«Inercia gris», relatos para ir en tránsito
David Aliaga, durante la presentación del libro en Barcelona - abc

«Inercia gris», relatos para ir en tránsito

El periodista y escritor David Aliaga publica una colección de cuentos sacudida por el realismo «gris»

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David Aliaga, periodista y escritor de L’Hospitalet, ha publicado en Editorial Base su tercer libro, “Inercia gris”. Son trece cuentos-perlas, algunas negras, otras gris clarito, que adquieren una redondez minimalista en cuanto a los efectos que provoca en el lector. Este ramillete de relatos cortos son como icebergs a la deriva en medio de nuestras travesías vitales. Como decía Hemingway, en los cuentos sólo se ve una octava parte de lo que pasa. Y bajo esa historia subyace la realidad que completa cada lector, una vez ha sido sacudido por el realismo “gris” de Aliaga, que Carver elevó a “sucio”.

David Vidal, profesor de Periodismo Cultural que tuvo de alumno a David Aliaga en la Universidad Autónoma de Barcelona, dice en el prólogo de “Inercia gris” que el mundo de los relatos de este periodista y escritor de L’Hospitalet de 24 años se antojan los cuentos de John Cheever o Tobias Wolff. Pero tanto el crítico como el lector avezado encontrarán en los relatos de Aliaga una deuda con Raymond Carver, el escritor estadounidense adscrito al realismo sucio.

El propio Aliaga reconoce que tras la lectura del relato “La distancia” del autor de “Catedral” fue cuando decidió orientar sus pasos por los renglones torcidos de la literatura. Aquella lectura, realizada en un trayecto de Metro, dejó a Aliaga “jodido todo el día” y fue entonces cuando se conjuró a que un día él también lograría sacudir las conciencias con relatos como los de Carver.

El síndrome de Fabrizio

Para Aliaga, la literatura sirve de mitología; una forma de explicarse las cosas de forma esquemáticaEn medio de los acontecimientos que estamos viviendo a estas alturas del siglo XXI, algunos sin despegar sus pupilas de la pantalla iluminada de su “smartphone”, se antoja que transitamos una vida como la de Fabrizio del Dongo relatada por Stendhal en su famosa novela La Cartuja de Parma. Somos como aquel joven noble italiano que participó en la batalla de Waterloo, yendo de un lado para otro sin enterarse de lo que realmente estaba pasando porque nunca llegó a entrar en combate. Fabrizio, ya hombre maduro, seguió preguntándose si realmente había participado en un acontecimiento que cambió la Historia de Europa. Algunos de los personajes de Aliaga, nosotros mismos, transitamos por la vida padeciendo ese mismo síndrome ante el conjunto de acontecimientos que estamos viviendo a escala social, económica y política. ¿Masticamos nuestras vidas? Pero lo peor de nuestra semejanza con los personajes de “Inercia gris” es que padezcamos el síndrome de Fabrizio de nuestras propias vidas. ¿En cuántas ocasiones osamos a masticarla?

Se puede encontrar ese síndrome en los cuentos de Aliaga, para quien la literatura sirve de mitología, una forma de explicarse las cosas de forma esquemática. El autor reconoce el aliento autobiográfico en los trece relatos, porque a través de ellos ha intentado explicarse las cosas que ha sufrido. Los porqués existenciales, no los de Mourinho. Aunque la literatura no ofrece respuestas, David Aliaga lo intenta con esas sacudidas emocionales cuya lectura dura unas paradas en el Metro o el tren, precisamente el escenario que sirve para ilustrar la portada: un solitario hombre cabizbajo en un vagón de Metro.

Tender cables

Efectivamente, hay muchos como ese personaje viajando en el transporte público de Barcelona. Y en cada uno de esas solitarias personas a las que no conocemos pero con las que compartimos un trayecto, les atenaza un proceso de divorcio, la añoranza por la madre muerta, la frustración profesional o un embarazo que no se produce. Esas historias son transportadas de una punta a otra de la gran metrópoli, y Aliaga las ha retenido en “Inercia gris”, aunque en un escenario neoyorkino, para que puedan acompañarnos en nuestros trayectos cotidianos, sacudiéndonos. Porque Aliaga tienda cables, esboza personajes, narra retazos de historias que el lector completa.

El escritor publicó hace unos meses su primer ensayo dedicado a Charles DickensAliaga publicó hace unos meses su primer ensayo dedicado al autor de “Oliver Twist” o “David Copperfield”. Un libro que aborda la obra de Dickens, pero no desde su faceta de novelista del realismo, sino en la menos conocida de escritor que salpicaba su obra de elementos sobrenaturales, fantasmagóricos… David Aliaga publicó su primera novela hace dos años, “50th Yard. El sueño de Bobby Wistle”, en la que narra el conflicto interior de un muchacho de clase obrera que lucha por alcanzar sus sueños en un mundo que invita a la rendición y el acomodo. La de Bobby es la historia de alguien que no está dispuesto a resignarse, a aceptar aquello que se le imponga y que peleará por sus sueños hasta su último aliento. Una pelea vital que en Aliaga arrancó temprano, cuando su abuelo Pedro le puso en sus infantiles manos un libro tras otro hasta despertar en él una pasión por la literatura por la que ahora transita su vida. El autor de L’Hospitalet aborda ahora en “Los fantasmas de Dickens” su primer ensayo de crítica literaria.

Con sólo 24 años de edad, Charles Dickens dio al público lector de toda Inglaterra una obra extraordinaria: “Los papeles póstumos del Club Pickwick”, publicada por entregas mensuales entre 1836 y 1837. Cuando el jovencísimo Dickens entregó las primeras páginas de su primera novela sólo tenía alrededor de 400 lectores. David Aliaga tiene en estos momentos la misma edad y es de agradecer que una editorial, como Base, se atreva con los relatos