Toledo

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De viaje con Vicente Blasco Ibáñez

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Crónicas de Viaje: Gibraltar, Argel, Toledo, El Escorial, de Vicente Blasco Ibáñez. Carena editors SL. Valencia, 2011, 232 páginas

Día 21/02/2012 - 13.17h
Blasco Ibáñez, escritor de gran éxito popular en su tiempo, fue además político, hombre de acción, periodista, viajero y empresario; llegó incluso a fundar un asentamiento en Argentina. Las crónicas que recoge este libro aparecieron publicadas en el periódico que él mismo dirigió, El Pueblo. En concreto las referidas a Toledo lo fueron en mayo y junio de 1897. Su desarrollo no es tanto el relato meramente descriptivo, costumbrista, paisajístico de ciudades, caminos o parajes, sino que Blasco hace en ellas gala de su gran conocimiento histórico y aprovecha su mirada a los edificios para evocar su pasado, sus leyendas y la de personajes a ellos ligados; y, de paso, ofrecernos su particular visión de la historia de España: una historia en clave progresista en la que el escritor defiende sus posiciones radicales: contrario a todo tipo de autoritarismo, a cualquier fanatismo religioso, a cualquier arbitrariedad o injusticia.
De viaje con Vicente Blasco Ibáñez

En el caso de las crónicas dedicadas a Toledo, la primera de ellas se refiere a la ciudad en su conjunto a la que describe como un amontonamiento de recuerdos y arranca desde la etapa romana, el fecundo ciclo visigodo, la dominación musulmana, y la Edad Media y Moderna hasta el comienzo de la decadencia de la ciudad tras la decisión de Felipe II de situar la Corte en Madrid (1561). A la catedral dedica dos crónicas, y una más a dos ilustres personajes enterrados en ella: Álvaro de Luna y el cardenal Albornoz. El conocimiento de Blasco sobre el templo toledano es muy notable, y parte de lo que vio y aprendió en esta visita lo utilizó luego en la composición de su novela La catedral. Las siguientes crónicas están dedicadas a la sinagoga de santa María la Blanca, a san Vicente Ferrer y sus predicaciones incendiarias contra los judíos en Toledo, al Corpus y al Mesón del Sevillano, más conocido luego como la Posada de la Sangre, de fuertes vínculos con Cervantes. La siguiente la dedica Blasco al Alcázar y cierra este conjunto de crónicas toledanas con una entrada en las obreras de la Fábrica de Armas, en la que se incluye esta sugerente afirmación: «Asombra la organización de la Fábrica… Tal vez es la única del Estado que está a la altura de los últimos adelantos de la mecánica». La edición del libro, a cargo de los profesores Sales y Pantoja, es muy correcta, con una gran cantidad de notas explicativas, que no entorpecen la lectura, antes al contrario puntualizan y aclaran infinidad de cosas e incluso matizan algún error histórico menor de Blasco Ibáñez.

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