Han pasado cinco meses de legislatura, y el PP del Senado no ha mostrado aún ningún interés por modificar el Reglamento de la Cámara para eliminar la traducción simultánea en los Plenos, que cuesta a los españoles la broma de 350.000 euros al año (6.000 por sesión).
La reforma se aprobó en julio de 2010, con la oposición del PP y UPN. Entonces, la senadora del PP Rosa Vindel criticó que se quisiera "poner obstáculos" al debate democrático en el Senado pese a hablar el mismo idioma todos sus miembros y se preguntó qué opinarán los parlamentarios europeos al ver a los senadores españoles "debatiendo con el pinganillo puesto". El PP lamentó que los socialistas y los nacionalistas quisieran convertir la Cámara Alta en una inmensa Torre de Babel.
El uso de las lenguas cooficiales en los Plenos (en los debates de mociones) está vigente desde enero de 2011, con el equipo de traductores simultáneos correspondientes. Un despilfarro como otros muchos que sobreviven en la Administración.
Lo llamativo es que el PP, ahora que tiene mayoría absoluta y puede dejar el Reglamento de la Cámara como estaba antes de que se modificara sin el consenso de los grandes grupos políticos (algo insólito), no ha movido un dedo para acabar con ese gasto tan inútil como ridículo en un Parlamento nacional con una lengua común para todos.
Los populares han tenido una buena oportunidad en el debate de los Presupuestos General del Estado para dar marcha atrás. UPyD presentó una enmienda con el objetivo de suprimir esa partida de gasto (350.000 euros anuales), y destinar ese dinero a fundaciones sin hogar y a las necesidades que se presentaran en los distintos ministerios. Pues bien, el PP rechazó la enmienda porque no era el procedimiento adecuado.
Si no es el procedimiento adecuado, que busquen el que lo sea. Entre tanto recorte y ajuste sólo faltaba que tiremos el dinero en ponernos el pinganillo para entender, mediante traducción simultánea, lo mal que está España.
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Los nacionalistas no estaban acostumbrados a que en el Parlamento nacional les leyeran la cartilla como lo ha hecho el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en el debate de Presupuestos de esta semana. No. Ellos han vivido durante mucho tiempo en una posición de fuerza, poniendo precio a sus apoyos parlamentarios, pasando la factura a los Presupuestos de todos, y veían cómo el Gobierno de turno bajaba la cabeza y les hacía la pelota sin parar.
Así ha sido hasta esta semana. Resulta que se han topado con un Gobierno que les ha plantado cara y no ha cedido a su chantaje. Y, además, han tenido que escuchar la bronca que les echaba el ministro de Hacienda desde la tribuna de oradores.
“No es el momento de escuchar discursos pequeños y aislacionistas. Es el momento de las luces largas de la política, de levantar el tono de debate, no de la voz, de dejar de mirarse el ombligo y de comprometerse con un proyecto que es el de la estabilidad económica”, advirtió Montoro.
Durante las casi 10 horas que ha durado el debate de Presupuestos, entre el martes y el miércoles, los nacionalistas se han dedicado a preguntar qué hay de lo suyo. Cada uno mirándose a sí mismo, y algunos, como CiU, planteando nuevos chantajes al Gobierno, en medio de la peor crisis económica de las últimas décadas, que ha puesto a España al borde del precipicio: o me das 219 millones o no te voto.
Y el Gobierno, que no necesita apoyos extras porque ya se los dieron los ciudadanos hace apenas cinco meses en las urnas, les ha dado un “no” rotundo.
Montoro les apuntó con el dedo: “No es el momento de plantear las cosas desde un punto de vista aislacionista: qué hay de lo mío, qué hay de lo mío, cuando nos estamos jugando el futuro y la prosperidad de todos, de todos juntos, de todos unidos en un mismo proyecto, que tiene que ser ese proyecto europeo donde claro que el tamaño de las naciones importa”.
El Pleno rechazó las 10 enmiendas de totalidad de los Presupuestos y ahora se presentarán las parciales, al articulado. Y veremos otra vez a los nacionalistas con las luces cortas puestas, preguntando qué hay de lo suyo, mientras, como dijo Montoro, España está en juego. Lo malo es que eso, a ellos, no les importa.
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José Bono tendrá su retrato en la galería de presidentes del Congreso. La pintura costará 82.600 euros a las arcas públicas (a los ciudadanos): son 70.000 euros más 12.600 de IVA. El ex presidente aún no ha renunciado a ese dispendio. Que se sepa.
