Lisboa 2010: Tavares y otros

José Avillez en Tavares
Un año más, el mes de abril nos ha traído el congreso PEIXE EM LISBOA y con él la oportunidad de un recorrido por los sitios con más interés gastronómico de la capital portuguesa. Recorrido que comencé ayer mismo y que tuvo, como es habitual en los últimos años, su punto culminante en TAVARES. La cocina moderna y sensata de José Avillez, que sigue siendo el mejor de los cocineros portugueses, contrasta fuertemente con esa barroca decoración de dorados, enormes espejos y lámparas gigantescas de cristal que ostenta el restaurante de la Rua de Misericordia desde hace siglo y medio. Pero mientras la decoración sigue anclada en la historia, Avillez mantiene una evolución permanente con su cocina atrevida que profundiza en los productos y en el recetario portugués. Cocina en la que las presentaciones juegan un papel muy importante, pero también los sabores, siempre intensos, siempre bien nítidos. La verdad es que el año pasado noté un cambio más profundo, una ruptura importante con el trabajo anterior. En esta ocasión he visto más continuidad, con varios platos muy similares aunque siempre con algunas variantes. En cualquier caso, trabajo importante el del cocinero, que se ha visto justamente recompensado con una estrella Michelin en la última guía roja, y que sigue peleando contra viento y marea en una ciudad muy conservadora en lo culinario. Tanto, que la mayor parte de la clientela de Tavares no son portugueses sino españoles y brasileños, atraídos por esta cocina que está a la altura de la de cualquier restaurante moderno en España.
Este año ha unificado sus menús en uno solo al precio de 80 €. Menú muy completo y equilibrado, con fuerte presencia de los productos del mar. Pude compartirlo con Alex Atala, el mejor cocinero de Brasil y uno de los grandes de Iberoamérica, en una amena cena. En el menú de Avillez el producto está muy presente sin que el chef renuncie a la utilización de técnicas modernas y a un cierto atrevimiento, por ejemplo en un merengue de limón con una esferificación de berberechos con cilantro, con demasiado peso de este último ingrediente del que soy un gran partidario. Entre lo mejor de la noche una caballa ligeramente escabechada sobre tomate gelatinizado, perfecta de punto y de sabor. Estupenda también la versión revisada de un plato que ya me gustó mucho el año pasado, un paisaje marino (Cascais a la orilla del mar) en el que gambas casi crudas, almejas, mejillones, berberechos, navajas, carne de centollo, algas o una espuma de erizo son un canto al mejor producto de las costas portuguesas con leves toques de cítricos y de manzana en diversas texturas. Sencillez absoluta en un plato de gran complejidad técnica. Me gustó menos una ostra petrificada (envuelta en manteca de cacao) con crema de hinojo con curry, combinación complicada. Sin embargo, excelente el huevo escalfado (con hoja de oro) con migas fritas de pan alentejano.
Quizá el plato de la noche fue la revisión de un guiso tradicional: manitas de ternera con garbanzos, con una película de espinacas por encima y trufa negra rallada, más el toque de cilantro imprescindible en la cocina portuguesa. Como única pega, no en el plato sino en el conjunto del menú, la repetición de unas migas crujientes. Más producto en la lubina escalfada a 54 grados en agua de mar con algas y bivalvos, y en el estupendo salmonete con salsa de sus hígados sobre unas migas de sepia en su tinta. Platos que ya tomé con ligeras variaciones el año pasado pero que son dos ejemplos del perfecto tratamiento que Avillez da a los pescados. Para terminar, una carne: cabrito de leche con puré de remolacha y grelos. Muy bien, con gran sabor, aunque prefiero el puré de garbanzos que tomé el año pasado con un cordero lechal en lugar del de remolacha, cuya presencia es un tanto excesiva.
Han mejorado los postres, asignatura pendiente de Avillez, sobre todo el queixo da serra con mermelada y helado de plátano, inspirado en una merienda infantil portuguesa. Me gustó algo menos la queijada de Sintra con sorbete de limón y una mermelada de zanahoria, un poco pesada para rematar un menú tan largo. Como vinos, empezamos con un Billecart Salmon, y luego una sucesión de portugueses: blanco Morgado Sta. Catherina; rosé Guarda Rios de touriga nacional; blanco Dona Berta Rabigato 2008 (Douro); Paisagens, un syrah de viñas viejas que se embotella para Avillez; y un moscatel de Setúbal, de Bacalhoa.
