Google Art Selfie: tu parecido razonable puede servir para algo más que un juego

El gigante de internet niega que el servicio de comparación de imágenes con obras artísticas almacene las imágenes, pero los expertos creen que esta inocente y divertida función puede ser utilizada para entrenar la tecnología de reconocimiento de imagen

MADRIDActualizado:

Ya tenemos otro caso de manual. Una empresa pone a disposición de los usuarios un nuevo servicio. Es divertido y, de repente, se convierte en viral. Es lo que le ha sucedido a Art Selfie, una nueva función dentro de la aplicación Arts & Culture, un proyecto de Google que inició sus primeros pasos hace siete años. Pero, ahora, ha desembarcado en España permitiendo que los usuarios puedan buscar una coincidencia de sus rostros con una obra pictórica.

El servicio se basa en la tecnología de reconocimiento facial -visión computerizada o biométrica- para que, una vez captada la imagen del usuario, el sistema localice en tiempo récord las conciencias de las facciones y la cara de la persona con retratos de obras pictóricas de algunos de los museos más importantes del mundo. Es decir, buscar tu parecido razonable con un cuadro. En concreto, se entrega hasta cinco resultados en función de la similitud con un «selfie». Dado que se pueden compartir, los usuarios han inundado de sus dobles artísticos en las redes sociales.

Por supuesto, forma parte de una serie de alianzas con distintas galerías para digitalizar las obras, una medida que inició hace varios años la compañía norteamericana. En concreto, se estima la presencia de lienzos de unos 1.200 museos de 70 países. Con ello, uno puede divertirse buscando si se parece a alguna obra históricas. El resultado es un mero pasatiempo, un simple entretenimiento que permite echarse unas risas con los amigos: «me parezco a Rembrandt», «pues yo al caballero de Anton van Dyck».

Google: «no se guardan los resultados»

Pero puede tener un trasfondo mayor. El servicio, que inició sus primeros pasos en España este martes, ha despertado de nuevo los recelos en torno a la privacidad y seguridad biométrica de estas plataformas. «No se guarda nada en ninguna plataforma, ni en ningún dispositivo», relatan fuentes de Google en declaraciones a ABC. «No está ligado a la cuenta de Google del usuario, nadie se queda con esa información y Google no la utiliza para nada», añaden.

«Solo hace uso de la imagen en los segundos que dura el proceso de match para comprobar entre las obras de arte de nuestros socios aquellas que se parecen a los rasgos de la cara de la persona pero automáticamente se borra después de haberlo realizado», defiende la compañía tecnológica con sede en Mountain View (California, Estados Unidos). Es decir, en principio solo representa un sistema para buscar coincidencias.

«Solo hace uso de la imagen en los segundos que dura el proceso de match para comprobar entre las obras de arte de nuestros socios aquellas que se parecen a los rasgos de la cara de la persona pero automáticamente se borra después de haberlo realizado»

Expertos en derecho digital y nuevas tecnologías consultados por este diario apuntan a que Arts Selfie es otro ejemplo de cómo servicios gratuitos sirven para «entrenar» los sistemas de «machine learning» -aprendizaje automático- y lograr que los usuarios aporten voluntariamente datos tan relevantes como sus rostros. «Este servicio ya planteó dudas cuando comenzó, en particular respecto al almacenamiento de los selfies enviados, y su posible uso posterior como método de entrenamiento de las inteligencias artificiales de Google en materia de reconocimiento facial», sostiene Sergio Carrasco, jurista experto en derecho digital de Fase Consulting.

«Lo que demuestra esta herramienta es que, de nuevo, es fácil conseguir que los usuarios aporten voluntariamente datos tan relevantes como son sus rostros a apps de este tipo, con excusas como "a qué obra de arte te pareces"»

En su opinión, hay que recordar que se trata de una entidad privada con lo que «difícilmente ofrecería un servicio si no pudiera obtener algún tipo de beneficio, aunque fuera indirecto como la obtención de las estadísticas mencionada». Una idea que vuelve a representar uno de los mantras de la tecnología: cuando el producto es gratuito es que el producto eres tú. «Lo que demuestra esta herramienta es que, de nuevo, es fácil conseguir que los usuarios aporten voluntariamente datos tan relevantes como son sus rostros a apps de este tipo, con excusas como "a qué obra de arte te pareces"», considera este experto.

No obstante, este experto se pregunta: «en este caso puede ser que solo sean utilizados en los términos indicados por Google, pero ¿realmente son conscientes de lo que podría suceder si quien solicitara su rostro tuviera malas intenciones? Lo dudo, muchas veces se subestiman los riesgos, al igual que sucede con otros datos personales en redes sociales cuando miramos "el valor de tu cuenta", "qué película te identifica"».

Por su parte, Samuel Parra, abogado especializado en nuevas tecnologías, asume que ha sido «incapaz» de encontrar en los términos y condiciones de la aplicación unas cláusulas específicas para este servicio, algo que «ya de por sí llama la atención». «Si atendemos a la política general, choca con lo que dice Google de que no almacenan las fotos. Eso no es lo que dice su política de privacidad, que dice muchas cosas, entre ellas, que la información que recaba puede ayudar a mejorar otros servicios suyos. ¿Cuáles? Cualquiera que tenga», advierte. «Otra duda que me despierta es para qué va a servir entrenar su inteligencia artificial con nuestros rasgos faciales. Eso es porque quiere sacar provecho de alguna manera. Es evidente que lo quiere para algo».

La edad de la inocencia (perdida)

En la misma línea se sitúa Borja Adsuara, experto en derecho digital y exdirector de Red.es, quien considera que en muchas ocasiones las compañías tecnológicas desarrollan servicios aparentemente inocentes cuyo objetivo final es captar datos personales.

«Mucha gente no se cree que una gran empresa tecnológica se vaya a gastar mucho dinero en una aplicación que sea solo un juego. Esto del cebo o el caramelito para que piques lo han visto otras veces. Tras el caso de la aplicación "This is Your Digital Life" y el uso de los datos que hizo Cambridge Analytica, estamos en la edad de la pérdida de la "inocencia"... Queremos saber si esto tiene este fin o es un truco para captar una imagen que se va a utilizar para otras cosas. Nos pueden acusar de desconfiados, sí, pero somos más exigentes. Tenemos derecho a ser desconfiados», explica.

Este experto da en la clave: son pocos los usuarios quienes se leen concienzudamente las cláusulas de las plataformas digitales que utilizan, el «contrato» por el que se puede llegar a ceder voluntariamente los derechos de las imágenes o videos que se publican. «Como los internautas no suelen leerse estos avisos, quien debería hacerlo sería la Agencia Española de Protección de Datos. Al igual que no se pone en el mercado un producto sin que la autoridad pertinente lo revise, alguien tiene que verificar si cumple con los requisitos de protección de datos», sugiere.

Sin embargo, Adsuara apunta a que la herramienta sí informa al usuario: «Para ser justos, sí hay un aviso en la pantalla antes de "empezar" a usar la aplicación. Pero, aunque es de agradecer, no parece que sólo con eso se cumplan las obligaciones de información que establece el RGPD y se echan de menos unos Términos y Condiciones de Uso específicos de la aplicación. La confusión y desconfianza la ha podido crear la propia empresa, al remitir a los términos y condiciones de uso generales de Google, que son excesivamente amplios», sentencia.

Aviso de Art Selfie
Aviso de Art Selfie - Google