Al mismo tiempo, la Mesa del Congreso ha aprobado recientemente la contratación del servicio de realización de un retrato fotográfico de Manuel Marín, antecesor de Bono en la Presidencia del Congreso entre 2004 y 2008. La fotografía de Marín costará 24.780 euros (21.000 euros más 3.780 euros de IVA). La estampa de Bono llevará la firma de Bernardo Torrens, y la fotografía de Marín, la de Cristina García Rodero.
Marín fue quien optó por la fotografía y no por la pintura para su retrato de la galería, y Bono, aún en la Presidencia, tardó poco en dirigirse a él para que cambiara de opinión, ya que, según le hizo ver, rompía con una tradición de 200 años en el Congreso. A Marín le dio igual y siguió adelante con su propuesta fotográfica.
Salta a la vista que la foto de Marín será bastante más barata que el retrato de Bono. Entre los dos últimos presidentes nos va a salir la broma por 107.380 euros (casi 18 millones de pesetas). ¿De verdad que está España para esto? ¿Justo en este momento? En todo caso han sido presidentes del Congreso, del Poder Legislativo, y sus retratos tienen un sentido histórico y simbólico, igual que el del presidente del Gobierno. Otra cosa es que el gasto haya que aprobarlo y ejecutarlo precisamente ahora, en pleno recorte general, cuando la tijera ha tocado ya el hueso del Estado, y lo siguiente, si se quiere seguir profundizando, será la motosierra.
Lo que ya escapa de toda lógica, por no decir de toda vergüenza, son los retratos que se realizan en los ministerios a los exministros que pasan por allí, y que son legión. Cualquier ex tiene derecho a su retrato, con su presupuesto correspondiente. Ya no hay paredes en los ministerios para tanto cuadro, pero se siguen haciendo.
¿De verdad es necesario tener un retrato de todos los ministros de Administraciones Públicas? ¿Importa mucho a los ciudadanos, o solo importa a la vanidad de los que han pasado por ahí? ¿Alguien ve normal y lógico que el retrato de Francisco Álvarez-Cascos en Fomento pueda costar cerca de 194.000 euros? ¿Tendrán su retrato también en el futuro los ex ministros de Trabajo Celestino Corbacho y Valeriano Gómez?
No estaría mal que los ministros actuales renunciaran públicamente a su futuro retrato. No sólo sería un acto simbólico y ejemplar. Ahora mismo sería un acto de justicia.
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En la imagen, el exministro Jesús Caldera junto a su retrato
Tiene razón el PSOE cuando dice que el Gobierno ha inflado el Pleno de este jueves para dar más trabajo a sus señorías del habitual, y algunos, claro, se han quejado, como el socialista Mario Bedera, que parecía cansado desde las nueve de la mañana y no se movió de su asiento para dirigirse al ministro.
“Quiero mostrar nuestra extrañeza por la inusitada amplitud del orden del día de hoy; hoy, jornada de huelga general. Si intervenimos desde el escaño es porque no vamos a contribuir con una prolija intervención a una dilación artificial de este Pleno. Una dilación que repugna a la cortesía parlamentaria”.
“Repugna a la cortesía parlamentaria”. Nada menos. Lo que en realidad les repugnaba a muchos era que iban a perder el avión, con servicios mínimos, que tenían reservado para después de comer, y el trabajo en el Pleno, de una “inusitada amplitud”, les iba a obligar a quedarse unas horas más en Madrid, sin poder irse a casa. Eso es así, reconocido por una diputada socialista.
Los diputados socialistas han querido lavar su conciencia ante este jornada de la huelga. Llevan una semana que sí, que no, que sí apoyamos la huelga, pero no vamos. Que sí que estamos con los trabajadores, pero nos quedamos en el Congreso. Y cuando ha llegado el día, les ha pillado el toro, y han leído un manifiesto para expresar su apoyo a los huelguistas, mientras se quedaban en sus escaños.
Sí, se quedaban en sus escaños, pero sin hablar demasiado, para no alargar demasiado la sesión. Que sí, pero que no. Y de pronto la exministra Rosa Aguilar cuelga en su escaño un cartel que pone “Quieren acabar con todo”. Curioso, una exministra del Gobierno que dejó más de cinco millones de parados en España.