Frente a la formalidad de Tavares, la informalidad absoluta que se impone en Lisboa a través de dos sitios nuevos que triunfan en la ciudad. Dos establecimientos a caballo entre el bistrot y la tasca, con ambiente moderno, platos para compartir y cocina tradicional portuguesa puesta al día: DE CASTRO ELÍAS y la TASCA DA ESQUINA. Ambos se asemejan también en que cada uno pertenece a un reconocido chef portugués. De Castro Elías a Miguel Castro e Silva, un histórico de la cocina de este país, hasta ahora trabajando en Oporto y que se ha trasladado a Lisboa. La Tasca da esquina, a Vitor Sobral, uno de los nombres ilustres de los fogones en Portugal.
Más moderno el ambiente de De Castro Elías, próximo al museo Gulbenkian, uno de cuyos socios tiene tres restaurantes, ninguno portugués, en Madrid: Picanha y Casa Vostra. Con un menú de 32 euros para compartir, y un precio medio sobre los 25 euros, la idea es ir pidiendo distintas raciones. Platos de Miguel Castro que se basan en un producto muy bueno y en una recuperación del recetario tradicional. Producto incluso de lata, como podemos ver en una excelente ensalada de caballa en conserva con tomate y pimientos. Magnífico un bacalao rebozado, perfecto de punto y de fritura, sabroso el pescado, como debe ser. La morcilla de Beira al horno, que se sirve con manzana, está buena pero nos llama menos la atención. Sin embargo las almejas en un guiso con feijoa manteiga (un tipo de alubias pardas muy delicadas) está francamente bueno, con la presencia intensa, como siempre en la cocina portuguesa, del refrescante cilantro. Se trata de un plato que ha dado fama al cocinero. También muy buen nivel, aunque es un plato bastante pesado, en los pezinhos (manitas) de cerdo, deshuesadas y en una especie de pasta muy ligada. La carrillera de cerdo que pasa nueve horas en el horno está buena, pero no las migas (ojo, nada que ver con las españolas) con pimentón que la acompañan, de escaso sabor y con excesivo ajo. De postre, tocino de cielo, que es un pastel de huevo y almendras bastante contundente, o el bolo de chocolate, más ligero. Carta de vinos suficiente, todos portugueses y con precios bajos. No vayan sin reservar porque doblan las mesas a mediodía y por la noche.
En la misma línea, quizá más tradicional, la Tasca da Esquina, con las mesas apiñadas. Y el comedor lleno. Al sentarnos nos esperan en la mesa unas buenas aceitunas y una pequeña torta de queso. Ojo, si las come se las cobrarán. Pero apetece picar. Breve carta y varios menús que elige el chef cuyo precio varía en función de las “porciones” (pequeñas raciones, que luego no son tan pequeñas) que incluye. El más barato (4 porciones) son 16,50 €. El más caro (7 y un postre), 32,50. Los vinos, portugueses, se agrupan en seis categorías de precios, tanto por copas (todos) como por botellas. Si es por botellas, entre 8,50 y 28,50. Por copas, entre 2,50 y 7,50. A los más caros corresponde por ejemplo el Quinta do Carmo, un buen Alentejo. En general está todo bueno, pero la impresión es algo peor que en De Castro Elias: correcta crema de zanahorias con trozos de verduras; muy buen escabeche de pato con emulsión de pimientos y chips de batata; camarones (3 langostinos, buenas piezas) salteados con una agradable salsa cítrica, pero tan pasados de punto que no valen nada; morcilla con manzana pasada por la plancha (está buena pero ya la tomé ayer y cansa un poco) con algo de grasa en el plato, grasa que sin embargo no aparece en la que llega a la mesa vecina, tan próxima que parece que comemos juntos. Muy rico el pez espada adobado, rebozado y frito con un arroz de tomate, cebolla y cilantro bastante insulso. Luego, queixo da serra con compota de manzana. Y termino con una crema quemada, bien de sabor pero demasiado fría. En las mesas vecinas veo bitoques con buena pinta y una especie de pepitos de ternera con mostaza. Un sitio que no entusiasma pero que merece la pena conocer.
