El barco que voló sobre las aguas

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En nuestro habitual recorrido por lo más destacado de la blogosfera, hoy te invitamos a descubrir uno de los momentos más espeluznantes y hermosos de la historia de las pruebas nucleares de la mano de Miguel Artime y su bitácora «Maikelnai’s blog».

Para ello, tenemos que trasladarnos al atolón Bikini, una pequeña isla del Pacífico en la que los Estados Unidos desarrolló hasta 20 pruebas nucleares entre los años 1946 y 1958. Antes de darle ese uso, la zona era usada por el ejército estadounidense como cementerio de barcos de la Segunda Guerra Mundial. Este hecho influyó en que parte de la finalidad de esas pruebas fuese comprobar los efectos de las armas nucleares sobre los buques de guerra.

Precisamente ese era el objetivo de la operación «Crossroads», en la que se detonaron dos potentes bombas. Una de ellas constituyó la primera explosión nuclear submarina de la historia. Ese desgraciado honor le correspondió a una bomba bautizada como «Baker», a cuya detonación corresponde la impactante imagen que ilustra este texto, tomada a 5,6 kilómetros del lugar de la explosión.

«Baker» poseía 23 kilotones de potencia —bastante más que los 16 con los que contaba «Little Boy», la tristemente famosa bomba lanzada sobre Hiroshima—, que fueron detonados el 25 de julio de 1946 a una profundidad de 27 metros.

Su potencia era tan grande que hizo volar literalmente algunos de los barcos que se encontraban sobre el punto de la explosión. De hecho, la mancha negra que se aprecia a la derecha de la columna de agua y arena provocada por la bomba es en realidad un enorme barco flotando completamente por los aires.

La explosión elevó dos millones de toneladas de agua —el contenido de unas 800 piscinas olímpicas— hacia el cielo y creó una columna de 1.800 metros de alto y 600 metros de ancho. El grosor de los «muros» de esa columna era de más de 90 metros.

A pesar de la espectacularidad y belleza de las imágenes que proporcionó esta prueba, sus efectos devastadores fueron muy superiores. Así, se calcula que la esperanza de vida de todos los que participaron en el ensayo se redujo una media de tres meses, mientras que el atolón Bikini sufre todavía los efectos de la radioactividad.