Cádiz, la ciudad más antigua de Occidente, y otras capitales de provincia milenarias
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Cádiz, la ciudad más antigua de Occidente, y otras capitales de provincia milenarias

Los fenicios, los cartagineses y los romanos dejaron buena muestra de su presencia en la Península Ibérica fundando algunos de los núcleos urbanos más antiguos de Europa

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Los fenicios, los cartagineses y los romanos dejaron buena muestra de su presencia en la Península Ibérica fundando algunos de los núcleos urbanos más antiguos de Europa

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  1. «Gádir», un asentamiento fenicio fundado en el 1104 a. C

    Ayuntamiento de Cádiz
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    Es difícil estimar que ciudad fue fundada antes en la Europa Occidental, pero Cádiz, sin duda, es la que tiene referencias más antiguas. Si bien la tradición sitúa la fundación de Cádiz ochenta años después de la guerra de Troya, sobre el siglo XIII a. C., lo más probable es que se produjera en el XI a. C. Sin embargo, pese a las referencias documentales, nunca se han hallado yacimientos que verifiquen la edad de este núcleo urbano, y los restos encontrados hasta la fecha más antiguos son del siglo VIII a. C.

    Este asentamiento fenicio de fundación tiria denominado «Gádir», que significa recinto amurallado, fue una ciudad volcada al mar y dedicada al comercio. Como prueba de la importancia obtenida durante el periodo fenicio y posteriormente cartaginés, el historiador Tito Livio menciona que Aníbal, el célebre general, arribó al templo para ofrecer al dios Melkart sus votos antes de emprender la conquista de Italia.

    Posteriormente los romanos, que la llamaron «Gades», de ahí viene el gentilicio de gaditano, concedieron a la ciudad el estatuto de «civitas foederata» (ciudad federada de Roma) en un pacto realizado por L. Septimio Marcio con la élite local. Este privilegio les permitió mantener su autonomía política y económica. La ciudad alcanzó rápidamente una gran prosperidad en la época romana, se construyen anfiteatros, acueductos y se convirtió en la segunda ciudad más poblada del Imperio durante un breve período de tiempo. Pese a la buena sintonía con Roma, especialmente con la familia de los Julios, cuando Cayo Julio César visitó este núcleo abolió algunas costumbres gaditanas autóctonas por considerarlas bárbaras, como la supresión de los sacrificios humanos del templo de Moloch y el cambio al culto de Crono. El posterior templo de Crono, según la tradición clásica, se encontraba donde actualmente está el Castillo de San Sebastián.

    En la actualidad, esta capital de provincia sigue teniendo uno de los puertos más importantes de Europa. La era de los descubrimientos, en los siglos XV y XVI marcaron su historia moderna y aumentaron su vinculación con el mar. De Cádiz partió Cristóbal Colón en su segundo (1493) y cuarto viajes (1502) a las Indias y numerosos gaditanos en viajes posteriores que fundaron en el año 1500, Nueva Cádiz, la primera ciudad española en el continente americano, en Cubagua.

  2. Huelva, el epicentro de la misteriosa civilización de los tartesios

    Catedral de Huelva
    Catedral de Huelva - Wikipedia

    Los orígenes más remotos de Huelva se encuentran vinculados a los tartesios, indígenas del suroeste peninsular que asimilaron elementos de otras culturas, principalmente de los fenicios y de los griegos, y fundaron la ciudad de Onuba en el X a.C. Entre la leyenda y la realidad, los tartesios han pasado a la historia como los supuestos guardianes de tesoros de valor incalculable. Y bien es cierto que los arqueólogos constatan que el contacto entre civilizaciones dio lugar a un esplendoroso reino que desapareció entre 530 y 508 a. C. cuando los Púnicos consiguen prohibir el comercio griego con esta zona.

