tribuna abierta

Por encima de la media española

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CADA vez que alguien se atreve a cuestionar el modelo catalán de inmersión lingüística los inquilinos de la Generalitat reaccionan de inmediato negando, por un lado, que en Cataluña haya un conflicto social por motivos lingüísticos y afirmando, por otro, que el nivel de castellano de los escolares catalanes está por encima de la media española. Lo primero es cierto, aunque no precisamente de resultas del monolingüismo oficial sino a pesar de él y gracias a la convivencia por lo general amable entre catalanohablantes y castellanohablantes. Lo segundo, en cambio, resulta cuando menos discutible.

El portavoz del Gobierno catalán, Francesc Homs, aseguraba a propósito de la ley Wert que «no hay motivos pedagógicos que justifiquen atentar (sic) contra el sistema de inmersión lingüística», porque, según él, el Ministerio de Educación dispone de datos que indican que los alumnos catalanes tienen un conocimiento del castellano superior a la media española. Homs fue esta vez menos taxativo que el 8 de septiembre de 2011 cuando, en Los desayunos de TVE, afirmó que al finalizar la enseñanza secundaria obligatoria «el propio Ministerio de Educación hace unos exámenes sobre el conocimiento del castellano en el conjunto de España (…) y resulta que Cataluña está por encima de la media española, es decir, por encima de Comunidades Autónomas donde sólo se habla castellano».

El caso es que no existe ningún examen de alcance nacional, es decir, igual para todos los alumnos españoles con independencia de su lugar de residencia, que periódicamente evalúe y permita comparar al finalizar la enseñanza secundaria obligatoria el dominio del castellano que tienen los escolares de cada una de las Comunidades Autónomas. Deshagamos de una vez para siempre este equívoco. Lo que sí hubo en el 2010 fue una prueba de carácter muestral llamada evaluación general de diagnóstico, en la que entre otras cosas se evaluó la competencia en comunicación lingüística de una muestra de 1.500 alumnos de segundo de ESO -y por tanto no al finalizar la Enseñanza Secundaria Obligatoria, como apuntaba Homs- de 50 centros por cada comunidad. Al igual que el informe PISA, la evaluación general de diagnóstico no evalúa específicamente conocimientos sino competencias, de ahí que concluir a partir de los resultados de una única prueba, cuyo objetivo ni siquiera es evaluar el conocimiento en sentido estricto de la lengua, que los niños catalanes tienen un conocimiento del castellano superior a la media española resulte de todo punto opinable.

Aun siendo así, Cataluña ocupaba un discreto undécimo lugar en la clasificación difundida por el Ministerio en el 2010, que está en la base de la jactancia de Homs. Entonces, Cataluña obtuvo en el apartado de competencia en comunicación lingüística una puntuación de 502 puntos, sólo dos por encima del promedio nacional -es decir, en línea con la media española- y muy por debajo de las comunidades punteras: Navarra, Comunidad de Madrid y Castilla León.

Conviene hacer constar que este último dato contrasta con los resultados de las últimas ediciones del informe PISA, en donde Cataluña casi siempre se ha situado entre las comunidades con mejores resultados. Quizá la diferencia entre una y otra prueba radique en la lengua en que se hacen las pruebas. Recordemos que las pruebas PISA en Cataluña se hacen en catalán.

En todo caso, resulta descorazonador que el objetivo de Cataluña, sin duda una de las comunidades más desarrolladas desde el punto de vista social, económico y cultural, se cifre en que sus educandos superen en el dominio del castellano a algunas Comunidades Autónomas en las que sólo se habla castellano, tres por más señas: Canarias, Extremadura y Andalucía -comunidades que tradicionalmente suelen cosechar los resultados más discretos en las evaluaciones nacionales e internacionales del sistema educativo-, pues el resto de las que están por debajo de Cataluña son Baleares, Comunidad Valenciana, Galicia y Ceuta y Melilla, territorios en los que en mayor o menor medida el castellano coexiste también con otras lenguas cooficiales o no. Por último, conviene recordar que el castellano no es sólo la lengua materna de más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña, lo que por sí solo justificaría que el castellano fuera también lengua vehicular de la educación juntamente con el catalán, posibilidad que el Gobierno catalán se niega sistemáticamente a aceptar. La excelencia en el dominio del castellano constituye además un recurso inestimable en una economía cada vez más globalizada. De ahí que resulte inexplicable la poquedad de los objetivos de la Generalitat con respecto a su aprendizaje.

Ignacio Martín Blanco es periodista y politólogo.