VIDAS EJEMPLARES

El síndrome Punset

Lleva 17 años viviendo de Televisión Española, pero se pone de perfil

Luis Ventoso
Actualizado:

Lleva 17 años viviendo de Televisión Española, pero se pone de perfil

¿QUIÉN no conoce a Eduardo Punset? El afable divulgador del pelo leonino campa por la televisión pública desde hace 17 temporadas. Es una celebridad bien valorada por los españoles. Hasta nos vende yogures y pan de molde. Muchísima gente adora a Punset, nacido en 1936 en Barcelona. Les conforta su tono sosegado, profesoral, y la pasión con que aborda los temas científicos más abstrusos, intentando aportar «luz, más luz», que exclamó Goethe en la agonía. Redes, su programa, supone un oasis de reflexión en medio de un carajal de concursos, marujeo cañero y cañí y discusiones políticas de faca en mano. Con la frialdad de los datos, no parece que Punset le salga muy rentable a su cadena. Su cuota de pantalla está en el 1,3%, la mitad de la media de La 2. Pero Punset prestigia. Cierto que también tiene detractores. Los más zafios hablan de «muermazo» y ven Redes como el mejor pasaje a los pagos de Morfeo. Los más sutiles señalan que el formato es cansino, que hay más paja que grano y que roza los peores tics de la autoayuda fútil. Pero convengamos que a un canal público le sienta bien alguien como Eduard.

El público tiende a contemplar a Punset como un gran científico. Newton, Einstein, Perelman, Higgs, Lovelock, Hawking… y Punset. En realidad Eduard estudió Derecho en la Complutense y luego apuró un máster de económicas en Londres. A lo que se ha dedicado el grueso de su vida adulta es a la política, exactamente desde 1977 hasta 1994: diputado autonómico y nacional, consejero de la Generalitat, ministro, y desde 1987 a 1994, eurodiputado en la cámara-spa bruselense. Siglas hubo varias: UCD, independiente por CiU, retorno con Suárez al CDS y luego un efímero y fallido partido propio, Foro. Tras fracasar en su último intento para reenganchar en Bruselas, en 1996 creó Redes. Ahí sigue. Más de 600 programas, siempre con audiencias pírricas, producidos por el Grupo Punset, su propia compañía. Además, Redes podría lograr el hito de ser el primer programa hereditario de la historia, pues Eduard ya ha subido a bordo a su hija Elsa.

Todo está bien. Punset nos presta un servicio (su programa, para muchos magnífico) y los españoles se lo pagamos con nuestros impuestos a través de TVE. Pero, oh fatalidad, resulta que el lío catalán obliga a retratarse. El divulgador, que vive desde hace 17 años de España y su televisión, ¿está a favor o en contra de la independencia? Un diario separatista, Ara, se lo ha preguntado a bocajarro: ¿Votaría sí o no? El divulgador se escaquea. Farfulla que preguntar al pueblo siempre es bueno, pero que es muy pronto para saber qué votaría él. Es decir: Punset, al que todos los españoles pagan y admiran, el tipo en quien confían tanto que hasta le compran sus yogures, es incapaz de decir algo tan sencillo como que no quiere que Cataluña se independice. ¿Por qué? O porque en realidad desea la independencia y no se atreve a decirlo para no dañar su negocio; o porque no la quiere, pero se cuida de no molestar al atosigante nacionalismo catalán.

El «síndrome Punset» atenaza a muchos empresarios catalanes. Me lucro gracias a España. Pero yo no me pringo por ella, no vaya a ser… Decepcionante. Porque el afecto es un camino de ida y vuelta.