Rubén Sáez Abad posa junto al escorpión romano de su colección, en Albarracín (Teruel)
Rubén Sáez Abad posa junto al escorpión romano de su colección, en Albarracín (Teruel) - C.C

El pueblo medieval de Albarracín, la capital mundial de las máquinas de asedio

Para obtener más información sobre las piezas de asedio, el historiador Rubén Sáez Abad se dedica a fabricar máquinas de distintos periodos a tamaño real y completamente operativas. Entre maquetas y máquinas a tamaño real, el turolense ha reunido 85 modelos de distintos periodos. ABC visita una iniciativa que no tiene equivalente en ningún rincón del mundo

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A pocos metros de una enorme catapulta medieval y de un gigantesco trebuchet capaz de arrojar piedras de 400 kilos, un joven turolense se afana en armar un gastraphetes griego (arco compuesto) para arrojar unas cuantas flechas contra el horizonte. «La verdad es que no ganamos para fechas», bromea Rubén Sáez Abad, que cuida bien hacia dónde debe apuntar si quiere que sus padres, los cuales permanecen en un segundo plano, recuperen la preciada flecha fabricada al modo artesanal, como todo lo que está a la vista. Con la remota estampa de Albarracín (Teruel) de fondo, una flecha sale disparada en una destellante curva sin riesgo de alcanzar las murallas de este precioso pueblo medieval. Albarracín está a más de dos kilómetros y, en cualquier caso, una veintena de infantes le reclaman un blanco más profano. «¡Que dispare al autobús! ¡Que dispare al autobús!», cantan los niños de 6 a 7 años del Colegio Las Viñas de Teruel, uno de los centros de la zona que acuden a visitar el parque cada año, interrumpiendo el rigor militar de una escena propia de otro tiempo.

Trebuchet Park, con medio centenar de máquinas de asedio completamente operativas apiñadas en una pequeña finca familiar, parece un lugar de otro tiempo, salvo porque ocupa un importante hueco en éste: es el mayor parque temático de máquinas de asedio antiguas y medievales a escala real del mundo.

En el momento de realizar su tesis doctoral en Historia, el improvisado artesano Rubén Sáez (Teruel, 1978) –licenciado en Humanidades– se forzó a elegir entre dos ramas que poco tienen en común: la tecnología hidráulica en la Antigüedad y el estudio de las máquinas de asedio. Se inclinó por la segunda sin imaginar los numerosos clavos que iba a tener que clavar por culpa de su decisión. «Evidentemente si lo hubiera hecho por la rama de la hidráulica no me hubiera puesto a construir acueductos romanos». Una vez comenzada la tesis, el joven se percató de que esta rama de la Historia emplea desde hace un siglo las mismas fuentes escritas y arqueológicas. Necesitaba una nueva fuente de información y no halló otra respuesta que construir su propia máquina de guerra siguiendo las descripciones del periodo. Junto a la ayuda de su padre, el investigador aragonés fabricó una copia a tamaño real del conocido como escorpión romano de Caminreal, utilizando como referencia los restos arqueológicos que se conservan en el Museo de Teruel. La detallada reconstrucción del escorpión acompañó su tesis final y llamó la atención del Ministerio de Defensa. De manos del ministro José Bono, Rubén Sáez recibió el Premio Nacional de Defensa en 2004 por su trabajo.

«Fue entonces cuando vi que ésta es una línea de investigación que gusta y que es muy espectacular. A los niños les encantan los caballeros y las espadas», narra el experto en máquinas de guerra. De los artefactos procedentes de la Antigüedad saltó a la ruda tecnología militar de la Edad Media. El objetivo era crear una pequeña colección que pudiera ser mostrada en exposiciones de museos y pequeños pueblos, pero Rubén Sáez no ha encontrado en la última década el momento de dejar de construir nuevas piezas. Entre maquinas a tamaño real y maquetas, el turolense atesora en la actualidad más de 85 modelos diferentes, de los cuales 55 se encuentran expuestos en el corazón de su proyecto: Trebuchet Park.

