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«Nunca he sentido peligro por los seísmos, pero hoy he salido de casa con la libreta del banco»

ABC recaba testimonios de españoles en Japón: «Por primera vez en mi vida, por un instante pensé que la palmaba, pensé que era el final», cuenta Héctor García. A Exteriores no le consta que haya muerto ningún español y llama a la calma porque hay «pocos» residiendo en la zona afectada por la sacudida

Día 11/03/2011 - 21.22h
Hironori Ishii
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«Salí a la calle y seguía temblando todo», confiesa el jesuita español Manuel Silgo, tras 48 años residiendo en Japón. «Parecía que la cama iba a salir volando», dice aún con el temblor cortante en la voz la madrileña Lara Reyero. Son solo dos de los testimonios recabados por ABC de ciudadanos españoles que pasado el mediodía en el archipiélago nipón se han quedado mudos con el suelo moviéndose bajo sus pies.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ha activado la "maquinaria" diplomática idónea en casos de terremotos o catástrofes como la acaecida hoy en Japón y en estos momentos se encuentra telefoneando a los españoles residentes en la provincia de Miyagi, donde la tierra ha dado una sacudida devastadora. "Las imágenes son impactantes", reconocen diplomáticos en Madrid en contacto permanente con la Embajada española en Tokio, pero en la zona afectada "hay pocos ciudadanos españoles" viviendo. En rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, el titular de Presidencia, Ramón Jáuregui ha confirmado que se ha localizado a cuatro españoles en la zona del seísmo, informa Inma Zamora, un dato que ha rebajado a tres posteriormente la Embajada española en Tokio. "No sabemos si están bien, desaparecidos o no porque no hemos podido contactar aún con ellos -ha aseverado el hoy portavoz del Gobierno-. Estamos en su búsqueda a través de los servicios consulares y las autoridades locales. Sobre el resto, no hay por qué temer nada al respecto. Es conveniente que esperemos un poco más para tener una información mejor".

Exteriores no tiene constancia hasta el momento de que haya ningún español muerto o herido en la tragedia, si bien son cautelosos y emplazan también a dentro de unas horas para tener un balance riguroso. Cuando el personal de la Embajada en Tokio telefonea a los residentes en el archipiélago nipón, sobre todo a los de las provincias de Miyagi, Fukushina, Ibaraki y Aomori, además de la costa de la provincia de Chiba, colindante con Tolio, les da los consejos habituales en estos casos.

El seísmo, de 8,9 grados en la escala Richter,es el cuarto terremoto más fuerte de la historia, y sin embargo, a algunos españoles contactados por este periódico en Osaka les ha "pillado trabajando". Se han enterado de la noticia y "acostumbrados" como admiten estar a estos temblores, el único gesto que ha cambiado su rutina es llamar a algún afectado, por ejemplo, en Kawasaki, que les han relatado que a pesar del tremendo temblor se encuentran "en perfecto estado". Luego han continuado trabajando.

«Pensé que la cama iba a salir volando»

Hironori Ishii 
La habitación de Hiro ha amanecido con todo tirado por el suelo

No lo ha vivido con tanta tranquilidad Lara Reyero. Despertamos con nuestra llamada a su bebé. Viven en Yokohama, al sur de la ciudad de Tokio. El niño lleva inquieto varias horas, desde que al filo de las 15.15 horas local han sentido terriblemente los efectos de hasta cuatro réplicas, "la segunda de ellas igual de fuerte que el propio seísmo". Lara lleva tres años casada con un joven japonés y en todo este tiempo "no había visto algo igual". "Parecía que la cama iba a salir volando. Hoy me ha dado mucho miedo", confiesa, al tiempo que describe cómo ha quedado su habitación cubierta de libros de las estanterías y otros enseres.

Se le adivina inquieta a miles de kilómetros de distancia. "El móvil funciona solo a cachos, ytodavía no he podido dar con mi marido. Hasta que no llegue a casa no estaré tranquila del todo", reconoce, aunque por la otra parte, la española, ya ha conseguido calmar a su familia en Madrid.

