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Un año después del aparatoso accidente que, nunca mejor dicho, le llevó a dar con sus huesos en el suelo, el esqueleto de la emblemática ballena que durante años animó el interior del Castell dels Tres Dragons ya preside la entrada del Museu Blau, en el edificio del Fòrum.
El esqueleto, de 20 metros de largo y una tonelada de peso, ha sido minuciosamente restaurado y, tal y como explicó la directora del centro, Anna Omedes, colocado en una posición más natural, como si estuviese emergiendo del agua.





