Una brigada ciudadana trabaja en la carretera de Pyongyang a Kaesong
Una brigada ciudadana trabaja en la carretera de Pyongyang a Kaesong - pablo m. díez

La sequía del siglo agrava la miseria en Corea del Norte

Aunque la cosecha de arroz podría disminuir un 20 por ciento, no se espera una hambruna como en los años 90

Actualizado:

Agravando su ya de por sí precaria situación, la peor sequía de los últimos cien años amenaza a Corea del Norte, el país más hermético y aislado del mundo. Tal y como ha reconocido la agencia estatal de noticias KCNA, «más del 30 por ciento de los campos de arroz se están secando, los niveles de agua en las reservas han caído a sus mínimos y los ríos bajan sin caudal» por la falta de lluvias. Para colmo de males, las provincias más afectadas son las principales productoras de arroz -Hwanghae del Sur y del Norte, Pyongan del Sur y Hamgyong del Sur-, lo que reducirá considerablemente la cosecha de este año, que se recoge en julio. La disminución será de un 20 por ciento, según calcula el Ministerio de Unificación de Corea del Sur.

Esta merma de la cosecha empeorará la delicada situación alimentaria de Corea del Norte. A tenor de la ONU, el 70 por ciento de sus 23 millones de habitantes no tiene comida suficiente y 1,8 millones de personas, incluyendo niños y embarazadas, sufren malnutrición. Entre ellos destacan el 28 por ciento de los menores de cinco años, que están raquíticos. «Nuestro papel consiste no solo en estar vigilantes, sino también preparados por si tuviéramos que cambiar nuestra asistencia a una operación de emergencia por falta de comida», explicaba estos días a la agencia surcoreana Yonhap el director del Programa Mundial de Alimentos, David Kaatrud.

Con más del 60 por ciento de la ayuda humanitaria entregada por dicho organismo de Naciones Unidas, Corea del Norte depende de la comunidad internacional desde 1995 mientras el régimen estalinista de la familia Kim se gasta una millonada en su programa militar y nuclear para perpetuarse en el poder. Hace dos décadas, el colapso del bloque comunista tras la desaparición de la Unión Soviética coincidió con varias temporadas de malas cosechas e inundaciones que hundieron al país asiático en una «Gran Hambruna» debido a la paralización de la economía nacional y al desmantelamiento del Sistema Público de Distribución de Alimentos. Durante aquella época, bautizada como la «Ardua Marcha» por la propaganda, el régimen de Pyongyang reconoce que perecieron unas 300.000 personas, pero las agencias internacionales elevan dicha cifra hasta los dos millones de muertos.

Aunque la actual sequía ha revivido el fantasma de aquella tragedia, los expertos creen poco probable que Corea del Norte sufra una nueva hambruna. «La economía ha avanzado bastante en los últimos cinco o siete años y las condiciones son mejores, ya que el país tiene una modesta capacidad para importar alimentos y sabe cómo procurarse ayuda humanitaria», razona para ABC Go Myong-hyun, analista del Instituto Asan de Estudios Políticos, con sede en Seúl. A su juicio, «las reducidas precipitaciones van a afectar fundamentalmente a la producción de arroz, pero el impacto en las cosechas de maíz y patata, que son bastante grandes, será menor porque requieren menos agua». Además, los campesinos, que trabajan en cooperativas estatales, pueden comercializar ahora en los mercados lo que cultiven en los patios de sus casas, lo que supone una tímida economía capitalista que ayuda a que el dinero fluya más allá del control del Estado.

Mejoras económicas

Aunque Go Myong-hyun reconoce que el problema de fondo en la agricultura de Corea del Norte es el mismo, «la fuerte dependencia de los fertilizantes por la baja fertilidad de la tierra», señala que «la hambruna de los 90 se debió en gran parte a la crisis provocada por la caída de la Unión Soviética, que paralizó la economía. Dicho colapso causó la hambruna, no al revés». En su opinión, la «economía ha mejorado por el comercio con China, permitiéndole a Corea del Norte paliar cualquier carencia importando alimentos de este país».

El autoritario régimen de Pekín, principal aliado de Pyongyang, ya le ha tendido su mano. «Aunque esperamos que el Gobierno y el pueblo de Corea del Norte eviten el desastre, estamos dispuestos a proporcionar asistencia», ofreció el portavoz de Exteriores chino, Lu Kang. Debido a su fuerte orgullo nacional, forjado por la propaganda, el régimen norcoreano no suele solicitar ayuda humanitaria, pero esta alerta por la sequía del siglo puede ser su particular modo de pedir auxilio.