Los elefantes asiáticos consuelan a sus compañeros en peligro - Foto: Archivo /Vídeo: Joshua Plotnik, Think Elephants International

El consuelo y otros cinco comportamientos casi humanos de los elefantes

Las últimas investigaciones sobre una de las criaturas más inteligentes, empáticas y sociales de la Tierra

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Las últimas investigaciones sobre una de las criaturas más inteligentes, empáticas y sociales de la Tierra

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  1. «Estoy aquí para ayudarte, compañero»

    Los elefantes asiáticos consuelan a sus compañeros en peligro - Foto: Archivo /Vídeo: Joshua Plotnik, Think Elephants International

    Los elefantes han sido considerados durante siglos animales inteligentes, empáticos y altruistas. Ahora, los científicos han comprobado que manifiestan un comportamiento entre ellos que nunca antes había sido demostrado y que refuerza aún más la creencia popular. Resulta que los elefantes asiáticos consuelan a sus compañeros que están en peligro, mediante caricias y vocalizaciones.

    No es fácil encontrar gestos de consuelo en el reino animal. Hasta ahora solo existían evidencias empíricas en grandes simios, cánidos y algunos córvidos. Pero los elefantes también parecen preocuparse por los demás. «Con sus fuertes lazos sociales, no es de extrañar», dice Frans de Waal, famoso especialista en primates de la Universidad de Emory y coautor de la investigación.

    El estudio se centró en un grupo de 26 elefantes asiáticos cautivos en el norte de Tailandia. Durante casi un año, los investigadores observaron qué pasaba cuando en un elefante aparece una reacción de estrés ante otro animal hostil. El estudio descubrió que los elefantes cercanos se aproximaban al angustiado y tendían al contacto físico. Como ejemplo típico, usaban su trompa para tocar suavemente su cara, o ponían su trompa en la boca del otro animal. «Los elefantes sienten cuando ven a otros en peligro, llegando a calmarlos, de forma no muy diferente a como los chimpancés o los humanos abrazan a alguien que se siente mal», señala De Waal.

    El gesto de poner la trompa en la boca del otro es casi como un apretón de manos o un abrazo del elefante. «Es una posición muy vulnerable, ya que podría ser mordido. Puede estar enviando una señal de 'Estoy aquí para ayudarte, no te haré daño'»

    Los elefantes también mostraron una tendencia a vocalizar, como un «alto chirrido». «Puede ser una señal como, 'Shshhh , está bien', el tipo de sonidos que un adulto humano podría hacer para tranquilizar a un bebé», apunta Joshua Plotnik, autor principal de la investigación.

  2. Se reconocen en el espejo

    Un elefante asiático se refleja en las aguas de un río en Nepal
    Un elefante asiático se refleja en las aguas de un río en Nepal - Archivo

    El elefante asiático se reconoce a sí mismo cuando ve su imagen reflejada en el espejo, una habilidad que, además de en los seres humanos, solo se ha comprobado en simios y delfines. Para demostrar que un animal se autorreconoce ante el espejo debe seguir unas pautas, como la inspección física del espejo (mirar detrás del mismo), comportarse de forma repetitiva, reconocer su imagen y, la prueba fundamental, utilizar el espejo para tocar una marca de su cuerpo no puede ver si no es en la imagen reflejada. Todo ello lo cumplen los elefantes, según investigadores de la Universidad de Emory, los mismos que ahora han comprobado que los paquidermos se consuelan unos a otros.

    En su experimento, los investigadores pusieron a prueba a tres hembras del zoo neoyorquino del Bronx. Colocaron en su hábitat un espejo de gran tamaño. Los animales lo examinaron, lo tocaron y lo utilizaron para inspeccionar el interior de la boca, una parte de su cuerpo que no pueden ver. Además, uno de los ejemplares se tocó una marca que le habían colocado los investigadores y que vio por primera vez en la imagen reflejada.

  3. Comprenden cuando señalamos

    Los elefantes comprenden de forma espontánea el gesto humano de señalar con el dedo
    Los elefantes comprenden de forma espontánea el gesto humano de señalar con el dedo - Anna F. Smet / Richard W. Byrne

    Comprender qué quiere decirnos alguien que señala una cosa con el dedo es una habilidad que se creía casi exclusivamente humana. Sin embargo, una investigación publicada el pasado octubre en la revista Current Biology demuestra que los elefantes africanos también pueden entenderlo. Y lo hacen sin ningún entrenamiento previo.

