Sala del restaurante Arima
Sala del restaurante Arima - ARIMA
Crítica

Arima, casa de comida con raíces

Nagore Aruazegi, una donostiarra que sabe mucho de esto del comer, ha abierto un pequeño establecimiento que se presenta como vermutería

MADRIDActualizado:

Junto con los alrededores del Retiro, la calle Ponzano ofrece en Madrid la mayor oferta de bares y restaurantes tanto para el tapeo como para comidas informales. Por eso hay que hacerlo muy bien para sobresalir entre tantas opciones, concentradas en un tramo muy corto. Así lo ha entendido Nagore Aruazegi, una donostiarra que sabe mucho de esto del comer y que ha abierto hace pocas fechas Arima, un pequeño establecimiento que se presenta como vermutería (en la barra de la entrada cuenta con una amplia variedad de vermuts de todas las zonas de España) y casa de comidas. En esa barra encontramos también una buena selección de pinchos fríos y calientes entre los que destacan especialmente unas excelentes gildas, entre las mejores que hemos probado en Madrid. Pinchos con raíces vascas como el talo de pato confitado y puerros con mojo rojo, que recupera la tradición de estas tortillas de maíz tan populares en algunas zonas de Guipúzcoa y que tanto recuerdan a las tortillas mexicanas.

Morcilla de Beasaín
Morcilla de Beasaín- ARIMA

El comedor que hay al fondo, con capacidad para apenas veinte personas, está presidido por una gran foto de la tatarabuela de Nagore, Josefa Garmendia, que emigró con su marido a Uruguay para dedicarse al cultivo del trigo y el maíz. Con ella simboliza sus raíces y su apego a la tradición. Y eso es lo que encontramos en la breve carta, integrada por platos sencillos, sin adornos innecesarios, en los que el producto está cuidado al máximo. Lo comprobamos con unos simples puerros confitados con crujiente de ibérico (8 €), tiernos y con mucho sabor. También con unos buenos pimientos del piquillo (12), aunque en este caso el bonito embotado casero que forma parte del plato no está a la altura. Demasiado pastoso. Magnífica la morcilla de Beasaín. Como saben, este embutido, siempre artesanal, se elabora con la sangre del cerdo, manteca y cebolla, pero se le añade puerro lo que la hace mucho más suave y delicada. Si no la conocen, vale la pena probarla. Además, correctas las croquetas de trufa (9), bastante cremosas.

También en la carta algunos pescados como el bacalao al horno con piperrada (18) o los calamares en su tinta (15), aunque es superior la oferta carnívora, especialmente la carrillera de vaca guisada con puré de patata (18), que se deshace en la boca. A las mollejas de ternera con patatas al mortero (12) les falta algo de intensidad en la salsa de oloroso. Fiel a la tradición, no falta la chuleta de vaca vieja (para dos personas, 45 el kilo), carne de calidad que, desgraciadamente, se pasa de punto al servirse en una fuente excesivamente caliente. Algo fácilmente subsanable, basta con que la fuente en cuestión simplemente se atempere. Se puede acompañar esta chuleta con una buenas patatas fritas (5).

De los postres, nos gusta la pequeña selección de quesos (18, para dos personas), que incluye uno de cabra de El Búcaro, un cheddar de Cantagrullas y otro británico, más un excelente stilton. En la parte dulce, agradable la manzana asada con crema inglesa y helado de almendras (6) y muy buenas las tradicionales cañas de crema (6). La propietaria atiende con amabilidad el comedor. Un sitio para seguir de cerca.

Manzana asada con crema inglesa y helado de almendras
Manzana asada con crema inglesa y helado de almendras- ARIMA

Lo mejor: La selección de producto.

Precio medio: 40 €.

Calificación: 7.