Diez espacios naturales para perderse en Castilla y León
Sierra de Guadarrama - Ical
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Diez espacios naturales para perderse en Castilla y León

Desde Picos de Europa a Gredos, pasando por Sanabria, la Sierra de Francia o las Hoces del Duratón, ABC Viajar ofrece una selección de lugares con gran valor y atractivo

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Desde Picos de Europa a Gredos, pasando por Sanabria, la Sierra de Francia o las Hoces del Duratón, ABC Viajar ofrece una selección de lugares con gran valor y atractivo

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  1. Desde la llanura a la alta montaña

    Sierra de Guadarrama
    Sierra de Guadarrama - Ical

    Cumbres, ríos, cortados, valles, llanuras, lagunas… Son múltiples y diversos los paisajes que dibujan Castilla y León con un valor y atractivo que les ha hecho merecedores de un reconocimiento y catalogación especial. En cada estación ofrecen un matiz diferente y cualquier época del año es buena para perderse y disfrutar de ellos. También en verano constituyen una perfecta opción de vacaciones, de relax y de aprender de la sabia naturaleza.

    Es posible recorrer esta amplia Comunidad de norte a sur, de este a oeste, disfrutando y conociendo sus múltiples y espacios naturales, con casi una treintena amparados por alguna figura de protección. Más de 800.000 hectáreas de paraíso natural.

    Desde el recientemente declarado Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, a caballo entre Madrid, Segovia y Ávila, a los imponentes Picos de Europa con los que León hace frontera con Asturias y Cantabria. Desde el Cañón del Río Lobos, donde se juntan Soria y Burgos, a Las Arribes del Duero, en las que el cauce se dirige hacia Portugal. Las Hoces del Duratón, las lagunas de Castronuño, el Lago de Sanabria, la Sierra de Gredos o la Montaña Palentina son otras de las múltiples opciones para viajar.

  2. Picos de Europa

    Más de 64.000 hectáreas para disfrutar de uno de los principales tesoros naturales españoles. Es lo que ofrece el Parque Nacional de los Picos de Europa, a caballo entre Castilla y León, Asturias y Cantabria. Lugar escogido por escaladores y aficionados a la alta montaña -con 2.650 metros de altitud, Torre Cerredo hoya el pico más alto de la Comunidad-, pero que en sus macizos calizos también ofrece rutas y mil y un lugares para disfrutar en familia. Arroyos y prados, bosques y riscos en los que conviven rebecos, corzos, lobos, águilas, quebrantahuesos y hasta algún oso componen este espectacular entorno de impresionantes desfiladeros y escarpados paisajes de los que forman parte los municipios leoneses de Oseja de Sajambre y Posaca de Valdeón.

    Pero Picos de Europa es mucho más que unas vistas para quedarse prendado. Hay siglos de historia escritos en sus pueblos, valles, iglesias, caminos y cabañas de los puertos.

    Recorrer caminando los itinerarios señalizados es la mejor manera de conocer este Parque Nacional con opciones de alta montaña, pequeño recorrido y grandes senderos. Entre las más conocidas, la Ruta del Cares, la conocida como Garganta Divina del Cares, que parte de Posada de Valdeón. Robles, tilos y avellanos dan sombra en los primeros compases antes de entrar en la garganta, el sector más angosto y espectacular, con pasadizos tallados en la roca y varios puentes sobre el precipicio para permitir el paso hacia tierras asturianas. Para los grandes aventureros, la ruta del Arcediano, por la alta montaña que llegó a ser una de las principales vías de comunicación entre Asturias y la Meseta.

  3. Sierra de Gredos

    En el extremo sur de la provincia de Ávila se erige uno de los lugares más bellos de Castilla y León, la Sierra de Gredos. Más de 86.000 hectáreas de Parque Regional con una espectacular sucesión de lagunas, circo, gargantas y riscos. La cabra hispánica es la reina de la fauna en este espacio verde, paraíso para la flora, de pinares, rebollos, encinas y cultivos. Con sus 2.592 metros de altura, sobre el accidentado y vertical relieve de picos agudos, brechas y salientes, resalta el Almanzor, la mayor cota del Sistema Central.