«Salí a la calle y seguía temblando todo»

El jesuita español Manuel Silgo llevaba 48 años en el país asiático. Reside en la capital y hoy afirma que el movimiento de la tierra le ha pillado "frente a la pantalla del ordenador". "Todo vibraba, los cristales, el suelo, el techo...", comenta este extremeño desde la casa donde convive con otra treintena de religiosos. "El edificio aguantó bien, es fuerte. No ha habido heridos ni en la casa ni en los alrededores. Estamos todos bien. Al principio un poco nerviosos, pero ahora ya más tranquilos", ha afirmado, si bien en medio de su estado de shock también comenta que salió a la calle y se asustó al comprobar que "seguía temblando todo" durante un rato que se hizo eterno.

Carmen Fraile trabaja en la Oficina Comercial y Económica de la Embajada española en el país asiático. Tiene 26 años. "Aún tiembla mi casa de vez en cuando, pero todo ha resistido superbien -escribe a través de Facebook-. Me da mucho miedo irme a dormir, porque no sé si ha pasado lo peor o está todavía por venir". "Cuesta irse a la cama y la comunidad de españoles que vivimos por aquí no nos hemos separado hasta ahora (nos escribe cuando aquí dan ya las 18.00 horas, más de diez después de la sacudida mortal). Y es que da un poco de miedo pensar que esto se repita y te pille durmiendo...".

Carmen se asustó al ver las caras de los japoneses

Carmen reseña que ha experimentado ya un par de terremotos cortos; en otros dos estaba durmiendo y ni la despertaron, pero el de hoy ha sido "el más fuerte de todos". "Al trabajar en la Embajada Española con personal japonés, confiaba en su experiencia ante este tipo de situaciones. Sin embargo, cuando ha empezado a moverse todo en el edificio, y he podido comprobar las caras de miedo de mis compañeros del país, yo misma me he asustado bastante. Ignoro por completo las precauciones que hay que tomar en estos casos, así que en lo único que pensaba era en salir al exterior", nos cuenta. Y prosigue su narración minuciosa: "De pronto, por megafonía nos han anunciado que lo mejor era salir al patio de la embajada. Allí hemos podido observar cómo algunos de los rascacielos que rodean a nuestro edificio cimbreaban de lado a lado. Cada vez que pensábamos que se había acabado e íbamos a volver dentro, de nuevo el suelo o bien vibraba o daba un pequeño balanceo".

"El tren y la mayoría de líneas de transporte están cortadas; los teléfonos han empezado a funcionar hace nada; el aspecto de escasez en los lineales de los combinis empieza a dar miedo y en las paradas de autobús hay colas como nunca antes. Resultado: prácticamente todos los trabajadores de Tokio se han visto ante la imposibilidad de volver a sus casas por metro o por tren. Así, hoy se ven cascadas de gente por las calles de cualquier barrio, filas de personas con un sitio cogido en las zonas de JR (tren), que abrirán toda la noche, para dormitar allí. Hileras de coches en todas las avenidas. Restaurantes y bares abarrotados. Masas de gente acabando con las existencias de los combinis... Vaya intensidad de día...", escribe Carmen.

En otro Instituto, el Valenciano de la Exportación (IVEX), siguen al minuto las noticias que les llegan desde Tokio porque una delegación ha permanecido refugiada desde el inicio del terremoto resguardada en su oficina, que se movía como "un barco en muchos momentos". Según han informado fuentes próximas al delegado de IVEX en Tokio, Carlos Montero, los empleados del IVEX en la capital nipona apenas han podido salir de sus despachos desde el inicio de la jornada, y ahora afrontan la noche con "miedo", informa Efe. Los empleados han comenzado incluso a marearse por la agitación y han podido comprobar cómo la gente salía a la calle, sin saber si debían hacer lo mismo o permanecer en los despachos, desde donde han continuando percibiendo réplicas "cada dos o tres minutos".

En esta oficina no se han quedado sin electricidad, un "lujo" del que no disfrutan en otras 90.000 viviendas en Tokio. Tampoco funcionan los semáforos en la ciudad.

