre los primeros inversores del mundo, que tiene una economía extraordinariamente abierta, que tiene empresas en un número importante de países y permanecer al margen del esfuerzo colectivo de seguridad. Tenemos que ser consecuentes, y serlo implica entender que la modernización y la profesionalización de nuestras fuerzas armadas y de su capacidad de actuación forman parte de nuestra política exterior y de nuestro proyecto como país. La conciencia de la defensa debe formar parte del ejercicio de una ciudadanía responsable.

Una nación abierta a la integración de los inmigrantes

38.  Concebimos la España constitucional como una nación abierta. Nuestro país, en épocas no muy lejanas, fue un país de emigración. Este hecho nos obliga ahora, cuando la inmigración es una realidad en nuestra sociedad, a encontrar las alternativas más adecuadas para los inmigrantes. Hoy España tiene casi un millón y medio de inmigrantes regularizados, en un proceso que está creciendo cada día. Necesitamos la inmigración y necesitamos regularla adecuadamente precisamente para garantizar los derechos de los inmigrantes y su adecuada integración.

Pensando en que los inmigrantes son personas tenemos que dar las soluciones adecuadas; respuestas concretas a problemas concretos. No nos podemos permitir discursos demagógicos, algunos de los cuales se revisten de un falso progresismo, que nos alejan del enfoque correcto de esta nueva realidad.

Ante las necesidades de los inmigrantes lo primero y más importante es la lucha contra las mafias que trafican con personas humanas, con sus legítimas aspiraciones de encontrar un trabajo que mejore su condición de vida. Esto es lo primero, por esto es importante distinguir entre inmigración legal e inmigración ilegal. Solo combatiendo decididamente las mafias terminaremos con la inmigración ilegal.

39.  Lo segundo es garantizar la plena integración de los inmigrantes en nuestra sociedad. Aceptarlos con su cultura, sus costumbres; pero al mismo tiempo los inmigrantes tienen que aceptar nuestras costumbres, nuestro marco de convivencia, nuestro modelo de convivencia en libertad. La plena integración de los inmigrantes con todos los derechos, pero también con todos los deberes.

El respeto a la pluralidad cultural de los inmigrantes no se contradice con la necesaria plena integración en nuestro sistema de valores. Todo lo contrario. Es la garantía del pleno y mutuo respeto, base de la convivencia. No hagamos trampas en nombre de multiculturalismos que lo único que propician es la marginación y el racismo. No deseamos una sociedad compartimentada culturalmente, sino una sociedad integrada y plural. De lo que se trata es de considerar a los inmigrantes como personas, con sus derechos, libertades y obligaciones individuales sin más limites que los del Estado de Derecho. Se trata de que personas que no son españoles de origen sean y puedan sentirse ciudadanos de la España constitucional.

40.  Lo tercero es garantizar que los inmigrantes puedan disponer de un lugar de trabajo adecuado a sus posibilidades y adecuado a nuestras necesidades que, por otra parte, son crecientes. Este es el único planteamiento responsable para garantizar la plena integración y así evitar la marginación social y el racismo. La mejor solidaridad con el inmigrante es garantizarle una manera digna de ganarse la vida, y un puesto de trabajo y olvidar la realidad es un error mayúsculo. En este tema y en cualquier otro.

 

Una nación solidaria

41.  La cooperación internacional para el desarrollo es un deber de solidaridad y es una necesidad para garantizar el pleno desarrollo de todos los países evitando las desigualdades sociales, y la marginación que el subdesarrollo comporta. La cooperación es una decisión estratégica, es una apuesta a favor del desarrollo económico, político, social, institucional y de los valores que permiten sociedades más libres, justas y solidarias. Si estamos convencidos que los valores de nuestra sociedad son dignos del esfuerzo que hemos hecho para conseguirlos, para vivir en ellos, tenemos que saber transmitirlos. Los países en vías de desarrollo se encuentran en esa situación porque nunca han gozado del sistema de valores y del sistema económico del que nosotros gozamos. Reflexionemos seriamente sobre ello.

España es hoy un país que necesita impulsar políticas de cooperación. Nuestras políticas de cooperación van destinadas a garantizar el crecimiento económico y social, en el medio y largo plazo, de los países con los que cooperamos. Las ayudas a la educación, a la formación, o al fortalecimiento institucional en todos los sentidos, como elemento esencial para un crecimiento sostenido, tienen un lugar destacado.