    Los investigadores de la Universidad de St Andrews estudiaron a los elefantes que llevan a los turistas sobre sus lomos de paseo cerca de las cataratas Victoria, en el sur de África. No tuvieron que enseñarles nada, la comprensión de qué querían decir al apuntar un objeto fue inmediata, independiente de lo acostumbrado que estuviera el ejemplar a tratar con humanos. Los autores creen que quizás los elefante puedan hacer con su larga trompa algo parecido a señalar. Y es que, según explican, estas grandes criaturas parecen entender a los humanos de una forma que la mayoría de los animales no son capaces de hacer.

  4. Comunicación por infrasonidos

    Joven elefante africano en el Parque Nacional Kruger de Sudáfrica
    Joven elefante africano en el Parque Nacional Kruger de Sudáfrica - Archivo

    Los elefantes pueden comunicarse durante largas distancias mediante sonidos que están por debajo del rango del oído humano. Estos se catalogan como infrasonidos, ya que están en un rango inferior a los 20 hertz o ciclos por segundo. Les sirven para avisar de que están listos para aparearse o dónde encontrar alimentos. Para alcanzar notas muy bajas, los paquidermos emplean el mismo mecanismo que produce el sonido en los seres humanos y muchos otros mamíferos, según un estudio de la Universidad de Viena.

    Cuando por causas naturales un paquidermo murió en un zoológico de Berlín, los investigadores observaron imágenes de la laringe extirpada del elefante para comprobar si introduciendo flujo sostenido de aire vibraban las cuerdas vocales, sin señales nerviosas. El sonido se producía, un mecanismo que concuerda con el de una amplia variedad de mamíferos, incluido el hombre.

  5. ¿Se mueven al ritmo de la música?

    Joven elefante del zoológico de Berlín, en una imagen de archivo
    Joven elefante del zoológico de Berlín, en una imagen de archivo - Archivo

    Los elefantes, aunque son capaces de correr a velocidades cercanas a los 40 kilómetros por hora, no pueden saltar ni realizar movimientos complejos: sus piernas son tan pesadas que no cambian de dirección con rapidez. Por eso no podrían ejecutar un complejo baile, aunque algunos investigadores creen que sí son capaces de seguir con movimientos corporales el ritmo de la música, de forma que mueven la cabeza o golpean las patas contra el suelo según la melodía.

    Esa hipótesis aún está por comprobar. De momento, esta habilidad solo se ha visto en loros y otras aves con capacidad de imitación vocal y, según investigadores Laboratorio Long Marine en la Universidad de California en Santa Cruz, en una leona marina llamada «Ronan».

  6. Imitan la voz humana

    Los investigadores, junto al elefante «Koshik»
    Los investigadores, junto al elefante «Koshik» - Current Biology/Stoeger

    Es un elefante asiático, se llama «Koshik» y, según un estudio publicado en la revista Current Biology, puede imitar la voz humana y hablar en coreano vocalizando con su trompa en la boca. El vocabulario de este elefante consiste solo en cinco palabras: «Annyong» (hola), «anja» (sentarse), «aniya» (no), «nuo» (acostarse), y «choah» (bueno).

    Para los investigadores de la Universidad de Viena, las habilidades de este elefante asiático, pueden proporcionar conocimientos importantes sobre el aprendizaje vocal, un proceso complejo pero fundamental en la voz humana. Al parecer, «Koshik» es capaz de imitar tanto el tono como el timbre humanos, una hazaña notable considerando que hay grandes diferencias anatómicas entre ellos y nosotros.

    En el pasado ya ha existido algunos informes de imitación vocal de elefantes africanos y asiáticos. Por ejemplo, hay paquidermos africanos que pueden imitar el sonido de los motores de camiones o el ronroneo de los gatos y hubo un caso de un elefante asiático en Kazajstán que, sin comprobación científica, se especuló que hablaba ruso y kazajo.

    Los investigadores creen que «Koshik», criado en un zoo, comenzó a adaptar sus vocalizaciones para fortalecer la afiliación social con sus compañeros humanos.