Los termómetros llevan días marcando –e incluso sobrepasando– los 40º en Zaragoza
Los termómetros llevan días marcando –e incluso sobrepasando– los 40º en Zaragoza - f. s.
SOCIEDAD

Una octogenaria, abandonada y sin agua durante 15 horas en una rotonda a 40 grados

Viajaba sola en autobús de Barcelona a Soria y supuestamente tenía que hacer trasbordo en ese punto, pero no pudo coger el otro autocar. Vive para contarlo

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Quedarse estos días en Zaragoza en plena solana, con temperaturas de 40 grados, sin agua y en una rotonda apartada, en medio de la nada, es un tormento sin paliativos. Permanecer en esa situación durante 15 horas y hacerlo teniendo más de 80 años, un riesgo que podía haber sido fatal. Pero una mujer de 84 ha vivido para contarlo, después de pasar un calvario.

Ocurrió el pasado lunes y la historia la ha revelado este miércoles El Periódico de Aragón. Tuvo final feliz gracias a la humana sensibilidad de un operario de la empresa FCC, que se encarga a la recogida de basuras de Zaragoza. Pasó con su vehículo a las tres de la madrugada del martes y vio a la anciana en esa rotonda situada entre el tercer y el cuarto cinturón de ronda de la capital aragonesa, en un nudo de comunicaciones que distribuye el tráfico entre las grandes carreteras que atraviesan Zaragoza.

El operario paró, preguntó a la octogenaria y ella le explicó que no había acabado allí por casualidad ni por imprudencia: viajaba en autobús desde Mataró (Barcelona) –donde vive– hasta Soria, donde reside uno de sus hijos. Pero no hay autocar que haga el trayecto directo entre ambas ciudades. Le tocaba hacer trasbordo y éste estaba fijado en esa rotonda.

A media mañana del lunes el autocar que había tomado en Barcelona la dejó en la rotonda. Allí aguardó sin éxito a que acudiera el otro autobús. Pero no pudo cogerlo. Allí siguió esperando, sin moverse y sin que su ansiado autocar apareciera.

Sin agua, la octogenaria aguantó estoicamente. Optó por no moverse de allí, provista de una pequeña bolsa en la que portaba poco más que una chaqueta –nada práctica ante el calor extremo de estos días–.

Y empezaron a pasar las horas, el sol de justicia y coches, muchos coches. Pero ninguno paró hasta que, a las tres de la madrugada, ese operario de FCC sí lo hizo.

La mujer se había dejado la documentación, así que lo primero que había que confirmar era su identidad. Ella la facilitó perfectamente, aunque estaba desorientada y con evidentes síntomas de cansancio. El operario llamó a la Policía Local, que pidió una ambulancia para que la trasladaran a un centro sanitario para confirmar que se encontraba bien de salud. Luego la Policía Nacional se encargó de recomponer toda las piezas de la historia: el hijo que la esperaba en Soria había denunciado su desaparición por la tarde, al ver que no había llegado en el autobús.

Inmediatamente, la Policía contactó con el hijo para explicarle lo que había ocurrido y acudiera personalmente a Zaragoza a recogerla. Ha vivido para contar su personal odisea en plena ola de calor extremo.