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Columnas / EL RECUADRO

Son unos águilas

¿Cuántos empresarios tiesos podían remontar el vuelo con lo que la Junta derrocha en proteger al águila imperial?

Día 03/07/2011

PARA que luego digan que aquí no hay emprendedores, ni innovadores, y que estamos cortitos en I+D+I. Habían oído hablar de la gallina de los huevos de oro, ¿no? Pues la gallina de los huevos de oro vale menos que la deuda griega al lado de algo mejor que han inventado unos tíos que trincaban la tela marinera de la Junta de Andalucía: el águila de los huevos de oro. Es más maravilloso que la Asociación de Huevos Mejores S.A., una granja avícola por todo lo alto que se montó aquí cuando los planes de desarrollo de López Rodó, y que sirvió de cachondeo, porque llamabas y un señor telefonista te respondía, muy serio:

—Asociación de Huevos Mejores, dígame...

—Pues te digo que mis huevos son todavía mejores que los tuyos.

Pum, y colgaba el bromista. Hasta que tuvieron que olvidarse del nombre de la sociedad y usar su acrónimo, Asumesa, para evitar el pitorreo. Avícola que no producía ni mucho menos el milagro de los huevos de oro del águila imperial. Esos sí que son huevos mejores. En el Centro de Recuperación de Especies Amenazadas de la Junta, unos tíos llevaban desde 2002 estafando al programa de cría del águila imperial en cautividad, subvencionadísimo. Desde 2002 han trincado casi un millón de euros al año por presentar como huevos de águila imperial en cautividad o como polluelos nacidos entre rejas a los que cogían bravíos y salvajes en el campo. ¿Es esto innovación de los emprendedores o no es innovación? Vamos, esto es como si yo disfrazo de monteses a mis gatos Remo, Rómulo y Romano y atrinco tres subvenciones como tres soles por la conservación del lince ibérico.

Hablando del lince: en un cónclave de Economía, el empresario Eustasio Cobreros, presidente de la Fundación San Telmo, ha dicho: «A los empresarios nos deberían cuidar como al lince ibérico». Es muy sencillo, Eustasio: ¿tú has probado dejarte las orejas, y los bigotes, y el rabo (con perdón), y tatuarte la piel así como atigrada, y dedicarte a comer conejos crudos, pero conejos propiamente dichos, conejos del campo, no seas mal pensado? Es que como te vea así la Consejería de Medio Ambiente, seguro que da subvenciones hasta en el cielo de la boca. O prueba ir de águila imperial, con tal de que no sea en la cautividad del escudo de la bandera rojigualda, que entonces no te darán la del águila, sino la del tigre.

A mí del fraude del águila imperial de los huevos de oro no me preocupan los tíos que trincaban la tela cobrando la subvención por cautividad de las nacidas en campo libre. Total, eso es un ERE Imperial, como el rioja de CVNE o el fino jerezano de Paternina. Lo que me indigna es que con 5 millones de parados, un déficit de caballo y una deuda grecoportuguesa, derrochen millones de euros en la recuperación de especies amenazadas. Chorrea sangre que exista toda una Red Andaluza de Centros de Recuperación de Especies Amenazadas. ¿Cuánto costará eso al año? El parado, por lo visto, es una especie que no está en absoluto amenazada. El empresario arruinado es una especie en absoluto amenazada. ¿Cuántos parados hay por cada lince subvencionado y cuántos empresarios por cada águila imperial protegida económicamente? ¿Y cuántos parados podían vivir con lo que la Junta se gasta al año en linces y cuántos empresarios tiesos podían remontar el vuelo con lo que la Junta derrocha en proteger al águila imperial? Con razón Eustasio Cobreros, de mayor, quiere ser lince. ¡Toma, y yo quiero ser águila! Como ellos, que son unos águilas.

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