Más de frente ha ido Cayo Lara, que se le podrá criticar muchas cosas, pero por lo menos actúa de forma coherente con lo que tiene en la cabeza. Y no digo que sea bueno... o malo. Se ha puesto el chándal sindicalero esta mañana y ha ido a por todas. Ha llegado a la puerta de los leones con panfletos para los diputados “esquiroles”, que según él estaban haciendo una “huelga a la japonesa”. Resulta simpático, porque da la cara y no deja de sonreír. Hay huelga y manda el Congreso por ahí. Que defiendan las leyes otros, que Izquierda Unida está en la calle.
Cayo Lara al menos ha hecho acto de presencia por el Congreso. Los diputados de Amaiur y ERC se han tomado el día libre directamente. Ni estaban ni se les esperaba. Al revés que Uxue Barkos, que ha estado ahí defendiendo la posición de su partido frente a decretos-leyes y la ley de Estabilidad Presupuestaria que se debatía.
El Gobierno y el PP se lo han tomado con filosofía. Primero, nada de entrar en el cuerpo a cuerpo con los sindicatos, que esta legislatura acaba de empezar y nunca se sabe. Segundo, insistir en que la reforma laboral no se cambiará. ¿Se imagina alguien que a las primeras de cambio Rajoy cediera y anunciara que rectifica? Y tercero, mensaje de normalidad y respeto a dos derechos: el de huelga y el de trabajo (para el que lo tenga, evidente).
Pero que el Gobierno quería alargar el Pleno ha quedado más que claro. Ojo, no se lo reprocho. Está bien que se discutan las leyes durante jornadas maratonianas, hasta el fondo de la cuestión. Pero hoy ha sido bastante evidente que les interesaba que el Congreso se mantuviera activo durante horas y horas para transmitir ese mensaje al exterior.
Ahí hemos tenido a Alberto Ruiz-Gallardón, como el conejo de Duracell, sin parar de hablar, contestar y replicar a todo el que se pusiera por delante. Y dura, y dura, y dura... Suyo ha sido la mitad del pleno de seis horas y media (estaba previsto que durara hasta 10 horas, pero las ausencias de unos y el pasotismo de otros –el PSOE- lo ha acortado).
Al presidente del Congreso, Jesús Posada, le preocupaba una cosa: que los diputados estuvieran fuera antes de que comenzara la manifestación de las seis y media de la tarde. Y lo consiguió. Cuando levantó la sesión, aquello fue una desbandada. Unos a casa y otros, muchos socialistas, a las manifestaciones contra la reforma que trata de arreglar el problema que ellos dejaron. Así es la vida. Y la política.
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Hay un diputado que pone especialmente nervioso a Mariano Rajoy cada vez que habla en el Pleno. Desde el primer día, en el debate de investidura, se vio que ese duelo iba a dar mucho juego en la legislatura. En aquella ocasión, el todavía candidato a la Presidencia del Gobierno soltó a Joan Baldoví, de Equo-Compromís, esta parrafada sin desperdicio:
“Usted ha hablado de democracia y ha dicho algo que también merece un comentario. Ha dicho que se dio cuenta de la grandeza de la democracia, que conoció la grandeza de la democracia —fue la expresión exacta que utilizó— cuando una persona sencilla de un pueblo, como usted, entró en esta Cámara. Oiga, ¿y qué se cree, que todos los que están aquí descienden de la pata del Cid? (Risas.—Aplausos.) Yo no, desde luego. ¿Qué cree usted que es la democracia? ¿Qué cree usted que es la democracia? ¿Quién cree que ha estado aquí en los últimos treinta años? Las personas que han querido los ciudadanos españoles: los de Valencia, los de Galicia, los de Madrid y los de Cataluña. La democracia no la ha inventando usted, señor Baldoví. ¿Vale? (Risas.—Aplausos.)”
Baldoví se puso rojo. Como un tomate. Era su estreno como diputado, y resultó casi humillante. Algunos podían pensar que recogería sus cosas, se marcharía a casa y no volvería más. Pero no. Ahí está, ofreciéndonos momentos únicos.
Esta semana, en el Pleno del Congreso, el diputado de Compromís, en el Grupo Mixto, ha conseguido de nuevo sacar a relucir el Rajoy menos paciente, en el debate sobre el último Consejo Europeo. Su intervención, la de Baldoví, fue sosa, pero desde aquello de “la pata del Cid” ya se sabe que no va a ser indiferente. Y Rajoy, esa es la verdad, le demuestra su desprecio siempre que tiene ocasión.