Un proyecto familiar sin ayudas públicas

Situado en una finca familiar, Trebuchet Park de Albarracín es un parque temático dedicado a las máquinas empleadas a lo largo de la Historia por los diversos ejércitos para el asedio de fortificaciones. Además del gran número de máquinas de guerra que alberga y su fabricación artesanal con materiales originales, la gran particularidad del parque reside en que contiene piezas de un amplio abanico de culturas, desde la cultura neoasiria, pasando por los griegos, el Imperio Romano, Bizancio, musulmanes, cristianos e incluso las civilizaciones orientales. Entre sus obras de mayor dimensión, destaca la que durante mucho tiempo se creyó –antes de que el propio Rubén Sáez descubriera una aún más antigua del periodo egipcio– como la primera máquina representada de la Historia: una imponente torre neosaria del siglo IX a. C. basada en unos relieves del British Museum.

Y aunque el goteo de colegios y visitantes que acude al parque no deja de aumentar cada año, Rubén Sáez reconoce las dificultades de un proyecto que no cuenta con ninguna financiación pública, ni con el apoyo siquiera del Ayuntamiento de Albarracín. «Incluso los carteles de tráfico para llegar aquí los pago de mi dinero al Ayuntamiento. Lo cual es algo bastante inexplicable, puesto que este sitio es un recurso turístico de primer nivel para atraer gente a la zona», defiende el investigador turolense, que, antes de montar el parque, recibió ofertas de otros países de Europa para iniciar proyectos similares en el extranjero. El investigador, sin embargo, agotó las opciones para que el proyecto se estableciera en la región de Teruel, porque es «una tierra muy maltratada históricamente, que ha sufrido una salvaje fuga de cerebros en las últimas tres décadas».

La poca afluencia es el principal problema de montar un proyecto de estas dimensiones en un pequeño pueblo como Albarracín, que año tras año encabeza las listas de los pueblos más bonitos de España, pero no pilla cerca de ninguna ruta bulliciosa. «Nuestra muestra en Buitrago de Lozoya (la Comunidad de Madrid) tiene el doble de visitas con solo diez máquinas», plantea Rubén Sáez, quien ha hecho de las máquinas de guerra su forma de vivir. Además de las entradas al parque (2 euros los niños y 3 los adultos), la familia sobrevive a través de los ingresos de la cesión de piezas a exposiciones temporales, de impartir conferencias y cursos, de asesorar en documentales y películas y de haber publicado casi una veintena de libros sobre la poliorcética en diferentes civilizaciones y periodos. «Tampoco voy a negar lo obvio, vivir de la cultura en este país es muy complicado». Precisamente por ello, la reciente oferta que Trebuchet Park ha recibido del Ayuntamiento de Teruel suena a balsa salvadora.

Tras unos meses de negociación con Rubén Sáez, el Ayuntamiento de Teruel ha concedido hace pocos días una primera aportación de 100.000 euros para la redacción de un proyecto que trasladaría el Trebuchet Park a la capital de la provincia. Siguiendo el hilo temático del parque temático Dinópolis, el equipo del joven investigador pretende poner en marcha un gran parque de ocio que abarcaría la historia de las máquinas de guerra desde Egipto hasta el siglo XV. Pero no se trata de una mera mudanza de Albarracín a Teruel. Es algo más ambicioso. «Habría un museo cerrado con uniformes de todas las épocas históricas, dioramas, reconstrucciones de asedios emblemáticos, recreaciones con actores vestidos de época y un campo de tiro donde se podría ver in situ el efecto de las armas en auténticos muros», apunta el creador de un proyecto que da ahora sus primeros pasos y que alimentaría el gran sueño de Rubén Sáez. «Se pueden reconstruir entre 1.000 a 1.200 modelos diferentes de máquinas. No sé si nos dará tiempo en esta vida o en la siguiente, pero nuestro objetivo es fabricarlos todos».

Cuatro preguntas a Rubén Sáez Abad