En este contexto, las organizaciones no gubernamentales tienen un lugar importante. Son la expresión de una sociedad que se siente solidaria y responsable. Muchas de ellas merecen admiración y respeto por su trabajo serio y responsable. Su actuación, acorde con las políticas globales emanadas de las legítimas instituciones democráticas, es imprescindible.

Una nación abierta a la globalización

42.  En el nuevo marco de la globalización, queremos reafirmar que nuestras preocupaciones se orientan preferentemente a la defensa de la persona, a su reconocimiento como destinataria de la acción política, y a la primacía de la sociedad sobre el Estado. Asimismo, se dirigen a dar respuesta a las demandas de conocimiento, nuevas tecnologías, cultura y bienestar integral que la nueva sociedad plantea.

La globalización es una oportunidad para todos los países del mundo. La libre circulación de ideas y culturas siempre ha sido una oportunidad de crecimiento intelectual, de capacidad de análisis, y en consecuencia un freno para los totalitarismos y los integrismos que se fundamentan en la manipulación de los conocimientos y la información, en el temor a la libertad.

Es una oportunidad económica, de crecimiento económico, para todos los países del mundo. Crecimiento económico implica progreso, bienestar, dignidad. La libre circulación de mercancías y capitales, de cultura y conocimientos, es la mejor garantía de que los países pobres puedan dejar su marginalidad. Las políticas intervencionistas y de control son las que han condenado a la pobreza a muchísimos ciudadanos en todo el planeta. La mejor garantía para que los países pobres sigan siendo pobres es la anti-globalización. Como si no hubiéramos tenido suficiente con la experiencia del "socialismo real".

También es un activo para la sociedad española. Nuestra situación geográfica, nuestra lengua, nuestra posición internacional y nuestra disposición ante los cambios sitúan a la sociedad española en el camino del éxito en esta nueva etapa de superación de las fronteras.

43.  La libre circulación de ideas, información, mercancías, servicios, capitales y personas son fenómenos que no solo han favorecido la apertura de las fronteras, sino que demandan de los Estados la transformación de su papel para servir a la comunidad. Por una parte, las sociedades de hoy quieren que las decisiones políticas se tomen más cerca de los ciudadanos. Por otra parte, la colaboración internacional tiene un amplio campo para desarrollarse y resolver problemas que un país no puede abordar aisladamente.

Situarse correctamente en ese marco es vital para el futuro, y ello requiere reflexiones políticas y estratégicas que miren al futuro con lucidez y optimismo. Requiere centrar el debate y la reflexión en las coordenadas de hoy, en la realidad de hoy, en la España de hoy.

44.  La globalización es también una oportunidad para nuestra cultura, para la pluralidad de nuestras aportaciones culturales. Tenemos una gran riqueza lingüística, y además, como se ha dicho, una lengua común que es hoy, después del inglés, la segunda lengua de comunicación mundial. Tenemos más: una cultura compartida con muchos países. Estos dos elementos son un activo que tenemos que aprovechar para que los españoles tengamos un papel relevante en esta nueva sociedad que emerge y que deseamos para nuestro futuro y el de las próximas generaciones.

España puede aportar más. Puede aportar la experiencia de un país que, en los últimos años ha sabido conjugar diversidad cultural con proyecto común. El debate entre identidad y globalidad no es un debate de exclusiones, sino que es un debate de complementariedades. La globalización no es ningún peligro para las culturas propias; es una oportunidad para su difusión, para estar presentes en el mundo. La globalización es solo un peligro para lo propio, en la medida en que se encierre sobre sí mismo para protegerse. Ese es el camino más directo a la marginación y a la irrelevancia. No nos equivoquemos.

45.  Es en este contexto en el que tenemos que plantearnos las consecuencias del atentado terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York. Nadie con un mínimo de sentido cívico puede sentirse indiferente ante la ofensiva terrorista del 11 de septiembre. Fue un ataque terrorista a todo un concepto de convivencia, a un sistema de valores del cual, afortunadamente, nosotros formamos parte con todas sus consecuencias.