“Nos habla usted de que todas estas medidas son necesarias por la herencia recibida, como si el PP no hubiera gobernado en el País Valenciano o en ayuntamientos como Madrid y Valencia y no hubiera generado déficit. Ustedes son corresponsables también de ese déficit”, señaló Baldoví.
Pero yo creo que Rajoy explotó definitivamente cuando el diputado de Compromís defendió “la pancarta” como protesta. “Defenderemos otras políticas aquí en el Parlamento. También, aunque no le guste, legítimamente en la calle, detrás de una pancarta. También el día 29, pro nuestra dignidad, por la dignidad de las personas”.
Y Rajoy lo machacó desde la tribuna:
“Al señor representante de Compromís, realmente no tengo nada que decirle: todo está mal, Europa, España, el mundo... Todo lo hacemos mal, todas nuestras recetas son equivocadas, el único listo que hay aquí es usted, así que, si tiene a bien ayudarme, yo se lo agradezco...”
Baldoví sonrió y se quitó la chaqueta, seguramente acalorado de nuevo por la respuesta del presidente del Gobierno. La izquierda salió rápidamente en su defensa. Pero ya era tarde. Rajoy recomendó sentido del humor, espíritu deportivo, tolerancia y democracia. No vendría mal buenas dosis de eso a todos en este Parlamento.
En esta crisis que parece no acabar nunca vamos a hablar mucho sobre los “privilegios” de los políticos. Esta semana en el Congreso se ha puesto el foco en un complemento que cobran los diputados, aparte de los 2.813,87 euros de asignación que tienen todos por igual. Hasta ahí, después del tijeretazo del 10 por ciento aplicado en 2010, todo bien. O al menos de momento.
El problema, para algunos, parece estar ahora en el complemento llamado “Indemnización”. ¿En qué consiste? El Congreso lo explica así:
Con este concepto, que tiene una cuantía mensual de 1.823,86 € para los Diputados de circunscripciones distintas a Madrid y de 870,56 € para los electos por Madrid, los parlamentarios deben de afrontar los gastos de alojamiento y manutención en la capital que origine la actividad de la Cámara. Es una cantidad dedicada, pues, a cubrir gastos y por ello exenta de tributación.
Pues bien, algunos han dicho que a ver por qué los diputados cuneros (los elegidos por una circunscripción que no es la suya) que se presentan en provincias que no son Madrid, pero que viven en la capital, tienen que recibir esos 1.823,86 euros, si no tienen gastos de alojamiento que cubrir.
Y ahí andan los partidos discutiendo si sí o si no. De momento, el PP y el PSOE creen que es pura demagogia discutir de eso en este momento. Pero Unión, Progreso y Democracia (UPyD) no lo tiene tan claro y prefiere debatirlo, dentro de una reforma general del Reglamento del Congreso.
En todo caso, la nueva polémica ha servido al PP y al PSOE para volver a arremeter contra Rosa Díez, que sigue sin hacer amigos en el Congreso (salvo los de su propio grupo).
La izquierda ha organizado la tormenta perfecta esta semana contra el Gobierno de Mariano Rajoy. Primero ha tomado la parte por el todo en Valencia, para denunciar una carga policial “brutal” contra “todos” los estudiantes, sin distinguir y sin ningún matiz; después ha relacionado la represión con la derecha, como si en los años anteriores no hubiéramos visto escenas similares, y para concluir lo ha convertido en arma arrojadiza contra el Ejecutivo por sus recortes.
En el Congreso los diputados del PSOE y los de Izquierda Unida han disfrutado de lo lindo. Tienen ahí un discurso fácil, aunque sea exagerado y poco ajustado a la realidad, pero les funciona muy bien contra el Gobierno del PP. Son expertos en la manipulación, y lo han vuelto a demostrar. Desde aquí mi reconocimiento. Lo cierto es que les da resultados.
Alfredo Pérez Rubalcaba, exministro del Interior, no ha hecho ninguna mención a lo sucedido en Valencia durante su debate con Rajoy esta mañana en el Pleno. Ni falta que le hacía en ese momento. Me da a mí que su papel en todo esto es más de cenas a media luz. En el Congreso le ha dejado el protagonismo a su portavoz, Soraya Rodríguez, necesitada de ganarse el apoyo de los suyos a base de “meter caña” al PP, y en concreto a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría.
“Vicepresidenta, le pido que reflexione. No se puede difamar a los convocantes de una manifestación y reprimir de forma desproporcionada a los manifestantes, máxime cuando son estudiantes, cuando son menores de edad. ¡No son los enemigos los que están en la calle, son nuestros hijos!”, exclamó Soraya Rodríguez, que en sus últimas palabras empleó un tono victimista cercano al llanto.