Hasta el domingo me quedan aún sitios como MANIFESTO, de Luis Baena; LARGO, el restaurante formal de Miguel Castro que me apetece mucho tras la buena experiencia de ayer, y PANORAMA, de Leonel Pereira, en el hotel Sheraton, el único que repito, junto a Tavares, porque me cuentan que ha evolucionado mucho. Ya les contaré.
-
Comentarios
Mostrando 66 a 57 de 66 - 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | >
-
'+id+' - 26/03/2011 a las 03:57:50
Lisboa 2010 3466.. Awful :)
-
+id+ - 20/12/2010 a las 13:02:53
Eu só queria fazer um breve comentário para dizer que eu estou feliz por ter encontrado o seu blog. Graças
-
+id+ - 19/12/2010 a las 20:35:26
Eu queria postar algo como isso no meu site e isso me deu uma idéia. Cheers.
-
superchimpin - 21/04/2010 a las 13:14:23
Buenos días a todos,
este Viernes tengo mi primera cena en el 99 sushi Bar de Hermosilla, y os pediria si alguién me puede recomendar los imprescindibles,si existe algún menú degustación recomendable o si merece la pena ponerse en manos del maitre (sobre todo por el precio final de la comanda, ya que la web no explicita precios)
Gracias por anticipado por vuestra ayuda -
aloque - 20/04/2010 a las 21:57:50
Acercarse en primavera a CASA JOSE,deberia ser obligatorio para cualquier amante de la verdura!!! QUE PRODUCTO!!!
-
Carlos Maribona - 20/04/2010 a las 21:53:32
Larga jornada con problemas en el aeropuerto de Los Rodeos, cerrado por la niebla, y desvío al Tenerife Sur por lo que un viaje de dos horas y media se ha convertido en uno de cinco horas. Una alegría lo de los aviones.
Y de allí al Recinto Ferial de Santa Cruz de Tenerife, donde se celebra un salón de hostelería y simultáneamente el campeonato de Canarias de cocineros, en el que me han invitado amablemente a ser presidente del jurado. Sesiones de mañana y tarde, cinco cocineros en cada una. Hoy era el plato obligatorio, con conejo tinerfeño como ingrediente principal. Y mañana el plato libre.
Varios de los finalistas son muy conocidos en las islas e incluso he comido en el restaurante de alguno de ellos. De los diez, cinco han rayado a muy buen nivel, pero no adelanto nombres porque queda la jornada de mañana. Se lo contaré.
El escaso tiempo para comer lo hemos aprovechado allí mismo con una comida organizada por la patronal hotelera y que estaba a cargo de Andrés Madrigal (sí, el que todos conocen y del que podrán leer mi crítica sobre su nuevo Bistró Madrigal el próximo viernes en Madrid 360 de ABC) y de Pedro Rodríguez, el buen cocinero de La Gañanía, uno de los mejores de la isla.
Aprovecharé esta noche para visitar algún sitio de interés de la mano de José Luis Zubieta, presidente de la Academia Tinerfeña de Gastronomía, y de los colegas Manuel Iglesias (subdirector de Diario de Avisos) y José Carlos Marrero (director de la COPE en Tenerife), los dos mejores periodistas gastronómicos de la isla y artífices del plan que ha puesto a esta isla en la vanguardia gastronómica. -
elozano - 20/04/2010 a las 13:39:51
Espeto, completamente de acuerdo con tu comentario sobre Freixa.
Comer, comí de escándalo. Sin embargo no salí tan satisfecho como esperaba. Supongo que no va conmigo tanta ostentación (la cubertería dorada del postre, por ejemplo). -
Espeto - 20/04/2010 a las 13:06:23
Almadrabero, más allá del FM en Granada hay poco. De mi parte quítale un voto a Cunini y a Chikito y pónselo a la barra de Las Tinajas. No te esperes gran cosa, pero quizás te puedes tomar algo en la barra de Los Manueles, en el Reca, el Óleo en plan más moderno, un poco de chacina en Casa Enrique o alguna fritura en Los Diamantes. Para cenar en plan más formal, en La Gaviota manejan un producto decente y en el San Nicolás, aunque la comida sea sólo correcta, tienes unas vistas imponentes de la Alhambra. A mí me hablan bien de Fábula, el restaurante del hotel Villa Oniria. Y, si te vas a tomar una copa, tu sitio es el Café Aliatar, al principio de Recogidas.