El ataque terrorista contra las Torres Gemelas no es una confrontación de países pobres contra países ricos; no es una confrontación de religiones o creencias. Es un ataque a unos valores de convivencia, a un sistema de vivir en sociedad. A nosotros nos interesa que prevalezcan esos valores –que son los nuestros- porque son la garantía de la libertad, porque son la garantía del progreso. Es un ataque a estos valores porque ellos permiten vivir en libertad, ser plenamente libres, y eso es algo que nunca aceptaran los integrismos. Al integrismo le interesa el discurso del "nosotros" y "los demás", de la etnia, la raza y el territorio como concepto de pertenencia, como valor absoluto. El integrismo quiere, necesita, manipular los sentimientos. La libertad es enemiga del integrismo. Y hay que asumir los riesgos que se derivan de la libertad. Nunca limitarla o, muchísimo menos, negarla. Desde la defensa de la libertad debemos combatir al terrorismo y a los enemigos de la sociedad abierta.

46.  Las democracias se han dado cuenta de la importancia que tiene identificar las más graves amenazas que pesan sobre nosotros. Esta teoría de "nuevos riesgos-nuevas amenazas" resulta esencial para entender el resurgir de los Estados, de la cooperación intergubernamental, y del concierto internacional en general. Tras el 11 de Septiembre, el patriotismo constitucional implica el necesario intento de redefinir las prioridades, los problemas y las necesidades de sociedades modernas que se enfrentan a obstáculos con un potencial extraordinariamente desestabilizador.

Debemos trabajar en la definición de instrumentos intergubernamentales, jurídicos, judiciales, para luchar contra las nuevas amenazas a las que se enfrenta el mundo libre. Pero ello no es suficiente. Debemos fortalecer los principios sobre los que ha de asentarse el compromiso con la democracia, con las libertades, con los derechos fundamentales de los ciudadanos, y reflexionar lo que en este ámbito aporta el patriotismo constitucional. Muchas veces se olvida que el bien supremo de una sociedad sigue siendo la defensa y garantía de los derechos y la preservación de los valores democráticos. Y que la única manera de garantizar unos y otros es mediante el fortalecimiento de las instituciones democráticas y del Estado de Derecho.

47.  Por eso, el Partido Popular sostiene y respalda la acción concertada de las democracias contra todos aquellos regímenes y organizaciones que presten amparo, cobertura o guarida a los terroristas. Su lucha es la nuestra, en defensa de los valores que compartimos y que queremos defender.

Como país no podemos permanecer al margen ni del esfuerzo colectivo en la batalla contra el terrorismo, ni del esfuerzo para erradicar la intolerancia, el integrismo, que impiden que el ser humano sea plenamente libre. Sería insolidario e incoherente hacer lo contrario, porque España siempre ha reclamado la colaboración internacional en la lucha contra el terrorismo.

No podemos caer en la trampa de decir que la situación generada por el terrorismo se arregla con el diálogo. No es posible, porque los terroristas no creen en el valor del diálogo, y si creyeran en él no serian terroristas. La violencia terrorista, sea talibán o sea de ETA, degenera siempre en un oficio, en un comercio asesino que aglutina a comparsas fanáticos, frente a los que una sociedad moderna no puede permanecer indefensa.

 

EL PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XXI. CONCLUSIONES.

48.  Es en la España de hoy en la que tenemos que centrar nuestra reflexión sobre el patriotismo constitucional. Estamos pensando:

 

·         en la España de las libertades, del Estado de Derecho y del prestigio de la ley;

·         en la España que ha sabido articular entre todos un proyecto común;

·         en la España que aprecia su pluralidad y que es capaz de integrar a todos sus habitantes sin exclusiones y con respeto a sus propios rasgos de identidad; y que quiere integrar a aquellos que vienen de fuera a buscar bienestar y a aportarnos su esfuerzo;

·         en la España abierta, que participa plena y activamente en la construcción de una Europa dinámica, y que junto a los demás países de Iberoamérica tiene un peso cada vez más importante;

·         en la España que, junto con las demás naciones con las que comparte unos valores y principios, está determinada a derrotar al terrorismo.

Es en esta España en la que estamos pensando.

1.      El patriotismo constitucional que queremos transmitir a la sociedad española incluye:

Defender la libertad como elemento básico de la convivencia; como derecho esencial e inalienable de la persona; derecho al que ninguna persona tiene por qué renunciar en nombre de supuestos derechos colectivos. Es defender que el ser humano tiene todo el derecho a ser plenamente libre, a sentirse plenamente libre.

Es defender la convivencia con pleno respeto a las opiniones de los demás. Es la aceptación de los distintos criterios, sensibilidades y posiciones ideológicas que una sociedad plural y abierta tiene; aceptar y defender que esta complejidad es una riqueza de y para la propia sociedad.