Sin transporte, luz ni comida en el súper

En las redes bullen los comentarios de españoles en Japón y nacionales nipones asombrados por la magnitud del desastre. Hironori Ishii vive en el barrio de Ueno, en la parte oeste de Tokyo. Desde allí nos cuenta en primera persona cómo se está viviendo el intenso terremoto que está sufriendo su país. "Por aquí no se ve ningun accidente. La tele no deja de informar de varios accidentes y el tsunami que ha ocurrido en el norte. Los transportes urbanos están todos cortados, y parece que la gente se está quedando en las oficinas a la espera de que empiecen a funcionar de nuevo. El terremoto ha coincidido con la hora punta de vuelta y mucha gente no puede volver a su casa", relata.

Relata además cómo las autoridades han pedido a los ciudadanos que tomen algunas precauciones. "La compañía de electricidad hizo una publicación para no gastar más luz de la necesaria, y parece que una planta nuclear tuvo un problema leve y ha dejado de funcionar, así que tenemos escasa luz", explica. "El teléfono móvil no funciona, y la compañía ha abierto un portal para averiguar el estaño de tus conocidos", añade.

«Nunca he sentido peligro por los seísmos, pero hoy he salido de casa con la libreta del banco»
twitter.com 
Héctor García cuenta en su Twitter y blog que ya no hay existencias en el supermercado

Hiro, comercial de profesión y 37 años de edad, dice estar acostumbrado a los terremotos, pero asegura que el de hoy ha sido "el más grande" de su vida. "Nunca sentí peligro con ellos, pero hoy he salido de casa con la libreta del banco por lo que pudiera pasar", concluye.

Héctor García es un español que reside en el arhipiélago japonés, concretamente en la capital, Tokio. "Por primera vez en mi vida, por un instante pensé que la palmaba, pensé que era el final. Que la palmábamos todos en Tokio", comenta. En su blog, García cuenta que los víveres en los supermercados ya se han agotado: "Solo queda agua y salsas", cuenta también en su cuenta de Twitter.

«Nunca he sentido peligro por los seísmos, pero hoy he salido de casa con la libreta del banco»
Embajada española en Tokio: piso 3 de 50

Fernán está en Tokio. Desde allí señala que lo que han vivido hoy en Tokio "no se puede contar con palabras". Él cuenta en su bitácora digital que "incluso los japoneses, que quizá sean los más acostumbrados del mundo a los terremotos, han sido los primeros en ponerse pálidos (y alguno incluso llorar) y salir corriendo de sus puestos de trabajo, con las implicaciones morales y sociales que eso puede llegar a tener para un japonés... La mayoría nunca había vivido un terremoto tan fuerte". Fernán ilustra su blog con imágenes del interior de la Embajada española en Tokio, en el piso tercero de un rascacielos con 50 plantas.

«El estadio sonaba como si fuese a partirse en dos»

El técnico español Miguel Rodrigo, seleccionador nacional de Japón de fúbtol sala desde el verano de 2009, se encuentra incomunicado en Tokio. El preparador granadino, que estaba presenciando la Copa de Japón, se encuentra en perfectas condiciones, según ha confirmado la Liga Nacional de Fútbol Sala. La entidad ha contactado vía e-mail -la más resolutiva en estas ocasiones, cuando los teléfonos están "caídos"- con Rodrigo, que ha relatado que ha sentido el fuerte terremoto y el posterior tsunami que ha azotado la costa noreste de Japón.

Rodrigo regresa a pie a su vivienda, "ya que han cerrado el metro y el tren", una escena que ha radiografiado con frases gráficas: "Tokio es un caos de gente en la calle. Cuando ocurrió el terremoto, estaba en el estado nacional. Todo empezó a temblar, aparecieron grietas en el pabellón y cayeron cristales; sonaba como si fuera a partirse en dos. La gente echó a correr y luego hubo una situación de pánico con el tsunami, que todo el mundo siguió por televisión a través del móvil". Su familia aguarda su llegada en un "parque antisísimo".

«¡Que paren las réplicas por Dios!»

