Toledo

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La curandera de Bargas se retira

La decisión de Milagros se produce tras el atraco que sufrió el 30 de mayo

Día 14/06/2012

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«Cerrado indefinidamente por motivos familiares. Disculpen las molestias». Este es el pequeño anuncio, escrito a mano sobre un papel, que la curandera de Bargas ha pegado con esparadrapo junto a la puerta de su casa para anunciar que lo deja. Milagros no quiere jubilarse, pero su familia le ha pedido que se retire después del atraco que sufrió hace dos semanas, cuando pasaba consulta en su casa.

«La familia me quiere retirar, pero hay mucha gente que me necesita», afirma Milagros a ABC en la puerta de su casa, aunque no quiere que se le fotografíe. La curandera, cuyo verdadero nombre es Esperanza, todavía cojea debido al trato que recibió por parte de los tres atracadores que entraron en su casa el 30 de mayo sobre la una de la tarde, cuando la mujer, octogenaria, se encontraba con tres pacientes y su marido, Gregorio. El hombre, que tampoco quiere que le fotografiemos, aún tiene en la mejilla izquierda la señal de un moratón producto de los golpes que sufrió por parte de los asaltantes.

Milagros no se ha recuperado psicológicamente del robo. Ni su marido tampoco. «No se te va la idea de que pueden volver en cualquier momento», señala Gregorio. Aunque no ha sido el mayor revés que les ha dado la vida, ya que perdieron a un hijo en un accidente de tráfico hace diez años.

El matrimonio recibe numerosas llamadas telefónicas a diario para pedir cita a la curandera de Bargas -«de todo el mundo», asegura Gregorio-, pero la decisión de Milagros ya está tomada. Ya queda para el recuerdo las decenas de personas que diariamente hacían fila a la puerta de su vivienda, en la calle Real, a pocos metros del centro de salud del pueblo.

Por su casa han pasado miles de personas de toda clase y condición. Deportistas de primer nivel también han probado las manos de Milagros, que con un chorrito de aceite con romero recolocaba tendones o huesos desplazados, o reducía torceduras en plazos incompatibles con la medicina ordinaria.

Discreción

De trato afable y sencillo, la curandera siempre ha sido una mujer muy discreta. Nunca ha hablado en público de los pacientes que se han sentado en la pequeña habitación donde tenía su consulta. Personas que entraban con escayola por un esguince y salían caminando por su propio pie era una de las escenas más cotidianas que ya no se volverán a repetir. Ahora Milagros ha pasado a ser una leyenda de Bargas.

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