Es defender la España plural y la pluralidad como riqueza. Es defender que ni lo propio se contrapone a lo común, ni lo común a lo propio; que al defender España se defiende a todas y cada una de las lenguas, las tradiciones y las sensibilidades que integran la España plural.

Es defender la solidaridad: la solidaridad entre españoles de diferentes territorios y entre las diversas generaciones, y para ello es preciso reforzar la cooperación, la cohesión territorial y social, y el impulso de la igualdad de oportunidades.

Es defender una educación que forme personas con espíritu crítico, con capacidad de análisis; en definitiva, la formación de ciudadanos libres y responsables.

Es defender la modernidad entendida como apertura individual y social a las nuevas cuestiones que la evolución de la propia sociedad nos plantea. Entendida como esfuerzo colectivo a favor del progreso, como capacidad de innovación.

El patriotismo constitucional es, también, participar en la construcción europea. Es apostar firmemente a favor de la Europa política que entre todos estamos construyendo, con los retos y las oportunidades que comportará a las naciones que constituyen y construyen Europa.

El patriotismo constitucional es sentirnos orgullosos de ser ciudadanos de esta España que ha demostrado tener capacidad para solucionar sus problemas, para crecer, para ocupar un lugar preeminente en el orden internacional, para tener un proyecto común y compartido. Es apostar a favor de este proyecto, es colaborar en la realización del mismo.

2.      Entendemos que el patriotismo constitucional es la expresión constructiva y ordenada de sentimientos de vinculación a la España de hoy, de manera que, siendo un concepto abierto, permite la inclusión de la derecha, del centro, de la izquierda y de los nacionalismos constitucionales respetuosos con la democracia.

Es una idea no dogmática que implica, como la propia democracia, un compromiso entre grupos y corrientes muy diversas y abierto a todas las modificaciones que no quiebren los principios constituyentes. El patriotismo constitucional que defendemos asume por eso su calidad de concepto no dogmático, capaz de generar numerosos puntos de encuentro en y para la sociedad española, y reclama una cierta generosidad, una cierta renuncia de todos a cambio de una defensa de lo constitucionalmente admitido y admisible.

Porque lo propio del patriotismo constitucional es el compromiso, el pacto, el consenso, la negociación de lo negociable y la firmeza y la defensa cerrada de los valores y principios que lo hacen posible y garantizan las libertades democráticas. Quizá por eso lo característico de un sistema asentado sobre el patriotismo constitucional es que todo el mundo esté moderadamente insatisfecho y razonablemente satisfecho del estado de las cosas.

En ese sentido, el patriotismo constitucional que propugnamos no aspira tanto a zanjar debates jurídicos, o históricos, o filosóficos, como a impulsar un proyecto atractivo y plural de España, compatible con el hecho de la diversidad de ideas y sentimientos y con la existencia de debates abiertos. No aspira a reescribir la historia, sino a afianzar el presente y a garantizar el futuro constitucional de España.

3.      El patriotismo constitucional no se fundamenta en el dominio o derecho de la historia, la etnia, la raza, la comunidad de creencias y lengua o cualquier otra herencia, sea esta más o menos real o imaginaria. Promueve políticas constitucionales para la integración de todos en un proyecto positivo y deseable de España.

4.      En síntesis, el patriotismo constitucional que planteamos a la sociedad española en el marco del Congreso de nuestro Partido, es -queremos que sea- abierto a todos.

Entendemos el patriotismo constitucional como el vínculo democrático entre españoles, titulares en común de la soberanía, que agrupados en torno a las libertades de la Constitución, forman una nación cívica y plural. Afirmamos que España es una nación plural.

Estamos seguros de que el mantenimiento del pacto constitucional nos proporcionará la estabilidad necesaria para llegar mucho más lejos en cuanto al bienestar de todos y en cuanto a nuestra proyección en el mundo.

Porque creemos que los valores y los principios acordados en el pacto constitucional siguen siendo el marco válido, deseamos que todos los españoles, independientemente de su adscripción ideológica o partidaria, se sientan incluidos en el patriotismo constitucional.

El patriotismo constitucional es un concepto de futuro. Un concepto para la España del siglo XXI. Un concepto incluyente de todos aquellos que deseen un futuro común y compartido, atrayente y atractivo. Un futuro mejor y con más oportunidades para todos.

Un futuro deseable.