-
Espeto - 20/04/2010 a las 12:47:14
Tenía pendiente contaros algunas cosas interesantes de mi paso por Madrid:
LAFAYETTE. En Las Tablas, a un “paseíto” del centro. Básicamente esto que llaman un neobistró, o al menos, cercano al modelo de un bistró francés moderno: preparaciones sencillas, producto correcto y carta de vinos con cosas interesantes a precios moderados. De todo lo que tuve la ocasión de probar me quedo con el fricassé de lengua y mollejas (sobre todo por estas, muy bien tratadas) con setas y con una terrina de foie bien hecha. Además, buenas ostras Fine de Claire números 1 y 3. Como corresponde al buen hacer de un cocinero francés, buen pan, mejor mantequilla, salsas bien trabadas y ensaladas muy bien aliñadas. Sólo dos pequeñas pegas: debiera vigilar el punto de los pescados y una cierta tendencia a sobrecargar algunos platos. De postre, más ostras y un muy buen St. Marcellin. Un lugar interesante para descubrir vinos aunque, lógicamente, a algunos de los que probamos les faltaba cierta evolución. Debieran cuidar las temperaturas de servicio. De todos ellos me quedo con dos champagnes: un estupendo Gimonnet-Gonet Blanc de Blancs y un Vouette Sorbée Cuvée Fidéle y con un Maranges, el Contat-Grangé 2007. Servicio correcto con algún despiste ocasional sin mayor importancia.
RAMÓN FREIXA. En ocasiones hay restaurantes y cocineros con los que se conecta de inmediato. Platos que consiguen emocionarte al instante o recordarte a otros que probaste en su día y de los que guardas un recuerdo maravilloso. Productos que te elevan por su calidad y tratamiento. En otros restaurantes, por lo que sea, no lo consigues aunque lo intentes. Porque su cocina te resulte fría o insustancial, porque quizás no tengas la predisposición adecuada o porque, simplemente, no es de tu gusto. Lamentablemente, eso es lo que me ocurre a mí con Ramón Freixa.
Y conste que no tengo nada que achacar a esa cocina. Todo lo que probé de su larguísimo menú estaba bien ejecutado. El producto, sin ser excepcional, fue muy correcto. Los platos, ligeros, originales, cargados de técnica en ocasiones. Todo eso es cierto. Pero también es cierto que a mí (y, obviamente, es una opinión personalísima) me parecieron fríos, con poca personalidad. Simplemente hay ocasiones en que los cocineros (por muy buenos que sean, como creo que es el caso) no saben transmitir al comensal el alma de su cocina o quizás somos los comensales los que no sabemos leerla e interpretarla. Vaya usted a saber.
Por no alargarme mucho con el menú, me voy a centrar en lo que más me convenció. Como ese snack de fresa, esturión y vinagre de Módena, muy apto para comenzar, o el estupendo tartar de rubio sobre patata. Si no me sedujeron mucho las diferentes declinaciones del tomate Raf (del que sólo me dijo algo el tomate asado entero con toques ahumados), mucho mejor me pareció el calamar de potera con diferentes preparaciones de cebolla. Para mí, el mejor plato de la noche. De lo demás, quizás me quedo con el cochinillo ibérico confitado y el ragout de setas con pies de cerdo. El resto me gustó entre poco o muy poco.
Nada que objetar a la bebida sino, más bien, todo lo contrario. Dimos con tres joyas: el siempre extraordinario Un Jour de 1911 de André Clouet, un fantástico viognier del Ródano, el Chateau Grillet 2001 y, para redondear, el evocador Pignan 2004, uno de los vinos más atípicos y peculiares que conozco. No se puede pedir más.
Y todo ello es una lástima porque Freixa tiene todas las bases para invitar al disfrute: una carta de vinos magnífica, inteligente y bien preciada, con un sumiller que se preocupa por su trabajo, un servicio amable y eficiente que explica con detalle los platos y una sala espectacular con un muy buen montaje y distancia en las mesas. -
Carlos Maribona - 20/04/2010 a las 00:34:02
Mañana andaré un tanto desconectado porque me han invitado amablemente a formar parte del jurado del Campeonato de Cocineros de Canarias, así que volaré casi de madrugada a Tenerife y estaré todo el día probando platos.
Ya les contaré. - 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | >

