La falsa mitología de la Diada catalana

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En su novela "Victus", Albert Sánchez Piñol define claramente a los protagonistas de 1714: Rafael de Casanova, a quien se rinde tributo en la Diada, es el político empujado por la presión popular a tomar el pendón de Santa Eulalia. Nacido en Moià en 1660, cuenta 54 años en 1714. Herido, escapa del atolladero. Abogado partidario del archiduque, ve sus bienes embargados pero es amnistiado en 1719. De regresado a Barcelona ejercerá la abogacía para morir de viejo en Sant Boi de Llobregat, año 1743: sus restos reposan en la Capilla de la Piedad de esa localidad. El otro defensor, Antonio de Villarroel, no habla catalán: pasó del bando borbónico al austracista y mantiene la resistencia popular hasta el último aliento… A diferencia de Casanova, en 1715 dio con sus huesos en la prisión de Alicante y murió preso en 1726 en el castillo de La Coruña.

Año 1863. El historiador Víctor Balaguer, prohombre del romanticismo catalanista, despliega el nomenclátor del Ensanche barcelonés y dedica sendas calles a Rafael de Casanova y Antonio de Villarroel. Cinco años después, el general Prim decreta que la Ciudadela de Felipe V pase a la ciudad de Barcelona. La Ciudadela simboliza los agravios de 1714: Mateo Bruguera, mitifica los hechos en su "Historia del memorable sitio y bloqueo de Barcelona y heroica defensa de sus fueros y privilegios de Cataluña de 1713 y 1714".

El calendario del 11 de septiembre comienza en 1886. Ante la Exposición Universal, el ayuntamiento planea varias estatuas de héroes catalanes. Inaugurada en 1888 en el Salón de San Juan, la escultura de Rafael Casanova la firma Rossend Nobas: "Recoge la tradición patética del héroe romántico", apunta el historiador Francesc Fontbona, La expresión facial de Casanova, curiosamente, recuerda el rictus doliente de un torero que Nobas esculpió en 1871. Antes de la estatua, el 11 de septiembre se celebraba en Santa María del Mar; el sermón del canonge Collell de 1886 es criticado por los republicanos por fusionar catalanismo y religión.

El Casanova pétreo parece insinuar que fue herido y muerto en el sitio de Barcelona. El malentendido del único mártir cuaja en la memoria popular, que olvida a Villarroel. Esta "exasperación falsa de la teoría romántica de las nacionalidades", según Agustí Calvet, Gaziel, demanda una historia renovada de Cataluña "que se dejara para siempre de contar aquello que podría haber sido y no fue, para decirnos lo que ha sido y lo que es, así podríamos llegar, por fin, a ver claramente lo que puede ser".

El primer altercado, iniciado el siglo XX

En 1901 se produce el primer altercado de la Diada. Seiscientas personas con coronas de flores son dispersadas por la policía…Los choques entre el catalanismo burgués y el lerrouxismo prosiguen en 1905. Con todo, el monumento no es todavía punto de concentración multitudinaria: hasta 1913, el ayuntamiento no participa de forma institucional. En 1914, con motivo del Bicentenario, la estatua de Casanova se traslada al cruce de ronda San Pedro y Ali Bei, donde se dice que cayó herido. Josep Llimona talla los relieves y el pedestal es de Alexandre Soler March. En 1916 se añade una placa: "Aquí cayó herido…" En 1922, se coloca una losa de mármol en la tumba de Casanova: "Vaso que contiene los restos del doctor en derecho don Rafael de Casanova, conseller en cap que fue de la ciudad de Barcelona. 1743".

El 11 de septiembre de 1923, Josep Maria de Sagarra dedica su poema "La campana de Sant Honorat" a los hechos de 1714. Dos días después, jaleado por la burguesía catalanista deseosa de liquidar el anarquismo, Primo de Rivera activa su Dictadura. Se prohibe la festividad del 11 de septiembre bajo multa de mil pesetas. Con la Dictablanda de 1930 se tolera el homenaje a Casanova que se celebrará en los años republicanos.

En 1939, la estatua es retirada a un depósito municipal. Hasta 1975, no se sabe nada de Casanova al que se rinde homenaje un año después en Sant Boi. El 25 de mayo de 1977, el alcalde Socias Humbert restituye el monumento y proclama la Diada de Catalunya. El retorno del presidente Tarradellas saca un millón de personas a las calles pidiendo "Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía"… Casanova es el icono del nacionalismo. La derrota deviene en victoria propagandística. Muchos catalanes siguen creyendo que el conseller en cap murió en el sitio de 1714; que los fueros de antaño, "desescombro" feudal en palabras de Vicens Vives, son la panacea para los problemas de hogaño.