Jueves , 03-12-09
EN una nueva demostración de doble moral, el PSOE y ERC consiguieron sacar ayer adelante en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley en la que se insta al Gobierno a aplicar en «todos los centros escolares» la jurisprudencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo que asegura que los crucifijos en las aulas suponen «una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones». El furor anticlerical del PSOE parece no tener límites ni matices y cualquier cosa le sirve para insistir en su estrategia de acoso a la Iglesia Católica. La discutible sentencia del Tribunal de Derechos Humanos sirve de coartada al PSOE, inmerso en una estrategia de división que se enmarca en su nada disimulado intento de cambiar el código de valores de la sociedad para imponer su particular modelo ideológico. Naturalmente, en el código de valores de la izquierda el sentimiento religioso de una inmensa mayoría de españoles supone un problema que el PSOE resuelve revistiendo de legalidad lo que constituye una burda ofensa al símbolo por excelencia de la religión católica, símbolo que, por otra parte, encarna valores positivos.
Posiblemente, el socialismo español venda como una gran «hazaña» política la retirada de los crucifijos de las escuelas -la moción que proponía ERC hablaba, como primer paso, de «colegios públicos», pero la definitiva impulsada por el PSOE no establece distinciones- y presuma ante los sectores más radicales de la sociedad española de haber puesto en su sitio a la Iglesia Católica, Zafia «victoria» que supone un innecesario agravio al sentimiento más profundo de millones de españoles y que puede alcanzar cotas aún más ridículas, porque con el mismo argumento que ayer defendieron a medias socialistas y republicanos independentistas los tradicionales belenes se verán abocados a desaparecer de los colegios. Pero no sólo es un ejercicio sectario del poder lo que revela el anticlericalismo del Gobierno. La votación de ayer es el paradigma de esa visión cínica de la izquierda que exhibe tolerancia y comprensión hacia los símbolos del islam -había que oírlos criticar ferozmente la decisión de los suizos de no apoyar los minaretes en las mezquitas- mientras en España se afana en combatir la presencia de los crucifijos en las aulas porque son un símbolo católico que atenta contra el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones. No cabe mayor hipocresía.

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