Alberto Valero, director de robótica de BQ
Alberto Valero, director de robótica de BQ - bq

Bq: «No les des un robot, enséñales a hacerlo»

La empresa española fabricante de hardware quiere llevar el movimiento de impresión 3D al sector educativo

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Sentado con Alberto Valero, director de robótica de la española BQ, en una conocida y concurrida cafetería de Madrid, para contarme, su experiencia en la «Maker Faire» de Portugal, no me imaginaba en ese momento el esfuerzo que pone la empresa en mejorar y modernizar la educación.

Y cuando Alberto me dijo, «Queremos ser la mayor empresa educativa del país», además de ser algo totalmente inesperado, hizo que «me picase» la curiosidad. Así que le pregunté cómo una empresa, conocida por fabricar teléfonos móviles y tabletas, puede cambiar su rumbo y dirigirse al sector de la educación.

Alberto me explicó que el cambio no es tan «radical» como pudiera parecer en un primer momento. Al fin y al cabo, BQ vende tecnología porque es una herramienta muy importante para la educación. Además, la empresa siempre ha estado muy conectada con la universidad, y la educación es parte de su filosofía.

Alineados con esta idea, BQ acudió con su equipo de robótica al «Maker Faire» de Portugal la semana pasada. Estos eventos pretenden difundir la cultura «maker», es decir, el «hazlo tu mismo». Esta cultura abarca, desde los que arreglan todo lo que se les estropea, a los que se hornean su propio pan, o a esos que inventan todo tipo de «cachivaches». Aunque, actualmente gira sobretodo entorno a la impresión 3D, que se ha puesto muy de moda en los últimos dos años.

Enseñar a programar

BQ, siguiendo su propio movimiento «maker», quiere que la gente asuma, cada vez más, esa ideología, la de saber «cómo funcionan las cosas por dentro». Usando una combinación de robótica, electrónica, impresoras 3D y programación, cualquiera puede aprender a programar y fabricar un robot. Pero, la impresora 3D es sólo una herramienta que ayuda a «imprimir» las piezas de los robots. Combinar la impresión con la electrónica y el software, es lo que ocasiona el verdadero desafío: diseñar, construir y programar tu propio robot.

Alberto me pregunta: «¿sabes el dicho de, no les des comida, enséñales a pescar? El movimiento maker diría, 'enséñales a fabricar la caña'. Y con ese principio, nosotros decimos, 'no les des un robot, enséñales a hacerlo'».

Cuando las técnicas de producción se abaratan, mediante la impresión 3D, éstas se vuelven accequibles, por ejemplo, para un colegio, que podría «fabricar» un robot por tan sólo mil euros.

BQ no sólo se dedica a fabricar y comercializar impresoras 3D, sino que hay todo un ecosistema de programas educativos, como Bit Bloq, alrededor de ellos. Proporcionan todas las herramientas, para que ya sean familias, colegios o asociaciones, puedan experimentar y programar su propio robot.

La propuesta de la nueva asignatura de tecnología de la comunidad de Madrid es de robótica, electrónica y programación. Exactamente la misma idea que tiene BQ sobre la educación. Y es que, tanto la comunidad de Madrid como BQ, lo tienen claro, no quieren consumidores de tecnología, sino creadores de tecnología.

Alberto me cuenta que, los planos de la impresora de BQ están disponibles libres en internet, «nosotros no existiríamos sin el conocimiento de otros, por lo que sería hipócrita no dejar a los demás usarlo».

Dos modelos de impresoras

BQ tiene dos impresoras 3D, el «modelo horno» que cuesta 1.700 euros, lista para imprimir nada más sacarla de la caja. De esta impresora, han vendido más de 1.500 unidades en 38 países, el 25% en España.

Tienen otro modelo de impresora «tipo Ikea», que cuesta 500 euros y la tienes que montar. Aunque no es complicado, suponen 8 o 10 horas de ensamblaje. En su primer mes en el mercado, se han vendido 500 unidades, sobre todo en España, que junto a Holanda y Alemania, es uno de los países con mayor cultura de impresión 3D.

Alberto me explica que una impresora 3D es como una manga pastelera, pero de plástico, por eso, la impresora 3D sólo «pinta» en un sólo color, el del propio material.

«En este mercado no es un logro salir, sino mantenerse. Está tan de moda, que de primeras compra todo el mundo, pero luego si las impresoras empiezan a fallar, las empresas pequeñas no pueden mantener el servicio técnico, y quiebran. Tenemos que tener en cuenta que estamos viendo los primeros modelos, y las impresoras necesitan un mantenimiento. BQ es una de las empresas del mundo con un mejor soporte postventa. Los arquitectos, dentistas y talleres mecánicos, están usando ya la impresión 3D», explica Alberto.

La visión de impresión de Alberto es particular. «La impresora 3D es como Youtube, donde cualquiera es director de cine. Con ella todos pueden ser fabricantes»

BQ provee, también, del plástico que alimenta la impresora para controlar la calidad del material y los precios. En sus materiales ellos indican siempre la calidad del material, que viene determinada por la uniformidad de los filamentos del plástico.