    Una forma de recorrer esta sierra es hacerlo a través de la ruta que lleva hasta el Circo de Gredos. Desde Hoyos del Espino, una senda empedrada con grades losas de granito marca el camino hacia uno de los puntos destacados en este espacio natural. Las cascadas brotan a los lados en el ascenso por un paraje en el que la altitud (más de 2.000 metros) y el predominio de los suelos rocosos han reducido la vegetación a las plantas más duras como el piornal o el enerbro rastrero. Un esfuerzo más y llegada al alto de Los Barrerores, desde donde se divisan el circo y la laguna de Gredos. Otro par de repechos por delante y llegada a uno de los emblemas de esta sierra.

    No sólo los paisajes son un atractivo que merece la pena visitar. La calzada romana del Puerto del Pico, Cadeleda o El Barco de Ávila son algunos de esos lugares mezcla de historia, tradición y arte para apuntar una parada y reponer fuerzas con sus famosos y exquisitos judiones.

  4. Arribes del Duero

    En su sigiloso surcar camino del océano Atlántico, el río Duero forma, ya en la frontera de Portugal, un bello paisaje de profundos y extensos cañones. Casi cien kilómetros en la comarca de Las Arribes en los que el cauce discurre entre verticales pareces horadadas por el agua. Una rica flora y fauna han elegido este agreste, pero privilegiado lugar para crecer. Temperaturas suaves y la inexistencia de heladas permiten que olivos, vides, almendros o frutales, cultivos impropios de esta zona, florezcan junto a matorrales, enebros, sabinas, quejigos o alcornoques.

    170.000 hectáreas de parque natural entre Zamora y Salamana para disfrutar sobre todo por el agua, alzar la vista hacia los impresionantes cortados y ver en los roquedos a buitres comunes, águilas reales y perdiceras, cigüeñas negras, alimoches o halcones peregrinos que aquí hacen nido. Culebras, lagartos verdinegros y búhos también reptan y sobre vuelan Las Arribes del Duero, tierra y agua de nutrias, ginetas, corzos, zorros, tritones, nutrias o sapos.

    Un paraíso para los amantes de la naturaleza, que no deben perderse el Pozo de los Humos, una espectacular cascada en el cañón del río Uces donde el agua cae desde más de 40 metros.

    Visita obligada también a Fermoselle, la villa zamorana en la que destacan su recinto amurallado, portadas románicas y empinadas y estrechas calles para recorrer este bien conservado conjunto de arquitectura popular.

  5. Fuentes Carrionas-Montaña Palentina

    En el confín más remoto de la provincia de Palencia, allí donde hace límite con León y Cantrabria, se alza una cadena montañosa tan espectacular como desconocida. Impresionantes precipicios y profundos valles conforman este recóndito lugar, de encrespados picos y lagos de origen glaciar. Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña Palentina es el nombre de este parque natural con más de 78.00 hectáreas del que brotan los ríos Carrión y Pisuerga.

    Varias parejas de osos pardo, animal en peligro de extinción, encuentran aquí su hábitat para vivir. Rebecos, gatos monteses, nutrias, halcones o lagartos forman también parte de la variada riqueda faunística en hayedos, robledales, encinares, pinares o sabinares.

    Si en las pronunciadas pendientes la roca es la protagonista, en los valles el colorido de la amplia paleta de colores que varía según la estación es el protagonista. En la cuenca del Pisuerga, las masas arboladas extienden su manto verde.

  6. Montes Obarenes-San Zadornil

    Sobre las llanas tierras de La Bureba, en la provincia de Burgos, se alza el gran murallón natural de los Montes Obarenes, de gran belleza y variedad paisajística. Una serie de bellos y profundos desfiladeros son sus protagonistas principales. Los numerosos cañones y cortados modelados, el principal atractivo de este Parque Natural, en el que también resaltan las masas de agua y los heterogéneos bosques. Y es que la compleja y accidentada orografía y los distintos tipos de suelos y ambivalencia del clima propician combinaciones difíciles de ver en otros lugares. Las hayas comparten espacio con las encinas y los arces con los enebros y madroños, sin olvidar los pinares. La nota de color y olor, la de tomillos y espliegos.

