Los rincones secretos del Valle de los Caídos
La gran cruz preside el complejo del Valle de los Caídos - jaime garcia

Los rincones secretos del Valle de los Caídos

El Congreso vota hoy sobre si se debe o no reconvertir la basílica que alberga las tumbas de más de 30.000 víctimas de la Guerra Civil para que deje de ser un «símbolo de agravio»

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El Congreso vota hoy sobre si se debe o no reconvertir la basílica que alberga las tumbas de más de 30.000 víctimas de la Guerra Civil para que deje de ser un «símbolo de agravio»

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  1. 30.000 combatientes bajo las losas

    La gran cruz preside el complejo del Valle de los Caídos - jaime garcía

    El Congreso vota este miércoles si se debe o no reconvertir el Valle de los Caídos. Esta vez los partidos tendrán que pronunciarse sobre si el complejo del que forman parte la basílica que alberga las tumbas de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera y la cripta en la que están los restos de más de 30.000 víctimas de la Guerra Civil debe reconvertirse para que deje de ser un «símbolo de agravio y exclusión».

    La cruz del Valle de los Caídos siempre impresiona. Este conjunto monumental se cerró al turismo el 2 de diciembre de 2009. Se reabrió el pasado 1 de junio. Dos años y medio justos de silencio y con unas pérdidas económicas que pasan los cuatro millones de euros. Pero esa imponente cruz, las esculturas, los símbolos, la Basílica, la Abadía y la inmensa explanada donde siempre manda el granito y el mármol, no son los únicos tesoros.

  2. Las «voces blancas» de la escolanía

    Fray Santiago, abad del Monasterio del Valle de los Caídos
    Fray Santiago, abad del Monasterio del Valle de los Caídos - jaime garcía

    Son 40 niños entre los 9 y los 14 años. Están en ese tramo de edad que se conoce como el de las «voces blancas». Y componen el único coro de chavales que canta en gregoriano todo el año, en la misa de once de la mañana.

    Por sus edades, se cuida su formación educativa. Son de Primaria y de ESO. Vemos sus dormitorios, el gimnasio, el comedor, las clases. Y esa sala de estudios con pupitres de madera que todavía guardan el hueco para el tintero y los plumines, ya en total desuso. Les escuchamos cantar a lo lejos. Suena a coro celestial, la verdad.

    El padre Santiago nos cuenta que cada 1 de marzo hace una fiesta llamada del «Obispillo», de origen medieval y parisino. Se elige a un niño y se le viste de obispo. Con su sotana negra y los adornos, fajines y botones de color púrpura. Y anillo. Que no falte. Este año, Roger Andrés Sandoval ha sido el primer «obispillo» latinoamericano de la escolanía porque procede de Bolivia. Por eso, el «obispillo» ha presidido la misa y ha dado las órdenes. «Sí, sí, me emocioné mucho», nos dice medio ruborizado.

  3. Circunferencia de 40 metros

    La cúpula de la Basílica tiene casi 40 metros de diámetro
    La cúpula de la Basílica tiene casi 40 metros de diámetro - jaime garcía

    Subimos a la cúpula de la Basílica. Sin palabras. El ascensor y un pasadizo nos llevan hasta una circunferencia enorme, de 40 metros de diámetro. Paseamos alrededor de ella. Notamos que nuestra conversación, aunque hablemos bajito, se escucha perfectamente enfrente. Por lo visto, aquí el sonido forma ondas circulares que, como no rebotan con ningún obstáculo, hacen audible hasta la respiración. Abajo, a otros casi 40 metros, vemos la tumba de Franco, la de José Antonio y el altar mayor presidido con uno de los pocos Cristos «vivos»: tiene los ojos completamente abiertos.

  4. 4 millones de teselas para el mosaico

    Para relizar el mosaico se utilizaron 4 millones de teselas
    Para relizar el mosaico se utilizaron 4 millones de teselas - jaime garcía

    Ahí mismo, sobre nuestras cabezas, 4 millones de pequeñísimas teselas están representando el mosaico del Juicio Final. Brilla, toda la cúpula, como una moneda nueva porque se limpió hace un par de años. Estaba ennegrecida por los efectos de una bomba colocada por los terroristas del Grapo en 1991. ¿Cómo se hizo?, preguntamos ensimismados. Se hizo en siete días, con agua y jabón neutro, a lo alto de una enorme grúa que se trajo de Alemania

    Es un Juicio Final distinto. Representa a los caídos civiles que combatieron en los dos bandos de la Guerra Civil. Preside un «pantocrator». A su lado, Santiago y San Pedro. Y la Virgen, intercediendo por las almas. Nos hacen que nos fijemos en las caras, a miles. Es cierto, todas están vivas menos dos que, por lo visto, no logran salvarse. Cuando no queda más remedio que abandonar la cúpula, nos espera otra sorpresa: entramos por un pequeño pasadizo que nos conduce a una especie de tubo bastante estrecho. Ahí, de pie, tocamos, a la derecha, el hierro frío que rodea la parte posterior de la cúpula; a la izquierda, la piedra, la montaña. Es entonces cuando nos damos cuenta de que estamos en las entrañas de la tierra.

  5. La sacristía de la Basílica

    jaime garcía

    En nuestro recorrido por los rincones del Valle de los Caídos entramos en la Sacristía de la Basílica. Madera noble, de nogal y pino de Valsaín. El monje benedictino nos enseña un tesoro. Es una reliquia que contiene dos pequeñísimas astillas de la Cruz de Cristo. Fue un regalo de Juan XXIII con motivo de la apertura del templo y están autentificadas. Cada 14 de septiembre sale de la Sacristía y se la venera en la misa. También se usa para presidir el Via Crucis.

  6. El coro

    Los asientos del coro del Monasterio con relieves en madera
    Los asientos del coro del Monasterio con relieves en madera - jaime garcía

    Otro rincón entrañable de la Basílica del Valle de los Caídos es el Coro. Aquí se canta con el «Graduale Triplex», el libro del canto gregoriano por excelencia, con códices del Monasterio de Solesmes. Una joya con la que cantan hoy los monjes benedictinos y los niños de la escolanía.

  7. Los cuatro penitentes

    Dos de las cuatro esculturas en el altar mayor del Valle de lo Caídos
    Dos de las cuatro esculturas en el altar mayor del Valle de lo Caídos - reuters

    Junto al Altar Mayor, en el crucero, están los «penitentes». Cuatro a cada lado. Las ocho figuras de granito simulan combatientes de ambos bandos de la guerra. No llevan uniforme. Nada que diga dónde luchaban. Son esculturas apenadas y arrepentidas por haber participado en una contienda fraticida. Una de las más crueles.