    Los turdetanos –descendientes históricos de Tartessos y de su misma raíz étnica– habitaron en la actual provincia y fueron considerados por Estrabón como «los más cultos de los íberos». Fue este pueblo el que recibió con mayor entusiasmo la colonización romana que se establecieron en «Onuba Aestuaria».

    Con la llegada de los musulmanes, todo el sur de España fue rápidamente ocupado por los árabes y en 1012, Abd al-Aziz al-Bakri erigió el reino taifa de Huelva otorgándose el título de señor de Umba y Xaltis (Huelva y Saltés). El reino fue durante cuarenta años económicamente independiente hasta la guerra con Sevilla, que terminó por anexionarlo.

    De la época cristiana se sabe que la ciudad fue tomada, primero, por Iñigo de Mendoza en 1238 y por las tropas de Alfonso X «el Sabio», finalmente, en 1262.

  3. Los fenicios y los cartagineses hacen y deshacen en Almería y Málaga

    Las gradas del Teatro Romano, bajo la sombra de la Alcazaba musulmana
    Las gradas del Teatro Romano, bajo la sombra de la Alcazaba musulmana - Turismo de málaga

    Málaga y Almería comparten un pasado común. Los fenicios fundaron la colonia de «Malaka» en el siglo VIII a. C. atraídos por las buenas condiciones para el atraque de su puerto natural y la gran cantidad de yacimientos de plata y cobre existentes. Después del período de dominación cartaginesa, «Malaka» pasó a formar parte de Roma. En latín Malaca, la ciudad alcanzó un notable desarrollo y obtuvo el estatuto de municipio durante el siglo I, tras la promulgación del «Edicto de Latinidad» para Hispania.

    La decadencia romana dio paso a la dominación de los pueblos germanos, que sobre el año 411 arrasaron las costas malagueñas. Con la intención de reconstruir el Imperio romano, el emperador bizantino Justiniano I conquistó, entre otros territorios, Málaga.

    El proceso de lo que hoy es el territorio de Almería fue similar. El control fenicio dio paso al cartaginés cuando la civilización púnica se extendió por la Península Ibérica. De la época fenicia y cartaginesa se conservan numerosos restos, en Vera, Los Vélez y Dalías. A su vez, Almería cayó en las manos de Roma durante la campaña de Escipión el Africano contra los cartagineses. Los romanos la llamaron «Portus Magnus», quedando la ciudad ubicada en la Hispania Ulterior.

    También Almería fue ocupada por los vándalos y los visigodos, y estuvo un breve periodo bajo la ocupación bizantina. Sin embargo, Suintila integró definitivamente a Almería en el reino visigodo hacia el 621 y expulsó a las fuerzas de Bizancio.

  4. Lérida: una ciudad fortificada fundada por los ilergetes

    Claustro de la Seu Vella de Lérida
    Claustro de la Seu Vella de Lérida - Wikipedia

    También la historia de Lérida se remonta a mucho antes de la llegada de los romanos a la Península Ibérica. Los responsables de su fundación fueron los ilergetes, de origen íbero, contituido como pueblo a mediados del siglo VI a. C. Sus caudillos más representativos fueron Indíbil y Mandonio, que se aliaron con los cartagineses para combatir a los romanos hasta que, en la batalla del Ebro, tuvieron que aceptar el dominio de la República Romana. Así, alrededor del año 205, la ciudad pasó a llamarse Ilerda y las crónicas romanas la describen como un recinto fortificado con un puente de piedra que se constituyó en municipio en tiempos del emperador Augusto. El municipio poseía tierras fértiles que, a finales del siglo III, fueron destruidas por bandas de bárbaros germanicos.

    Durante la dominación visigoda, aproximadamente desde el año 375 al 716, fue sede episcopal. No en vano, en el siglo ocho los musulmanes se apoderaron de Lérida, Tamarite, Fraga y Monzón con la misma facilidad que lo hicieron en el resto de la península. En 1149 la ciudad paso a manos del Reino de Aragón.