    Hasta 128 especies de vertebrados, como el musgaño o el gato montes, habitan en estas tierras, por las que sobrevuelan y anidan 79 tipos de aves, como el águila perdicera y el real o la garza imperial.

    En el recorrido por los Montos Obarenes no puede faltar la visita a sus principales atractivos, los numerosos cañones y cortados moldeados por los ríos. Visita obligada a las hoces excavadas por el Ebro en Sobrón, el angosto desfiladero tallado por el río Oca en las proximidades de Oña y la garganta abierta por el río Purón en la sierra de Arcena.

    El espacio también atesora una gran riqueza cultural, desde la la historia y el arte que atesora la villa de Oña, con su excepcional monasterio medieval de San Salvador, hasta la pintoresca estampa de la ciudad de Frías, presidida por la desafiante silueta de su castillo y con sus casas colgantes y su no menos famoso puente fortificado sobre el río Ebro.

  7. Hoces del Duratón

    En los cortados de más de cien metros de altura han encontrado su hogar más de doscientas parejas de buitres, que conviven con otras rapaces que en las horadadas paredes que ha dibujado el Duratón también anidan. Halcón pergrino, águila real, alimoche o búho real son algunas de esas especies que sobrevuelan sobre las cabezas en el lento y serpenteante discurrir del cauce en los 27 kilómetros que separan Sepúlveda y Burgomillodo, enclavados en el Parque Natural de las Hoces del Duratón.

    Un espacio para murciélagos, libres, comadrejas, lagartos o zorros en el que contrasta el ocre de las rocas con la verde vegetación de ribera.

    La ermita románica de San Frutos, las cuevas con grabados de la Edad del Bronce y el conjunto arquitectóico de Sepúlveda son un atractivo añadido más para visitar y recorrer este espacio en la provincia de Segovia. La visita no sería completa sin degustar los suculentos asados por los que Sepúlveda tiene fama.

    La forma más sencilla de recorre este espacio a pie parte de Villaseca. De ahí, en dirección al espolón rocoso, rodeado de precipicios, en el que se alza la ermita de San Frutos. Tras cruzar por un puente de piedra una profunda grieta, llamada La Cuchillada, se asciende al antiguo cenobio benedictino. Un cementerio con varias tumbas antropomórficas altomedievales y una escalera rústica tallada en piedra jalonan el camino hasta el embalse de Burgomillodo.

    Por el agua, también hay posibilidad de recorrer en piragua el parque.

  8. Las Batuecas-Sierra de Francia

    Estar distraído, ajeno, absorto y embelesado. Es lo que significa “estar en las Batuecas”. Y son esas las sensaciones que podrán tener quienes visiten el Parque Natural Las Batuecas-Sierra de Francia, un valle secreto, protegido por escarpadas montañas y poblado por un bello bosque. Un lugar en la provincia de Salamanca refugio de una variada fauna. Cabra montés, corzo, gineta, murciélagos, buitre negro o águila imperial figuran entras las 45 especies de mamíferos y 131 de aves que se pueden contemplar, además de un buen número de reptiles, algunos endémicos del lugar, como el tritón ibérico o el sapillo pintojo. En el agua, truchas comunes, barbos ibéricos o bermejuelas. Y no menos rica y amplia es la flora de este paraíso natural de jaras, madroños, enebros, matorrales, piornos, pinos y brezos.

    Visita obligada a la Peña de Francia. Con sus 1.723 metros de altura, sus agudas crestas sobresalen sobre este paisaje. En los días claros, la vista se pierde hasta el infinito.