Wonton Sopabuena es ingeniero informático en la capital nipona. Escribe junto que ésta ha sido quizás "la experiencia más terrorífica" de su vida. También se queja de las réplicas, flojas y de escasa duración, pero que se han prolongado durante toda la tarde en el archipiélago. "Nos hemos colocado bajo una de nuestras puertas y desde ahí hemos visto y sentido cómo el temblor se hacía cada vez más intenso y ¡no paraba! Se han caído libros, cacharros de la cocina, la tele se ha movido tanto que los cables se han arrancado de cuajo de la pared...".

Este madrileño cuenta que se le ha eternizado el momento, que su miedo iba en aumento, porque ha visto que no solo no cesaba, sino que iba a peor. Como español no apto para estos sustos, pide ¡que paren las réplicas ya por Dios!, aunque a renglón seguido, refleja que por su barrio "la única diferencia con un día normal es que al no haber metro todo el mundo va a pie a sus casas y se ven masas ingentes de tokiotas por las calles, pero tranquilos e incluso algunos bromeando". "A mí jamás se me olvidará por lo que estamos pasando", contrasta. Cuando está dando los últimos retoques a este post de su blog, sufre una nueva sacudida. "Ya me extrañaba a mí poder escribir sin sufrir ninguna. Ha sido lo suficientemente fuerte como para tener que levantarme".

Rubén y Gemma: «Por favor que pare ya»

De las réplicas también se queja a las 19.15 horas locales Gemma Ferreres. Toda la noche despiertos llevan Rubén y ella. Él, cuando estaban buscando información para hacer una escapada, le ha preguntado: "¿Qué haces? ¿Por qué te mueves?". Y el resto, ya se sabe. "Pensábamos que sería leve, como el de hace un par de días, pero ganaba intensidad", coteja Gemma.

Esta periodista valenciana pionera en el mundo de los bitácoras trabaja en internet desde 1999. Hoy, a través de la red de micromensajes Twitter y también de su blog, ha ido relatando cada vivencia, al instante. "Suena a tópico, pero han sido los ¿tres? minutos más largos de mi vida. No dejaba de repetirme: "por favor que pare ya". La estantería se ha empezado a desplazar, algunas botellas se han caído, los vasos se acercaban peligrosamente al borde de la encimera…(...) En la calle, la gente y los coches se han detenido. Muchas personas llevaban cascos. Lo que nos extrañaba era que no volvieran a sus puestos, puesto que ya había pasado un buen rato desde el temblor. A través del escaparate de un comercio vimos un televisor encendido y es cuando empezamos a hacernos una idea de la gravedad", completa.
«Nunca he sentido peligro por los seísmos, pero hoy he salido de casa con la libreta del banco»
Tokio es raro sin metro
El madrileño que escribe desde Japón "Un gato nipón" cuelga fotos en su blog de lo extraño que es ver un Tokio sin el metro atestado de gente. Todos andan por las aceras, cariacontecidos y desconcertados. Este treinteañero descifra, para quién no lo haya vivido, cómo se vive un terremoto en propias carnes: "Es un balanceo suave y continuo, que marea un poco".

Esta tarde, en su oficina, todos a su alrededor "han dejado de hacer lo que hacían, pero nadie se ha movido de su asiento. Los que estaban de pie, se han quedado parados, mirando cómo se movía todo. Algunos han dicho "ooo… se mueve" y otros con cara muy seria parecían estar en más tensión". Y continúa: "Mi primera reacción ha sido twitearlo. La segunda, salir corriendo… En ese momento, me he quedado en blanco y no sabía dónde está la salida de emergencia. La he debido de ver como mil veces pero hoy no recordé hacia dónde tenía que caminar".

Cuando este joven se ha asomado a la ventana, dice que se ha quedado absolutamente impactado: "Había muchos pájaros volando, más de los que he visto aquí antes. El rascacielos de al lado, se meneaba, literalmente, como si fuera de goma. Ha sido muy impresionante ver algo que parece sólido, que parece estar hecho de cosas duras y cristal, doblarse con tanta aparente facilidad". "Creo que voy a recordar esa imagen durante mucho tiempo", apuntilla. Y estremece.

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