Luego llegó la exministra Leire Pajín, y remató la faena. Primero metió un poquito de miedo diciendo que las becas de los estudiantes corren peligro con el PP, y luego atacó por el flanco de Valencia: “La historia se repite: ustedes vuelven al Gobierno, merman los derechos de la educación y, cuando los jóvenes protestan, hay represión brutal de la policía”.
El discurso es tan simple, casi infantil, como efectivo. Y ahí el Gobierno puede hacer dos cosas: taparse los ojos y ponerse a la defensiva o bien contraatacar con vídeos, documentos, información y un poco de “memoria histórica”. El ministro de Educación optó por el ataque: “Me causa sorpresa cómo ustedes se ponen del lado de la protesta, y no de la protesta en general, sino de la protesta violenta, de la protesta que infringe la ley”. Los diputados socialistas se llevaron las manos a la cabeza.
Rubalcaba, por cierto, ya no estaba en su escaño.
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El Pleno del Congreso ha rechazado este martes una Proposición No de Ley de UPyD que pedía revisar el estatuto de los expresidentes del Gobierno para limitar las prerrogativas que tienen.
En este comienzo de legislatura cada grupo parlamentario va fijando sus prioridades. UPyD se estrena con esta iniciativa (pincha aquí), con todo derecho, pero no deja de ser llamativo que se centre en la situación de cuatro expresidentes (del Gobierno de España), en medio de la gravísima crisis económica que atraviesa el país.
UPyD abre la legislatura mirando al tendido, a sus electores, que desde luego estarán encantados con la iniciativa, aunque la mayoría del Congreso vea en ella pura demagogia; incluido el PNV, que de forma muy “coherente” votó luego a favor.
La iniciativa se ha rechazado por 291 votos en contra, 26 a favor y 3 abstenciones. Así han votado los partidos:
---Votos a favor (26):
Izquierda Plural (IU-ICV-EUIA-CHA)
UPyD
PNV
ERC
Equo-Compromís
Coalición Canaria
---Votos en contra (291):
PP
PSOE
CiU
UPN
---Abstenciones (3):
BNG
Una diputada del PP (María Teresa de Lara)
Un diputado del PSOE (Miguel Ángel Cortizo)
Los diputados de Amaiur no han participado en la votación.
El diputado de UPyD Carlos Martínez Gorriarán explicó que no es una cuestión que tenga que ver con la contabilidad nacional o con políticas de ahorro en momentos de crisis, sino que “es ante todo una cuestión de ética pública”. En concreto, de “regeneración de la ética pública”. Y para ello ha propuesto regular el régimen de incompatibilidades entre la percepción de retribuciones con cargo a fondos públicos y privados.
Por el PP, Pedro Gómez de la Serna llamó la atención sobre el hecho de que es la tercera vez, en un año, que UPyD presenta una iniciativa de estas características: “La regeneración democrática es incompatible con el populismo, el efectismo y la demagogia”.
---Las asignaciones que reciben los expresidentes son: una indemnización equivalente al 80 por ciento de su sueldo durante dos años; una pensión de jubilación, cuando lleguen a la edad correspondiente; la puesta a disposición de los medios en favor de los expresidentes, que son un coche, un conductor, un servicio de seguridad, dos asistentes y la dotación de unos 80.000 euros brutos anuales, es decir, unos 6.000 euros brutos mensuales.
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La opinión de Alberto Ruiz-Gallardón a favor del matrimonio homosexual está más extendida en el Partido Popular de lo que puede parecer. El portavoz en el Congreso, Alfonso Alonso, opina exactamente igual. La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, es una firme defensora de ello. La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, esquivó hábilmente en la sesión de control la pregunta sobre su opinión al respecto. Y tanto en la Comunidad de Madrid como en el Ayuntamiento predomina la opinión personal de Gallardón.
La lista podría continuar. Pero las palabras de Gallardón cayeron especialmente mal en un sector importante del partido (el ministro Jorge Fernández Díaz salió rápidamente a defender la posición oficial del PP), pendiente del recurso planteado por diputados populares ante el Tribunal Constitucional.
La falta de coherencia, como dijo Mariano Rajoy este miércoles, suele ser un problema en política. El presidente del Gobierno se lo decía a Rosa Díez, pero podría valer para este caso también. El recurso de inconstitucionalidad es, ahora mismo, lo que se llama coloquialmente un “marrón” para el PP y el Gobierno, que esperan, me da la impresión, que el TC lo rechace cuanto antes para quitarse ese peso de encima de una vez.