    A la riqueza natural hay que añadir la cultural e histórica, como las valiosas pinturas rupestres del Neolítico que se descubren en las cuevas y abrigos del valle, el alto valor cultural de las leyendas sobre Las Batuecas y el conjunto arquitectónico y etnográfico del pueblo de La Alberca.

    En lo mas profundo del valle está enclavado el convento carmelita de San José. De su puerta parte un recorrido a pie que se dirige hacia las cascada del Chorro y que permite conocer todas las bellezas paisajísticas de Las Batuecas.

  9. Cañón del Río Lobos

    La espectacularidad del relieve del profundo cañón de escarpados farallones convierten al Cañón del Río Lobos, de más de 20 kilómetros de longitud, en uno de los paisajes más bellos de España, que logró convertirse en uno de los primeras zonas protegidas de Castilla y León. Corría el año 1985 y casi tres décadas después esos valores siguen caracterizando a este parque natural que se extiende por más de 10.000 hectáreas por las provincias de Soria y Burgos.

    Ejemplo de incisión fluvial y modelo kársitco, conforma un ecosistema de gran interés. La riqueza natural es otro de sus valores y atractivos. Pasear por estas tierras permite contemplar desde las sabinas albares, los pinos laricios, el tomillo y el espliego de la llanura a las rompepiedras y dragoneras de las zonas de roca, pasando por la vegetación de ribera y los nenúfares y menta de aguas. Águila real, azol, milano, lechuza, martín pescador, víboras, ranas o buitres leonados han elegido este hábitat, cuna de gatos monteses, jabalíes, tejones y nutrias.

    Por si los atractivos naturales fueran pocos, el espacio del Parque Natural atesora también un valioso conjunto de restos artísticos, pueblos y villas con un recio sabor tradicional como la ermita de San Bartolomé, Ucero, San Leonardo y El Burgo de Osma.

  10. Riberas de Castronuño

    Entre las localidades vallisoletanas de Tordesillas y Castronuño, en el regazo del río Duero, se encuentra la Reserva Natural de las Riberas de Castronuño-Vega del Duero. Un emblemático ecosistema palustre que destaca por su importancia para la nidificación y como zona de invernada de muchas y variadas aves acuáticas, algunas de ellas en peligro de extinción, que eligen este paraje para reproducirse como la garza real, el martinete o la garceta común.

    Cuenta con interesante bosque de ribera, formado principalmente por chopo negro, sauce, álamo blanco, fresno y majuelo, que acompaña al sinuoso discurrir del río por la llanura.

    Una Casa del Parque permite conocer mejor los valores y características de este espacio.

    Aguas arriba de Castronuño se halla la localidad de Tordesillas, villa repleta de conventos, iglesias, palacios y hospitales con nombre propio en la historia. Aquí se firmó el tratado por el que, a finales del siglo XV, castellanos y portugueses se repartieron el dominio del mundo.

  11. Lago de Sanabria

    Hay que echar la vista atrás 100.000 años, allá por el Pleistoceno Superior, para encontrar el origen de lo que hoy es el Lago de Sanabria. Un impresionante glaciar con lenguas de hielo de más de 20 kilómetros dio lugar a lo que hoy es el único lago glaciar de la Península Ibérica. Junto a las más de 20 lagunas a su alrededor y el espacio natural que lo rodea forma las casi 23.000 hectáreas de parque natural en la provincia de Zamora.

    La pureza de sus aguas y una profundidad que se hunde hasta los 51 metros, lo convierten en el mayor de España, con 318 hectáreas de líquido elemento.

    La riqueza de la flora y fauna que aquí crecen y habitan son otras de las características que invitan a la visita. Robles mejolos, rebollos, acebos, abedules y matorrales dan su toque de color y sirven de nido y cobijo a águilas, lobos, corzos, lagartijas de Bocage o víboras de Seoane. Más de 1.500 especies vegetales conviven en este espacio con 190 de vertebrados y 142 de aves, entre otros.

    Y para sofocar el calor veraniego, nada mejor que disfrutar de alguna de las playas con las que cuenta el Lago de Sanabria.