Neurociencia

Mirar a los ojos de tu perro estrecha la relación entre ambos

En el proceso de domesticación, los perros han aprendido a interaccionar con los circuitos del cerebro que despiertan en los humanos sentimientos de cuidado hacia la prole

A lo largo de miles de años los perros han aprendido conectar con nuestro sistema para crear lazos
A lo largo de miles de años los perros han aprendido conectar con nuestro sistema para crear lazos - Fotolia

¿Cómo han conseguido los perros arraigarse tanto en las sociedades humanas? ¿Por qué tenemos hacia ellos sentimientos de genuina amistad, cariño y apego? ¿Y por qué este sentimiento parece ser mutuo? La respuesta podría estar en una cualidad tan aparentemente “humana” como la mirada. Lo explica un trabajo publicado en el último número de “Science”, que merece además un comentario aparte, de Evan MacLean y Brian Hare, del Centro de Cognición Canina de la Universidad de Duke.

Ambos investigadores indican que durante mucho tiempo el estudio de la evolución social y cognitiva se ha centrado en los primates más próximos a nosotros, que se han usasdo como modelo, pero resulta que tenemos “sentado a nuestros pies” un caso notable de convergencia evolutiva entre canes y humanos.

Y es que, los perros reconocen la sonrisa, leen nuestas emociones en los gestos, escuchan nuestras palabras y el tono en el que las decimos, tienen celos... Es evidente, como resalta la revista, que tienen muchas cosas que enseñarnos sobre cognición y sobre nosotros mismos. Más de las que podríamos haber imaginado según las últimas investigaciones.

"Psicología" canina

Si la “psicología” canina cambió durante el proceso de domesticación a lo largo de decenas de miles de años, ¿qué mecanismos biológicos están implicados y cómo han conseguido que la relación entre ambas especies tenga tanto éxito desde una perspectiva evolutiva? La pluriempleada hormona del amor, la oxitocina, que estrecha lazos entre los humanos, tiene la respuesta. Según estos dos investigadores, los perros han logrado “apropiarse” de forma muy hábil del circuito cerebral responsable de la unión entre las personas, encargado también de despertar en los humanos actitudes de cuidado hacia la prole. Y el mediador en esta ruta es precisamente la oxitocina.

Se trata de una pequeña y primitiva molécula compuesta sólo por 9 aminoácidos que empezó su “carrera” en la evolución encargándose de mantener el balance adecuado de sal y agua. Pero poco a poco fue ascendiendo, y se ocupó de las conductas reproductoras y maternales. De hecho la oxitocina se produce durante el parto. Después extendió su influencia inicial en círculos concéntricos cada vez más amplios: pareja (la oxitocina se libera durante el orgasmo), familia (caricias e interacción visual) y otros miembros de la tribu. Y ahora parece que los canes durante su proceso de domesticación han aprendido de la relación de los humanos con sus hijos y ahora son capaces, como los niños, de leer en nuestra mirada.

Curiosamente, los investigadores han comprobado que los lobos no muestran esta respuesta a la mirada humana, ni siquiera cuando han sido criados por seres humanos. De ahí deducen que esta forma tan “humana” de estrechar lazos ha coevolucionado en perros y humanos en el transcurso de la domesticación de los canes.

Mantener la mirada

Estas conclusiones se basan en dos experimentos. Por un lado, los investigadores estudiaron el comportamiento de 30 perros y sus dueños mientras permanecían aislados durante media hora en una habitación. Tomaron nota de las veces que los dueños les hablaban, acariciaban y miraban. A continuación midieron los niveles de oxitocina en la orina y descubrieron que el aumento del contacto visual entre los perros y sus dueños habían elevado los niveles de oxitocina en el cerebro de ambos.

Para estar seguros de que era la mirada la que hacía subir los niveles de esta neurohormona, y por tanto estrechaba lazos, en un segundo experimento, los investigadores rociaron oxitocina en la nariz de algunos perros y los colocaron en una habitación con sus propietarios y además algunos desconocidos. Curiosamente solo las hembras respondieron al espray de oxitocina aumentando la cantidad de tiempo que miraban a sus amos. Y después de 30 minutos, los niveles de oxitocina se habían incrementado también en sus dueños. Una prueba más en favor del circuito de retroalimentación mediado por oxitocina que estrecha los lazos entre los perros y sus dueños.

Atando cabos

Curiosamente, estos experimentos reflejan el resultado de otros, llevados a cabo en varones con hijos, que muestran que la administración de oxitocina por el mismo procedimiento incrementa el comportamiento parental.

De ahí que concluyan que el contacto ocular frecuente y sostenido entre los perros y sus dueños haya “atrapado” a ambas especies en un circuito neural que afianza su unión y que varía de forma sincronizada en ambos. La evolución es ahorradora, dicen, y recicla viejos mecanismos para nuevos usos.

Este trabajo puede también explicar por qué tener un perro es tan saludable, en especial para personas con algún tipo de dificultad, como ancianos o en niños con trastorno del espectro autista. La clave está en el incremento de oxitocina, que disminuye los niveles de estrés. Además facilita las relaciones sociales, de ahí que se haya propuesto, aunque no libre de controversia, como tratamiento para esta patología. Los perros podrían tener cierto efecto terapéutico y sin efectos secundarios.

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