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Lara, Díez, Erkoreka y Barkos se quedan solos al recibir en silencio al Rey

El Gobierno de Rajoy ocupa por primera vez el banco azul del Congreso, con menos escaños

Día 28/12/2011

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La anunciada ausencia de los siete diputados de Amaiur y los tres de ERC en la sesión solemne de las Cortes apenas se notó en un hemiciclo abarrotado de diputados y senadores, que ocuparon todas las sillas disponibles. Mucho más llamativo resultó el cruce de brazos del portavoz de Izquierda Unida, Cayo Lara, que recibió con esa pose al Rey, y que no relajó su actitud defensiva hasta que Don Juan Carlos se marchó del salón de plenos. Lara, ataviado con polo gris oscuro, americana y bufanda, no se inmutó cuando sus señorías recibieron al Rey de pie con una de las ovaciones más largas que se recuerdan en el Congreso en las últimas legislaturas. El portavoz de Izquierda Unida no se quedó solo en su silencio. Al lado tenía otros tres portavoces que hicieron lo mismo: Josu Erkoreka (PNV), Rosa Díez (UPyD) y Uxúe Barkos (Geroa Bai, portavoz de turno en el Grupo Mixto). Otros diputados de IU actuaron igual, en la parte de atrás del hemiciclo. Díez hizo un tímido conato de aplaudir, con aparente desgana, pero su intento duró dos segundos. En seguida, se frenó. Estos cuatros diputados, eso sí, tuvieron que soportar de pie los dos minutos de aplausos del resto de parlamentarios, con el Rey justo enfrente, y también el grito de «¡viva el Rey!» que surgió de los escaños del PP, con respuestas de más «¡viva!».

Cuando Don Juan Carlos terminó su discurso, se repitió la escena: largos aplausos, mientras Lara seguía de brazos cruzados. Las palabras del Rey debieron de gustar algo a Erkoreka y Barkos, que en este caso sí aplaudieron, tímidamente y con las manos algo caídas. Díez, de nuevo, lo intentó, pero se le notaba muy forzada.

Los diputados de Izquierda Unida han cogido el gusto a los desplantes y a dar la nota en los actos oficiales. El Día de la Constitución llegaron al Congreso, hicieron unas declaraciones y se marcharon con un portazo. Ayer ocurrió algo parecido. Tras el discurso del Rey, se negaron a participar en la recepción oficial. En los pasillos, Lara explicó que prefería «aprovechar el tiempo» con otras tareas. También comentó que cuando escuchó el «¡viva el Rey!» le dieron ganas de gritar un «¡viva la República!», pero se paró a tiempo, entre otras cosas, dijo, porque no lo había acordado con sus compañeros. También pensaba llevar un pin de la República en la solapa de su americana, como alguno de sus compañeros de filas, pero cambió de chaqueta y se quedó sin el pin, según señaló.

Más allá de los diputados de las manos caídas, la atención se centró en el banco azul del Gobierno, de estreno después de casi ocho años. Mariano Rajoy ocupó por primera vez el sillón de presidente del Gobierno, en el lado opuesto al que ocupaba José Luis Rodríguez Zapatero. A su lado, Soraya Sáenz de Santamaría, y a continuación, José Manuel García Margallo, uno de los más entusiastas en los aplausos al Rey. Su admiración por Don Juan Carlos nació en tiempos de la dictadura, cuando él formaba parte de las Juventudes Monárquicas.

Los ex ministros, juntos

El Grupo Socialista tenía reservada casi una fila entera para los ex ministros, que se situaron justo por encima de la dirección parlamentaria, con Alfredo Pérez Rubalcaba a la cabeza. Manuel Chaves, José Blanco, Trinidad Jiménez, Antonio Camacho, Carme Chacón, Leire Pajín, Francisco Caamaño, Rosa Aguilar y Valeriano Gómez se sentaron por primera vez como diputados rasos.

Otra de las protagonistas del día fue Alicia Sánchez-Camacho, presidenta del PP catalán y senadora, que acudió con su hijo, al no tener con quién dejarlo. Tampoco consiguió que lo atendieran en la guardería de la Cámara, así que lo dejó a cargo de asistentes del Grupo Popular. El niño tuvo un sonoro berrinche en el patio del Congreso.

Durante el «austero vino español» que se sirvió, el Salón de los Pasos Perdidos se quedó pequeño. Los Reyes y los Príncipes de Asturias estuvieron durante más de una hora conversando con los parlamentarios, y muchos de ellos aprovecharon para presentarse a los miembros de la Familia Real. En los corrillos se comentaba el impresionante homenaje que acababa de recibir el Rey. Don Juan Carlos reconoció que le había emocionado y añadió que hay que ser consciente de lo que ese aplauso exige.

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