    Sobre su papel a la llegada de la Edad Moderna, destaca su importancia durante la sublevación de Cataluña de 1640, conocida como «Corpus de Sangre», que causó a Lérida ser cuatro veces atacada y tres sitiada por ambos bandos. Al final del conflicto la ciudad quedo prácticamente destruida (sólo quedaron 300 edificios habitables).

  5. Abila, Obila, Abyla o Abela: muchos nombres para una ciudad milenaria

    Las murallas de Ávila
    Las murallas de Ávila - ABC

    Las calles de la ciudad castellana de Ávila han visto pasar miles de años y cientos de gobernantes desde su fundación en el siglo I. a.C. Según los historiadores, «Obila» fue uno de los muchos asentamientos vetones en la provincia, junto con los castros de Sanchorreja, Berrueco, Mesa de Miranda, Las Cogotas, El Raso y Ulaca. Asimismo, los vetones dejaron vestigios de su presencia por toda la geografía de la provincia, destacando las estatuas de piedra conocidas genéricamente como verracos. Con la llegada de los romanos, el asentamiento recibió la denominación de Abila, Obila, Abyla o Abela. La ciudad romana estaba formada por el actual casco viejo, la zona rodeada hoy día por las murallas. La antigua presencia romana en la ciudad, además, se manifiesta a través del puente romano, la calzada y distintos mosaicos.

    El periodo de mayor esplendor económico de la ciudad bajo dominio romano llegó en los siglos I y II d. C. En la economía de la ciudad siempre gozó de especial importancia la ganadería trashumante, en relación a las rutas que cruzaban la sierra de Gredos por el puerto del Pico y el de Tornavacas. Curiosamente, en tiempos del emperador Constantino la ciudad de Ávila formó parte de la provincia romana de Lusitania, que hoy en día ocupa Portugal.

    Tras la Edad Media, donde la ciudad pasó de manos musulmanas a cristianas varias veces, el reinado de los Reyes Católicos –en la segunda mitad del siglo XV– devolvió la prosperidad a la provincia, que fue testigo del nacimiento de grandes figuras religiosas, escritores y consejeros espirituales como Santa Teresa de Jesús, que nació en la localidad de Fontiveros. Su concejo fue uno de los principales instigadores de la Guerra de las Comunidades y en ella se formó la primera junta de los comuneros.

  6. La fuerte presencia romana en Gijón

    Escultura de Octavio Augusto junto a las Termas Romanas
    Escultura de Octavio Augusto junto a las Termas Romanas - Wikipedia

    El primer poblado del que se tiene noticia en las cercanías de Gijón se encontraba en la Campa Torres, levantado en torno a los siglos VI y V a. C., por los astures de la gens de los cilúrnigos al oeste de la actual zona urbana. Sin embargo este asentamiento, Noega, fue progresivamente abandonado como consecuencia de la fundación de una fortificación romana en la península de Cimadevilla, llamada Gegionem. Esta fortificación fue un importante puerto de la ruta marítima del cantábrico, además de servir de enlace con la meseta. Como prueba de su importancia dentro de la geografía romana, hoy sobreviven los restos de las termas romanas del campo Valdés (siglo I a II d. C.), la muralla romana (siglo III a IV) y la fábrica de salazones, entre otros hallazgos arqueológicos.

    Con la invasión musulmana, Gijón fue capital de los dominios transcantábricos musulmanes bajo mando del bereber Munuza, quien fijó aquí su residencia y puso destacamentos de tropas. Pero la dominación duró poco tiempo, aproximadamente desde el año 713 hasta el 722, cuando se produjo la victoria de los asturianos liderados por Pelayoen la batalla de Covadonga. La ciudad entró entonces en un nuevo periodo de total olvido, llegándose incluso a decir que estaba desierta. No obstante, en los siglos XV y XVI la ciudad retomó su auge de nuevo acompañada, como no podía ser de otra manera, por la expansión de su puerto, donde se construyó una dársena para permitir el tráfico de pesca y el comercio de subsistencia.