Gallardón, después de charlar durante toda la mañana del miércoles con el ministro Fernández Díaz, aprovechó la primera oportunidad para aclarar que, como ministro de Justicia, apoyará lo que diga el Tribunal Constitucional. Un intento por recuperar un discurso coherente dentro del PP.
El ex alcalde de Madrid sí consiguió ganarse a todos los diputados del PP con una intervención vibrante y brillante a favor del derecho a la vida. Se ganó la mayor ovación de la semana en el Congreso, por encima del propio Mariano Rajoy. Su contrincante, la socialista Carmen Montón, quedó reducida a la nada con sus argumentos a favor del aborto y la ley de plazos, frente a la defensa del derecho a la vida y del derecho a la maternidad de las madres menores, discapacitadas y emigrantes que pronunció el ministro, en la más pura ortodoxia, esta vez sí, del PP.
Comparto aquí parte de la última intervención de Gallardón, cuando replicaba a la diputada socialista, extraída del Diario de Sesiones:
“Usted habla del derecho al aborto, pero yo le quiero hablar también del derecho a la maternidad; del derecho como una opción de la mujer. (Rumores.- Risas) Sí, ustedes se ríen, pero yo estoy pensando en las mujeres menores de edad, estoy pensando en las mujeres discapacitadas, estoy pensando en las mujeres emigrantes. Ustedes a esas mujeres cuando se quedan embarazadas la única respuesta que les dan es: Ahí tiene usted la Ley del Aborto. (Una señora diputada: ¡Cómo puedes decir eso!- Rumores.) Nosotros la respuesta que les vamos a dar es una respuesta positiva para que puedan ejercer el derecho a la maternidad. Esa es la diferencia, señor presidente”.
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El disparate es sonrojante. Tengo en mis manos la Guía de Lenguaje No Sexista que ha editado una universidad pública, la UNED, a través de su Oficina de Igualdad. La guía tiene 12 páginas, más varios enlaces que completan un conjunto de reglas absurdas e infantiles, que suponen un ataque a una de las lenguas más habladas en el mundo, el español. Se ha repartido a todos los alumnos.
Ya sé que este blog es político, y está centrado sobre todo en el Congreso de los Diputados. Pero ahora que se habla de recortes en todos los ámbitos, incluido el de la Educación, quizás deberían empezar por meter la tijera en estos informes surrealistas y estrambóticos, que sólo sirven para dañar nuestro idioma. Y todo con el aval de una Universidad pública.
Propone “modificar el enfoque androcéntrico de las expresiones, nombrando correctamente a mujeres y hombres”. Dice: “Para sustituir el masculino genérico se emplearán términos colectivos, abstractos o vocablos no marcados, perífrasis o metonimias. Cuando no produce ambigüedad, se puede omitir la referencia directa o bien utilizar infinitivos o pronombres”.
En el documento hay muchos ejemplos de expresiones que consideran sexistas, y propuestas “no sexistas”:
- Sexista: “Los funcionarios interinos que hayan trabajado…”
- No sexista: “Los funcionarios y funcionarias interinos e interinas que hayan trabajado…”
- No sexista: “El personal funcionario interino que haya trabajado…”
- Sexista: “Los alumnos…”
- No sexista: “Los alumnos y las alumnas”
- No sexista: “El alumnado…”
- Sexista: “Los becarios…”
- No sexista: “Las personas becarias…”
- No sexista: “Quienes sean titulares de las becas…”
- Sexista: “Los candidatos…”
- No sexista: “Las personas candidatas…”
- No sexista: “Quienes opten…”
- No sexista: “Quienes concurran…”
- Sexista: “El responsable…”
- No sexista: “La persona responsable…”
- Sexista: “El abajo firmante…”
- No sexista: “Quien abajo firma…”
- Sexista: “El interesado…”
- No sexista: “El/la interesado/a…”
- Sexista: “Del representante…”
- No sexista: “Del/de la representante…”
Por tanto, que se sepa: Rubalcaba y Chacón no son "los candidatos" a la Secretaría General del PSOE. Son "las personas candidatas".
Y ya no habrá un Congreso de los Diputados. Según el informe de la UNED, deberá ser el "Congreso de las Personas Diputadas".
Más tijera, y con más tino, por favor.
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