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«La morena de la copla de los billetes de 100 murió sin un duro»

Concha Calleja es historiadora y escritora. Novela la pasión de Romero de Torres

Día 31/03/2011
«La morena de la copla de los billetes de 100 murió sin un duro»
VÍCTOR LERENA 

-Julio Romero de Torres pintó a la mujer morena. María Teresa López fue la última

-Y además, con dos cuadros: el famosísimo de «La chiquita piconera»; y, para «lavarle la honra» cuando él estaba ya tan malito que pintaba en la cama, según me contó ella misma, la retrató de monja en el lienzo inacabado «La monjita», tan diferente a todo lo que había pintado hasta entonces, tan distinta a todas esas mujeres sensuales.

-Porque «la reina de las mujeres» cargó con el estigma de ser su amante, casi una mesalina.

-Así fue. Y cuando acusaba al artista de haberse portado mal con ella, no te dejaba asentir: lo defendía a capa y espada. Yo la conocí el último año de su vida. Corría 2003 y ella estaba en el convento residencia de Palma del Río. Entonces ya le daba igual un escándalo que un homenaje y era más sincera en ese dolor que la acompañó hasta la tumba.

-«Con los ojos de misterio y el alma llena de pena».

-Dos misterios, sobre todo: un matrimonio fracasado con un hombre del que se negaba a decir el nombre, y por eso no lo vamos a decir nosotras, y ese gran romance con Romero de Torres.

-Con ella el cordobés rubrica su testamento pictórico: «Hacer una obra que llevara algo de eternidad».

-Su primer cuadro de gran impacto social fue «Vividoras del amor» (1906), y representa a un grupo de prostitutas alrededor de un brasero picón. El último, «La chiquita piconera», es una síntesis donde María Teresa es la única modelo, el centro.

-Aquel primero fue rechazado por «inmoral» en la Exposición Nacional de Bellas Artes, y Valle-Inclán tuvo que salir en apoyo de su amigo.

-Y después se le negó y vetó bastante tiempo.

-Su vida fue de copla.

-Hablamos de un gran mujeriego, apuesto señorito andaluz en pleno apogeo, con su capa, su sombrero...

-Ella también fue diana de las coplas: «Lo camelaba con alma y vía, hechizá por la magia de su paleta».

-Esa la escribió, para Teresa Nicolás, Miguel Castejón, que tenía un bar que hoy conservan sus herederos en la plaza del Potro, tras una noche de confidencias entre amigos con Romero de Torres. No imaginaba el daño que le haría ni tampoco que la copla sería cantada hasta por Estrellita Castro.

-La primera vez que pintó a «la del clavel español» la modelo tenía siete años.

-María Teresa nace en Buenos Aires de padres emigrantes, y cuando regresan a España por la Primera Guerra Mundial, conocen en el trasatlántico «Reina Victoria» que va hasta Cádiz a Romero de Torres, que ya era un pintor con nombre. María Teresa era una niña graciosa, tan inquieta que su madre la llama «India Brava», como luego haría él. Esa inquetud infantil, que tanto le costaba dominar en las sesiones interminables de modelo en las que se llegaba a dormir, se transformaría con los años en ganas de saber.

-¿La hizo su amante siendo una niña?

-Cuando comienza esa pasión ella tiene 14 años, pero es que en esa época las niñas se casaban a esa edad.

-«La del bordado mantón» pintada en «La Fuensanta» acabó estampada en los billetes de 100 pesetas.

-Pero murió sin un duro. Ella me decía con dolor que de haber sido en estos tiempos habría ocupado portadas, cobrado exclusivas... Imagen de los billetes marrones de 100 pesetas (retirados en 1979), del anís «La cordobesa» y muchas cosas más que aún hoy llevan su rostro, murió con una pequeña pensión.

-El cuadro de «La Fuensanta» es otro misterio.

-Palencia, conservador del museo, me dijo que no sabían dónde estaba. Y en la Fábrica de Moneda y Timbre, que lo compró, dicen que no lo tienen.

-Usted también ha contado la vida de la duquesa de Alba, ¿otra española llena de secretos?

-Y se los guardará para ella. Es una mujer enérgica y apasionada con todo; la he visto bailar y es impresionante. Pero a diferencia de «La chiquita piconera» siempre intenta ver el lado bueno de las cosas, no enfurecerse por lo nimio. María Teresa también vivió mucho, pero debió de ser por una salud de hierro, que de haber sido por el ánimo...

Al rescate de los sabios

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