Tecnología

Tecnología

Poner rostro humano al «Big Data»

Día 03/10/2012 - 13.28h
Temas relacionados

Un ambicioso proyecto del fotógrafo Rick Smolan aspira a dibujar con un libro y una aplicación de «smartphone» los contornos de un mundo inundado de información

Hace tiempo que la información no es poder, porque la información lo es todo. La Humanidad ha generado tanta información entre su advenimiento y 2003 que de 2003 a esta parte, según la conocida estimación de Eric Schmidt, ex consejero delegado de Google. Hace ocho años, había en línea unos cinco exabytes de información (equivalente a 10 bytes a la 18 potencia). Hoy, el mundo produce esa misma cantidad cada dos días. Los cálculos más recientes apuntan, incluso, a menos de 48 horas.

El planeta se ha convertido en un gigantesco contenedor de datos. Y la literatura tecnológica y económica ha abrazado un mantra: el «Big Data», la expresión en inglés para referirse a esta explosión de información disponible que supera por su volumen, su velocidad y su variedad (las tres «v» del fenómeno) cualquier idea anterior de base de datos.

«Para finales de 2012, más del 90% de las empresas del [ranking] Fortune 500 tendrán en marcha alguna iniciativa de Big Data, y los ingresos de la industria rondarán los 1.000-1.500 millones de dólares», frente a 100 en 2009, según la última edición del influyente informe sobre tendencias digitales que elabora Deloitte cada año. Vivimos en la llamada era de la economía de la información personal.

Banqueros y policías en la presentación

Y representantes de numerosos sectores se acercaron el martes en Londres a la presentación de un ambicioso proyecto sobre este fenómeno, en busca de respuestas a algo que, según coinciden los expertos, se encuentra todavía en una fase de «transición» equiparable en «tiempo de Internet» a 1992-1993, cuando la «world wide web» daba sus primeros pasos. «Aún no sabemos cómo va a evolucionar, pero el Big Data supone un cambio dramático en el mundo», asegura Dave Menninger, directivo de EMC, empresa estadounidense líder en gestión y utilización de datos que patrocina el proyecto «El rostro humano del Big Data».

Representantes de varios bancos londinenses dirigían sus preguntas a formas de monetizar la vasta información personal que acumulan sobre sus clientes. «Tenemos los datos en los cajones, pero no sabemos cómo sacar dinero», reconocía un empleado de banca, desde el anonimato. El ministerio de Interior británico, pionero en la visualización de estadísticas de delitos con «mapas de crimen» accesibles online, se interesaba por la potencial utilización de la actividad en redes sociales para elaborar «perfiles de riesgo». En las presentaciones, detalles de cómo la ONG DC Kids emplea mapas de datos para concentrar mejor sus recursos en las zonas con más menores en riesgo de Washington DC.

Según los más entusiastas, la utilización de bases de datos abre nuevos horizontes en todos los ámbitos de la actividad humana. «Todo el mundo habla de las aplicaciones para la salud y de la “medicina basada en datos”, los médicos manejan ya más evidencias y datos de los que pueden gestionar», explica a ABC Jake Porway, emprendedor y «científico» de datos que ha trabajado para el Pentágono o «The New York Times». «Un investigador de la universidad de Stanford monitoriza su sangre permanentemente y obtiene 30.000 indicadores cada hora. Pero también hay mucha literatura ahora sobre viajes espaciales y ciudades inteligentes, los urbanistas están haciendo su agosto con el Big Data», cree este perfecto representante –con sus gafas de pasta y su contagioso optimismo tecnológico– de la comunidad de «geeks» que cambia nuestras vidas.

Lejos del perfil «techie», y con más de 20 años de experiencia en la industria del software, Dave Lundberg dedica su vida a desarrollar soluciones basadas en la gestión de datos para optimizar la agricultura en los países en desarrollo. «La democratización del acceso a los datos y a la información local sobre cosechas, precios, clima o medios de transporte permite a estos países alcanzar antes la sostenibilidad porque sus agricultores tomarán mejor sus decisiones», asegura. Y recuerda que el 60% de la población adulta en África tiene acceso a un teléfono móvil, la gran plataforma de diseminación de esta valiosa información.

Pero Lundberg no oculta los motivos para la preocupación que encierra este El Dorado virtual con forma de tabla de Excel (o de Hadoop, la aplicación más utilizada en este campo). Este ejecutivo de aWhere, una pequeña compañía basada en Colorado, alerta sobre la ausencia, por el momento, de un consenso social que cree que se generará «en los próximos años».

«El gran reto del Big Data es que las compañías de agregación de datos piensen, además de en monetizar la información que obtienen de Twitter y cualquier otra fuente, en cómo se puede devolver a los usuarios parte del valor generado», cree. La protección de la privacidad en un terreno prácticamente virgen para nuestros ordenamientos jurídicos es, junto a la mercantilización, la otra gran preocupación que despierta esta eclosión de las bases de datos.

Un libro de fotografía y una aplicación

Porway y Lundberg participaron el martes en Londres en el lanzamiento por todo lo alto del proyecto «The Human Face of Big Data», la última aventura de Rick Smolan, el genial fotógrafo estadounidense detrás de las célebres series de «Un día en la vida de...». Más de cien mil personas se han descargado desde este fin de semana una aplicación, disponible en Android y en breve en el Apple Store, que permite recopilar información personal (distancia recorrida, lugares visitados etc.) y respuestas en tiempo real a interrogantes como «¿crees que hay vida después de la muerte?» para recopilar en unos días la instantánea de algo así como «un día en la vida de la Humanidad».

Los organizadores aspiran a involucrar a entre uno y diez millones de personas para dibujar el pálpito humano detrás del llamado Big Data con esta invitación a «comparar respuestas sobre ti mismo, tu familia, tu sueño, el sexo o las relaciones con millones de personas en todo el mundo». Culminada la recolección de información, varios «detectives de datos» pasarán a la fase de procesar e interpretar los datos para visualizar ese prometido «rostro humano del Big Data».

Una iniciativa que se concretará, además, con la publicación en noviembre de un libro de fotoperiodismo, en la línea de los anteriores editados por Smolan, que será enviado a las 10.000 personas más influyentes» –incluidas Barack Obama, Anna Wintour, editora de «Vogue» o Jiang Jiemin, presidente de PetroChina–. Y que permite saber, jugando con los datos obtenidos hasta ahora, que un cuarto de los participantes ha tenido episodios de sonambulismo, que las mujeres se acuerdan menos de los sueños que los hombres o que, en Reino Unido, quienes no han tenido perro tienden a estar más convencidos de que no hay nada después de la muerte.

¿El objetivo? Un tanto difuso, más allá de la promoción de una realidad tan llena de capacidad transformadora como de posibilidades comerciales. «Los datos transforman cómo vivimos y cómo trabajamos y necesitamos una nueva forma de entenderlos», asegura Menninger, de EMC. «Una sociedad en la que los individuos pueden tomar decisiones más informadas es una sociedad más inteligente», nos dice, reproduciendo el entusiasmo digital de Smolan, emprendedor además de fotógrafo como presidente de Against All Odds (contra todo pronóstico), un proyecto empresarial calificado por la revista Fortune como «uno de los 25 negocios más "cool" de EE.UU.».

Compartir

  • Compartir

Temas relacionados
publicidad
Consulta toda la programación de TV programacion de TV La Guía TV

Comentarios:

Sigue ABC.es en...

La diseñadora Noa Raviv presentó prendas con formas «imposibles» impresas con estas máquinas

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.